MENSAJE DEL PRIMER MINISTRO DEL LÍBANO, DR. FOUAD SINIORA AL PUEBLO LIBANES
16 DE AGOSTO DE 2006

 

Frente a la agresión han demostrado grandeza.

Vuestra entereza ha sido un modelo de heroísmo.

Vuestros mártires,  un modelo de sacrificio.

Vuestra resistencia, un modelo de coraje y valentía.

Se mantuvieron unidos ante los actos criminales de Israel.  Han logrado pasar esta prueba, gracias a vuestra solidaridad.

Por todo ello, no es tiempo de disenso, ni de discriminación, ni de ajustes de cuentas, más bien, es tiempo de unión en beneficio de la patria y de consolidación del Estado.

Es el momento de enaltecerse para hacer grandes elecciones, pues de esto depende una vida libre y digna.

Gracias a vuestra firmeza frente al enemigo y a vuestra capacidad para enfrentar la guerra, han demostrado que Israel no es una fuerza imbatible ni posee una armada invencible. Israel fracasó en su intención de erradicarlos de vuestra tierra, la que han defendido hasta la muerte. El retorno precipitado de los desplazados no es más que un testimonio de su tenacidad y su arraigo a esta tierra generosa.

Esta voluntad es de todos los libaneses, de ella deben sentirse orgullosos.

Es el camino a la soberanía, a la libertad, para ser un pueblo unido en un Estado independiente.

Por una parte me siento orgulloso por lo que se ha alcanzado en el campo de batalla y en los foros diplomáticos. Así también, siento orgullo de la solidaridad del pueblo libanés. Pero por otra parte, siento la angustia de un país devastado, destruido a lo largo y a lo ancho, por la maquinaria bélica israelí, que ha generado muertes y desplazados y ha demolido el país, haciéndolo retroceder a décadas atrás.

Sin embargo, estoy seguro de que nuestra determinación a resurgir y a reconstruir el país, estará a la altura de nuestro nivel de resistencia. Estoy seguro de que conocemos bien lo que requiere la seguridad y la estabilidad del Líbano, la protección de su pueblo, y el derecho y el deber del Estado a extender su plena autoridad sobre todo el territorio. Estoy seguro de que saben muy bien que, ser indulgentes en el ejercicio de este derecho, expone a nuestro país, nuevamente, a correr el riesgo de volver a ser un campo de batalla de conflictos regionales e internacionales.

Todo esto, siempre estuvo presente en nuestra conciencia, a lo largo de nuestro seguimiento de los hechos que sucedían en los campos de batalla y durante las difíciles negociaciones que manteníamos, en defensa del Líbano y en repudio a la excesiva agresión israelí sobre el territorio libanés y sobre su pueblo.

El consenso nacional nos ha fortalecido y hemos mantenido nuestra firme posición sobre los fundamentos nacionales.  No hemos ahorrado ningún esfuerzo para convencer a la comunidad internacional, del verdadero valor que tienen estos fundamentos, como tales.  Es cierto que la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no responde a todo lo que hemos apelado.  Sin embargo, se ha tratado nuestra causa y nuestra legítima preocupación, con mucha seriedad;  así también, la Resolución ha ratificado el retiro israelí y el compromiso internacional, en cuanto a la soberanía del Líbano y al respeto por su decisión nacional. Hemos librado una dura batalla diplomática, convencidos de nuestros derechos y nuestro consenso. Hemos logrado modificaciones esenciales sobre el texto original propuesto, al principio, por el Consejo de Seguridad.

Si bien, algunos puntos del texto de la Resolución han tenido objeciones justificables, la Resolución ha sido un éxito, como resultado del esfuerzo político y diplomático del Líbano, contrariamente a lo que muchos preveían e Israel aspiraba.

Deseo referirme ahora a algo muy importante, nuestra perseverancia sobre el tema de la liberación de las granjas de Chebaa.  Esta perseverancia ha sido el punto substancial en nuestra amplia acción internacional, política y diplomática, a lo largo de todo el año anterior.  Hemos tomado dos caminos con respecto a la liberación de las granjas de Chebaa:

-          Procurar la demarcación y delimitación, en acuerdo directo con nuestro país hermano Siria.

-          Recurrir a la comunidad internacional, teniendo en cuenta que el problema actual es la ocupación israelí, y que ésto prevalece sobre las diferencias entre Siria y el Líbano.

Es notable cómo el gran esfuerzo realizado por el Líbano, ha influido en la última Resolución, que considera muy seriamente los siete puntos expresados por el gobierno, especialmente con respecto al retiro israelí de las granjas de Chebaa, y su control temporal por las Naciones Unidas.  En la Resolución se apela al Secretario General para que trate este tema con carácter de urgente y que presente propuestas concretas al Consejo de Seguridad. De tal manera, esta Resolución ha puesto sobre la mesa de discusión, el tema de las granjas de Chebaa, después de haberse considerado ya cumplida la Resolución 425, hecho sin precedentes en la historia de las Naciones Unidas.

Todo nos incita a continuar y a duplicar nuestros esfuerzos políticos y diplomáticos con la comunidad internacional, e intentar alcanzar, con Siria, la liberación de esta amada región de nuestro territorio.  Por tal motivo, reitero mi invitación a nuestro país hermano, a aprobar la demarcación de la frontera y la entrega de los mapas pertinentes, a las Naciones Unidas, mientras nosotros continuamos tratando este tema con el Secretario General de las Naciones Unidas.

En lo que concierne a los prisioneros libaneses, y a pesar de los vicios que este tema tiene en la Resolución 1701, redoblaremos el trabajo para liberarlos, para que retornen de inmediato a sus hogares y se encuentren con sus familiares.

Oh!  Libaneses,

Nuestra solidaridad frente a la agresión israelí, nos empuja a aferrarnos más a nuestra unión, a nuestra independencia y a un estado libre que ampara y no amenaza, que reúne y no divide. Este Estado no ha podido consolidar su autoridad debido a la ocupación israelí y a la tutela de los años 90 hasta el 2005, año del martirio del Primer Ministro Hariri y de la salida de las tropas sirias. Los libaneses han pagado un precio muy caro para lograr la unidad del país, porque debían preservarse de la inclemencia del enemigo y de la “carga” del amigo. Pagaron muy caro con su sangre, su seguridad y su libertad, y no abandonaron esta unidad, la unidad del pueblo y del Estado, a pesar de todos los obstáculos.

El Estado sólido y democrático, el Estado de la libre decisión y de la total soberanía, el Estado de los libaneses, con igualdad de derechos y deberes, constituye la victoria más grande que podemos alcanzar.  Esto requiere aunar esfuerzos y utilizar todas las facultades para consolidar un Estado fuerte, protector de todos los libaneses y garante de sus derechos, sin discriminación. Es un Estado cuyo proyecto no se puede implementar sino a través de ustedes, ciudadanos, firmes luchadores, comprometidos con su patria. Es un Estado que no admite substituto, que no tiene paralelo. Pues todos sabemos de la magnitud de los daños que afectaron al país, como consecuencia de lo que significa la existencia de políticas sectoriales, a expensas del proyecto nacional unificador.

No se puede lograr el acuerdo y la unión nacional, salvo bajo el respaldo del Estado único, libre, independiente, dueño de una decisión única y de una autoridad sin dualidad.  Así, ningún poder, interno o externo, podría conducir a los ciudadanos y a la patria, adonde él quiera, y considerar a quienes no lo hicieran, como discordantes y cuestionables, en su lealtad nacional y árabe.

Nosotros los libaneses, queremos un Estado y un ejército fuerte e instituciones democráticas sólidas, y no aceptamos involucrarnos en líneas y proyectos regionales o internacionales.  Hemos asumido, desde el principio, las causas árabes, encabezadas por la causa palestina, hemos trabajado por la solidaridad de los árabes y hemos pagado, por todo esto, muy caro.  Lo hicimos desinteresadamente y sin vacilaciones, porque nos sentimos identificados en este rol de pertenencia. No aceptamos que la resistencia de los libaneses y su sacrificio se transforme, como algunos esperaban, en un motivo de extorsión, o en un intento de quebranto de la unidad de los libaneses, o en un motivo para dar fin a la democracia, ésto a través de sermones que nuestro valeroso pueblo no necesita, y amenazas que todo libanés digno y libre rechaza.

Nuestro deber es preservar al Líbano patria, al Líbano Estado, al Líbano convivencia. Tenemos nuestras Instituciones Constitucionales, a través de las cuales  seguiremos trabajando, bajo la luz de los valores del estado civil y democrático. Vamos a aplicar todas las exigencias del Pacto Nacional de Taef y a aferrarnos a los siete puntos que ha adoptado, por unanimidad, el Consejo de Ministros. Vamos a respetar la Resolución 1701, según la cual desplegaremos el ejército en el sur, reforzado por las fuerzas internacionales.

Hoy enviamos el ejército de la ”patria a la patria”, para nuestras familias en el sur, las que se quedaron y las que retornan, a fin de protegerlas y defender sus territorios, preservar sus casas, sus trabajos y sus fuentes de vida. Así también, para resguardar su libertad, velar por su seguridad y aplicar las leyes vigentes.

La misión del ejército libanés en el sur es defender los derechos de los ciudadanos y el derecho y el deber del Estado, de extender su soberanía sobre todo el territorio nacional, de modo que sea un techo protector y un regazo. Pues así, no habrá ningún rincón del territorio libanés fuera del alcance del ejército y de su control. Tampoco habrá cuarteles militares, más que los del propio ejército, ni otras armas que no sean las suyas. Esto significa, que no debe haber armas fuera de la autoridad del Estado Libanés.

El ejército libanés, el ejército de todo el Líbano y de todos los libaneses llega a ustedes. Reúnanse alrededor de él. Estén con él, como él lo está de ustedes y para ustedes.

Oh Libaneses!

El Estado se hará responsable de socorrer y de reconstruir, con la ayuda de los hermanos árabes y nuestros numerosos amigos en el mundo, con total transparencia, sin discriminación ni parcialidad.  Pues, el Estado pertenece a todo el pueblo y su deber es defender los derechos de todos sus ciudadanos.  Adoptaremos planes y métodos de trabajo, que tomen en consideración nuestra necesidad de actuar rápidamente y que garanticen la mayor eficacia.

Debemos enfocar un trabajo urgente y serio, para reanimar a la patria,  recuperar la situación económica, salir de la recesión, incentivar el crecimiento y encontrar oportunidades de trabajo para los jóvenes. Todo ello, se podrá concretar sólo a través de la estabilidad política, que devolverá a los libaneses la confianza en el futuro y que alentará a los hermanos y amigos del Líbano a regresar, a ayudarlo e invertir en él. Nos comprometemos a redoblar nuestros esfuerzos y a trabajar en conjunto, el Estado, el pueblo, las sociedades civiles y los sectores privados.

Todos los libaneses se han puesto firmes frente a la agresión, en primer plano nuestros hermanos del sur, de la región de Baalbeck, del sur de Beirut y de otras regiones del Líbano.  El Estado tiene deberes hacia estos libaneses, deberes inalienables y no negociables. Esta gente ha sido el brazo protector y triunfante del Estado.  Por lo tanto, el Estado debe hacer todo lo posible para que estos libaneses permanezcan con el Estado, que éste se gane la confianza de ellos, y que tome en cuenta sus derechos y sus intereses.  El Estado es el Estado de nuestra familia del sur y de toda la región en catástrofe, un Estado de derecho y de responsabilidad, un Estado de trabajo y de amparo, de defensa y de compromiso.

Por eso, en un breve plazo, el gobierno va a poner en marcha, planes de reconstrucción, va a diseñar programas y políticas económicas necesarias y ponerlas en práctica, con mucha transparencia, practicidad y rapidez.  Esto se hará con la colaboración de expertos locales e internacionales, y con la coordinación de instituciones expertas en reconstrucción, en economía y finanzas, tanto árabes como internacionales. Queremos insistir en la gravedad de la situación y responder a las expectativas y esperanzas de los libaneses.

El sur del Líbano está en nosotros, en nuestro espíritu y en nuestro corazón.  Hoy, este sur está omnipresente en el sentir de todos los amantes del Líbano y de quienes deseen preservar el modelo libanés.  Los nombres de los pueblos y de las ciudades del Líbano han vuelto a formar parte de la memoria de los jóvenes árabes, como consecuencia de la tenacidad y de la resistencia del pueblo libanés.

Delante de nosotros hay grandes responsabilidades que debemos asumir. Si no las asumimos, perderemos la libertad que hemos logrado con la sangre de nuestros mártires y la firmeza y la unión de nuestro pueblo, y con el esfuerzo de los hacedores de la libertad.

Estamos frente a desafíos cruciales, desafíos que tienen que ver con el significado del Líbano, con su existencia, su pertenencia, su porvenir y también con la naturaleza de su régimen político. Este amado, generoso y digno país ha pasado semanas muy duras y difíciles.  Debemos confrontarnos con nosotros mismos, con nuestra conciencia, con nuestros valores y con nuestras responsabilidades.  Estamos frente a un trabajo enorme: la consolidación del Estado y del ejército, el refuerzo de la democracia, de la autocrítica y de la alta performance. Este es el camino correcto, para establecer un Estado libre y fuerte, y extender su autoridad sobre todo el territorio, a través de sus legítimas fuerzas armadas. Es decir, limitar el armamento exclusivamente en manos del Estado, tal como acordaron los libaneses en el Pacto Nacional de Taef, y han vuelto a ratificar en los siete puntos que ha adoptado el gobierno libanés, por unanimidad. No actúo desde la lógica de un determinado sector, o de una confesión religiosa o de un partido político,  sino como Primer Ministro del Líbano y desde el lugar que sólo el Estado ocupa, sin exclusivismo, sin cesión ni concesión.

Oh Libaneses!

Estamos frente al desafío de preservar el Estado para preservar la Patria, de preservar la unicidad de las decisiones para preservar el régimen político, civil y democrático. Todo libanés tiene derecho a que su vida, sus  posesiones, su dignidad y su libertad, sean protegidas. Esto no es posible sino a través de un Estado constitucional, un régimen democrático, una armada nacional, y un Estado que no se compensa con políticas sectoriales.

Respondámonos a nosotros mismos, a nuestros intereses, a nuestras pertenencias, para ser un Estado libre e independiente. Sostengamos a este Estado para preservar nuestra valiosa patria. Estemos todos con la patria, para la permanencia del Líbano y el Líbano permanecerá y resurgirá. Su futuro amanecerá desde el sur, el sur del Líbano, gracias a la voluntad y a la determinación de todos los libaneses y de todo el Líbano.

¡Vivan los libaneses!

¡Viva el Líbano!

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