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Mohammad Saleh está
convencido: si la construye, los libaneses que viven en el
exterior volverán.
El constructor radicado en Beirut piensa construir una isla
artificial de 3,3 km2 en forma de cedro, como una gran
atracción frente a la costa libanesa.. La enorme masa de
lecho marino dragado o de tierra transportada – convertida
en un paraíso por valor de US$ 8 mil millones, con
residencias y departamentos, tiendas y restaurantes de lujo,
playas de arena blanca, parques, escuelas y hospitales –
debe alimentar el orgullo nacional, afirma Saleh, presidente
de Noor International Holding.
Es la clase de megaproyecto lujoso que le dio a Dubai su
alto perfil pero lo dejó sumergido en deudas. Y en el
Líbano, un país pequeño conocido más por la guerra que por
el turismo, los críticos creen que el proyecto es
descabellado.
Pero Saleh sostiene que Cedar Island (Isla del Cedro) es la
clase de apuesta autofinanciada que necesita el país para
atraer de regreso a los libaneses acaudalados que emigraron,
cansados de los conflictos. "No me preocupa la crisis
global, porque mi objetivo principal son los emigrantes
libaneses, que sienten nostalgia por su país y quisieran
invertir en él”, dice.
"A diferencia de los inversores extranjeros, esta gente está
acostumbrada al sistema libanés, a sus vaivenes”. Saleh –
muchos de cuyos proyectos son gigantescos, como la Torre
Rosada en Dubai, considerada el hotel más alto del mundo –
señala en especial un memorando de entendimiento de US$ 2
mil millones que firmó por Cedar Island con el holding
empresario Ihlas, de Turquía. El resto del dinero provendrá
de otros constructores e inversores, según aclaró.
También destaca el empresario la enorme cantidad de
correspondencia recibida de libaneses del exterior que están
interesados en participar en el emprendimiento. “No esperaba
tal desborde de interés”, dice.
Dubai ostenta varias islas artificiales, de modo que el
proyecto, que está todavía lejos de contar con la aprobación
del gobierno libanés, no es exclusivo del Líbano. Sin
embargo, ya está despertando fuertes críticas.
Los escépticos van desde una coalición de 25 grupos
preocupados por el impacto ambiental de dragar tanta
cantidad de lecho marino o de trasladar tanta cantidad de
tierra para construir una isla, hasta destacados economistas
como Louis Hobeika, quien duda que los fondos sean estables.
"No veo quién lo va a hacer y cómo se garantizará la
inversión, especialmente cuando países como Arabia Saudita y
Qatar, con miles de millones en reservas, frenan proyectos
similares”, afirma Hobeika.
A otros les preocupa que Cedar Island ponga en riesgo la
tradición del país en inversiones seguras, tradición a la
cual muchos economistas y funcionarios atribuyen la
capacidad del país para hacer frente hasta ahora a la crisis
económica global.
Un grupo de profesores de la Universidad Americana de Beirut
se reunió para protestar contra Cedar Island, a la cual
describen como “un desastre urbano, económico y ambiental”.
Jad Chaaban, profesor de economía, dijo que no traería al
Líbano ninguna ganancia pública ni beneficio permanente.
"La isla artificial generaría en su mayor parte trabajos de
mano de obra no calificada, que son los que generalmente
toman los residentes extranjeros”, afirmó.
Hala Ashour, miembro fundador de de Línea Verde, una
organización ambiental independiente, duda de cada aspecto
del proyecto.
Como la Isla del Cedro comprometería propiedades públicas en
la costa, la ley libanesa exige que el gobierno tenga un
mínimo del 20 % de participación, que el Gabinete apruebe el
proyecto y que el Presidente lo ratifique. El proceso de
buscar estas autorizaciones ha comenzado, y Salah se está
reuniendo con funcionarios, tratando de captar su visto
bueno.
El Ministro de Turismo Elie Marouny afirmó que los
funcionarios están estudiando el tema, pero no le preocupa
si el Líbano sigue los pasos de Dubai.
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