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MENSAJE DEL SR. PRIMER MINISTRO DEL LÍBANO, FOUAD SINIORA, EN LA CUMBRE DE ROMA PARA TRATAR LA SITUACIÓN EN MEDIO ORIENTE, MIÉRCOLES 26 DE JULIO DE 2006. |
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Quisiera expresar mis profundas condolencias al Sr. Secretario General de las Naciones Unidas, D. Kofi Anan y a todos los países a los que pertenecen los observadores de UNIFIL que fueron abatidos ayer por el fuego israelí en el Sur del Líbano. Quisiera agradecer a mi amigo, el Primer Ministro Romano Prodi, y al gobierno italiano por ofrecer la sede para esta importante y oportuna reunión en Roma hoy. Poco sabíamos cuando nos encontramos aquí por última vez, hacia fines de junio, que lo haríamos nuevamente tan pronto y en tan duras circunstancias. Hace apenas diez meses, en nuestra reunión de grupo en Nueva York, hablamos de las medidas de reforma económica e institucional para ayudar a la economía libanesa a alcanzar su potencial de crecimiento, promocionar el desarrollo social y económico sustentable, y reforzar los empleos productivos. Hablamos entonces de una visión macroeconómica total para revitalizar la economía y resolver el tema de la deuda externa. Afirmábamos que el apoyo de la comunidad internacional era fundamental para el renacimiento de nuestro país, y que el apoyo continuo de Uds. era absolutamente crucial para la experiencia democrática del Líbano, a fin de lograr éxito en nuestra parte del mundo. Asimismo, advertíamos sobre las terribles consecuencias para todos nosotros si fracasábamos. Hablábamos de desafíos y de oportunidades… Y hace sólo tres meses, hablé ante el Consejo de Seguridad en Nueva York, mencionando los pasos históricos ya tomados hacia un Líbano con autonomía, estable, democrático y próspero. Afirmé que la prioridad nacional era la liberación de las Granjas de Shebaa, todavía ocupadas, el retorno de los detenidos libaneses en las cárceles israelíes, y la necesidad de poner fin a la larga historia de incursiones y violaciones del territorio libanés por parte de Israel. También ratifiqué la obligación natural del Estado de ser el único encargado de la seguridad de todos sus ciudadanos y residentes, y de su derecho exclusivo de portar armas y ejercer su total autoridad en todo el país, según el Pacto de Reconciliación Nacional de Taef de 1989. También apelé a un mayor interés por parte de la comunidad internacional, a fin de fortalecer al gobierno y permitirle avanzar rápidamente en el programa de reforma económica, social y política, para aliviar los sentimientos de desesperanza, desdicha y sentido de humillación predominante en la región. Asimismo, hice hincapié en la necesidad de una cooperación seria, todavía una alta prioridad, para lograr una paz justa y duradera entre Israel, los Palestinos y el Mundo Árabe, como lo expresara la iniciativa de paz en el Encuentro Cumbre Árabe de Beirut en 2002, lo cual contribuiría a la causa de la democracia en el Mundo Árabe y el Mundo Musulmán. Cuán lejano parece todo esto ahora… Ahora sólo hablamos de muerte y de guerra, destrucción y pérdidas, vidas humanas y sufrimiento, desplazamiento y desolación. Todos Uds. son conscientes de que dos semanas de escalada continua del ataque israelí en el Líbano han devastado totalmente a nuestro país: la cifra en vidas humanas ha alcanzado proporciones trágicas, y sigue aumentando:
En pocas palabras, señoras y señores, ésta es la historia de un país despedazado por la destrucción, el desplazamiento, el despojo, la desesperanza y la muerte. Es la historia de un sufrimiento humano insensato. Mientras hablo, el trauma, la desesperación, el dolor y las masacres y genocidios diarios continúan. Más mutilados, más viudas, más niños huérfanos, más gente indefensa que muere. Antes de abordar el helicóptero en la sitiada y seriamente bombardeada ciudad de Beirut, visité uno de los hospitales colmados de civiles heridos, y escuché los gritos de dolor, los miedos y la incertidumbre. No necesito decirles cuán conmovedora fue la experiencia, pero tomé fuerzas del espíritu de resistencia de mi pueblo para llegar ante Uds., decidido a luchar para terminar con su agonía. Excelencias, señoras y señores, ningún gobierno puede sobrevivir sobre las ruinas de una nación. ¿Cuánto tiempo llevará curar las cicatrices humanas, psicológicas y económicas, y a qué costo? ¿Cuánto tiempo y a qué costo se podrán reconstruir rutas, puentes, viviendas? ¿Cuánto tiempo antes de que olvidemos a quienes perecieron bajo las bombas israelíes? ¿Qué futuro, aparte del que aportan el miedo, la frustración, la ruina económica y el fanatismo, puede emerger de los escombros? ¿Es el valor de la vida humana menor en el Líbano que el de los ciudadanos de cualquier otra parte? ¿Somos hijos de un Dios menor? ¿Es una lágrima israelí más valiosa que una gota de sangre libanesa? ¿Puede la comunidad internacional seguir indiferente mientras Israel nos inflinge tan perversa retribución? ¿Seguirán siendo víctimas de esta guerra bárbara y absurda los civiles inocentes, iglesias, mezquitas, orfanatos, provisiones de ayuda humanitaria de la Cruz Roja Internacional, la gente que busca refugio o huye de sus casas y aldeas ? ¿Es esto lo que se llama legítima defensa propia? ¿Es éste el precio que pagamos por aspirar a construir nuestras instituciones democráticas? ¿Es éste el mensaje de apoyo al país de la diversidad, de la libertad y de la tolerancia? Jan Egeland, Subsecretario de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios y Coordinador de Socorros de Emergencia, después de visitar la zona afectada en los suburbios de Beirut, ha llamado el bombardeo indiscriminado una violación del derecho humanitario, que es claro sobre la obligación suprema de proteger civiles durante las hostilidades. Esta obligación se incluye también en el Tratado de Roma que creó el Tribunal Penal Internacional, lo cual refuerza el hecho de que, según el derecho internacional, esto constituye crímenes de guerra. Sí, el bombardeo indiscriminado de ciudades constituye un ataque directo previsible e inaceptable contra los civiles. De igual modo, el bombardeo de sitios de supuesta importancia militar, tienen como consecuencia inevitable la matanza de civiles inocentes, lo cual, según el derecho internacional, es injustificable y criminal. Israel no puede seguir menospreciando indefinidamente el derecho internacional. Debe hacérsele pagar. Comenzaremos procedimientos legales y no ahorraremos recursos para hacer que Israel compense al pueblo libanés por la bárbara destrucción que ha inflingido y continúa inflingiendo sobre nosotros. Pero, ¿cómo poner un valor a la vida humana? ¿Qué valor hay que adjudicar a los miembros mutilados de un cuerpo humano? Mientras mi pedido de un inmediato cese del fuego por razones humanitarias fue ignorado, he declarado al Líbano como país en estado de catástrofe, con necesidad urgente de asistencia humanitaria. Mi Gobierno, que no tenía conocimiento previo de que Hezbollah hubiera cruzado la línea azul y capturado dos soldados israelíes, y no lo aprueba, condena en los términos más enérgicos esta violenta respuesta israelí y su agresión, en contravención de las leyes, convenciones y normas internacionales. También rechaza el Gobierno libanés la afirmación de que esta agresión está dentro del contexto del derecho legítimo de autodefensa. Asimismo, ha reafirmado también el compromiso del Líbano de cumplir con las resoluciones internacionales y su determinación de preservar su independencia, soberanía e integridad territorial. También se compromete a respetar fielmente la Línea Azul. Al mismo tiempo, el Gobierno libanés advirtió la semana pasada que la continuación de la destrucción y las matanzas perpetradas por Israel sólo agravará el problema y pondrá en peligro la paz y la seguridad internacionales, especialmente en el Medio Oriente. También reafirmó su responsabilidad para salvaguardar al país y a sus ciudadanos, y su derecho y deber de extender su autoridad sobre todo el territorio libanés. En nombre del valiente pueblo del Líbano, desde Beirut, Baalbeck y Biblos, hasta Tiro, Sidón, Qana, Trípoli, Zahle, Jamhour y Becharre, y hasta las 21 aldeas de la frontera sur, declarada zona de acceso prohibido por parte de Israel, apelo a todos Uds. para responder de inmediato, sin reservas ni dudas, a mi llamado a un cese del fuego inmediato, y a brindar urgente asistencia humanitaria a nuestro país devastado por la guerra. Debe ponerse en marcha un nuevo Plan Marshall, a fin de ayudar a que el Líbano se recupere lo antes posible de los efectos devastadores de este ataque injustificado, valuado en miles de millones de dólares, que, por séptima vez, en forma deliberada, toma como objetivo y desmantela nuestra economía y nuestra infraestructura civil. ¡La matanza debe cesar! ¡Ahora! Debemos trabajar juntos por la paz. Hemos visto agresiones previas israelíes al Líbano, en 1969, 1978, 1982, 1993, 1996 y 1999. No lograron ninguno de sus objetivos declarados. Éste debe ser el fin. Volver al status quo anterior sería inútil. En nombre del pueblo del Líbano, los convoco a que ayuden a poner fin a esta tragedia humana. Creo firmemente que ello puede lograrse de la siguiente manera: Un cese del fuego inmediato y total y una declaración de acuerdo sobre los puntos siguientes: a) Liberación de prisioneros y detenidos libaneses e israelíes a través del Comité Internacional de la Cruz Roja. b) Retiro del ejército israelí hasta detrás de la Línea Azul, y el retorno de las personas desplazadas a sus aldeas. c) Compromiso del Consejo de Seguridad para colocar la zona de las Granjas de Shebaa y las Colinas de Kfarshoube bajo la jurisdicción de las Naciones Unidas, hasta establecer totalmente la delineación de la frontera y la soberanía libanesa sobre dichas zonas. Mientras esté bajo custodia de las UN, el área deberá ser accesible para los propietarios libaneses. Más aún, Israel deberá entregar a dicho organismo todos los mapas de las minas terrestres restantes. d) Extensión de la autoridad del Gobierno libanés sobre su territorio a través de sus propias y legítimas fuerzas armadas, de modo que no haya armas ni autoridad fuera de las del Estado libanés, tal como lo estipula el documento de Reconciliación Nacional de Taef. e) La Fuerza Internacional de las NU, que opera en el Sur del Líbano, debe aumentarse y reforzarse en cantidad, equipamiento, mandato y campo de operaciones, según las necesidades, con el fin de encarar el urgente trabajo humanitario y de socorro, y garantizar la estabilidad y seguridad en el Sur, de modo que quienes huyeron de sus hogares, puedan retornar a ellos. f) Las Naciones Unidas, en cooperación con las partes involucradas, deberán encarar las medidas necesarias para poner una vez más en vigencia el Acuerdo de Armisticio firmado por el Líbano e Israel en 1949, y asegurar el cumplimiento de sus cláusulas, así como estudiar posibles enmiendas o ampliaciones de dichas cláusulas, de ser necesario. g) La comunidad internacional deberá comprometerse a apoyar al Líbano a todo nivel, y a asistirlo para hacer frente a la tremenda carga resultante de la tragedia humana social y económica que sufre el país, especialmente en las áreas de ayuda humanitaria y reconstrucción de la economía nacional. Con la buena voluntad y la determinación de todas las partes, los puntos indicados nos pueden aportar los elementos necesarios para reconstruir nuestra fracturada economía, y permitirnos resurgir como un país árabe unificado y democrático, un bastión de libertad, diversidad y tolerancia en la región. También puede ser la piedra fundamental para lograr una paz justa y total entre los pueblos de Medio Oriente. El significado del Líbano como modelo no puede preservarse y apuntalarse si se convierte en un campo de batalla para las guerras de los otros. Excelencias, señoras y señores: Le debemos a nuestro pueblo una salida honorable de esta guerra. Le debemos a nuestro pueblo, con el apoyo de Uds., una solución que impida más destrucción y que nos ayude a reconstruir nuestra nación y fortalecer su democracia. Para terminar, permítanme recordarles lo que el historiador romano Tácito dijo en esta gran ciudad hace dos mil años, y que describe adecuadamente lo que Israel está haciendo hoy al Líbano y a la región. Cito sus palabras: “Crean una desolación y lo llaman paz”. Nuestra elección es clara. Hemos elegido la vida. No vinimos a Roma sólo a pedir ayuda y apoyo. Vinimos a ser escuchados y a proclamar en voz muy fuerte el derecho a la vida de nuestra nación. No cederemos en nuestra causa justa ni en nuestros derechos nacionales. Estamos aquí para dar testimonio de nuestra unidad como pueblo. Hemos sobrevivido a guerras y destrucción a lo largo de los siglos. Nos levantaremos otra vez. Que sea ésta la elección de Uds. también. No permitan que prevalezca la desolación. |
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