|
Traducción de un artículo del periodista Aabd Aallah Dubian publicado por el diario libanés Al Hayat
Cerca de la fortaleza terrestre de Saida (Sidon), en la parte antigua de la ciudad, calle “Al Makaber”, hay una vieja casa de ladrillo, del siglo XVII, que atrae la atención del visitante. Hace 8 años que esta casa es un museo, único en su tipo, que reúne todo lo relacionado con la antigua industria del jabón, por la cual fue famosa la ciudad libanesa costera de Saida, desde muchos siglos atrás.
A fines del siglo XIX, y luego de demoler paredes del período medieval, la familia Audi construyó una casa encima de una antigua fábrica artesanal de jabones. El Sr. Reymond Audi quiso enaltecer el pasado glorioso de esta antigua industria y consiguió, luego de muchos años de perseverancia y esfuerzo en los trabajos de excavación y restauración, abrir un “museo del jabón” que cuenta la historia de la industria del jabón en la región comprendida entre Halab en Siria, hasta Nables, en la ocupada Palestina, y muestra los rituales del “baño árabe oriental” y sus pasos.
Elegancia y patrimonio
Debajo de la casa de ladrillo revestida con lindas piedras, se encuentra el museo, al cual se accede a través de una puerta electrónica que conduce a un puente de madera desde donde se tiene un rápido panorama de su interior. Todo está organizado con buen gusto y elegancia, la buena iluminación y las paredes antiguas resaltan los elementos de belleza de este museo especial.
Entrando, a la derecha, se encuentran las “jaboneras”, que son fuentes cuadradas de piedra. Lo primero que llama nuestra atención son unos envases de vidrio colgados en la pared que contienen los materiales esenciales para la fabricación del jabón: aceite, sosa natural, fragancia y soda cáustica.
La quietud reina en los pasillos del museo, una escalera de madera nos conduce al piso inferior donde se encuentran las fuentes de piedra para colocar la “preparación” que luego se cocinará en horno de piedra con fuego de leña. En las paredes hay escritos sobre el descubrimiento del jabón: cuentan que una mujer lavaba sus ollas con grasa y cenizas, formándose algo parecido al jabón de hoy. También existía el jabón en la época de los sumerios, según consta en sus textos a partir del año 3.000 a.c.; asimismo aparecen jabones en las pinturas de la Mesopotamia -desde 2.000 a.c.- lugar donde floreció esta industria debido a la gran cantidad de olivos y, sobre todo, porque la planta de “sosa”, de la cual se extrae la ceniza para elaborar el jabón, se encontraba en abundancia en las ciudades de As Salt, en Jordania y Tadmor, en Siria.
En el siglo XVII, los jabones de Saida eran muy famosos y se exportaban a Europa; hay quienes opinan que el origen del famoso jabón francés de Marsella se remonta al jabón de Medio Oriente.
El fascinante proceso de fabricar jabones
Con los instrumentos tradicionales: fuentes, prensas y reglas artesanales, se fabricaban los más lujosos jabones que se distribuían en el Líbano y en otros países del mundo, jabones cuya fama llegó a Europa.
Luego de la “preparación del jabón”, o sea, la mezcla de las materias primas, la cocción, y la colocación en fuentes de piedra, se esparce la mezcla en el piso, ocupando una importante superficie, para su secado. Unos días después, con una regla, la mezcla se corta de la forma elegida -la más común es la cuadrada-, y en cada pieza se marcan, -con sellos de madera y cobre- los diseños o palabras deseados; luego se apilan como columnas, para su secado, durante semanas. La industria del jabón continuó desarrollándose, incorporando fragancias y colores. Saida es famosa por la elaboración del jabón cuadrado y Trípoli por el ovalado, que engalanan, con sus deliciosos aromas, los baños y sábanas de los novios.
Los elementos del baño árabe oriental
Reymond Audi, miembro de la asociación “El Patrimonio de Saida”, es quien realizó el proyecto del museo del jabón, con la cooperación de la Dra. Laila Badr, directora del museo de la Universidad Americana. Audi trabajó para resguardar el carácter autóctono, tanto del museo del jabón como de la casa.
Andando por el museo vemos sus vitrinas que exhiben diversos tipos de jabones del oriente árabe y antiguas máquinas, reglas y sellos, utilizados en la “preparación” del jabón; está, además, el antiguo horno y hay un jabón con forma de campana. También se exhiben piezas de alfarería, arqueológicas, ornamentales y fuentes para cocinar, encontradas durante los trabajos de excavación y restauración. Una gran pantalla muestra las etapas de la elaboración de los jabones.
El museo es visitado mensualmente por unas 4.000 a 6.000 personas, entre árabes y extranjeros, especialmente de Europa; competentes guías explican los aspectos técnicos del museo. Los responsables del proyecto dedicaron un ala del mismo para la exhibición de los elementos del “baño oriental árabe”: las fragancias, toallas, gorras, batas árabes y otras.
|