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LÍBANO: RESISTIENDO LA TENDENCIA

Un éxito económico sorprendente en medio del estancamiento político habitual.

Basado en un articulo publicado en “The Economist” el 23 de abril 2009.

Al igual que los avergonzados banqueros de todo el mundo, los directivos de la Banque du Liban, el Banco Central del Líbano, han admitido que sus primeras cifras sobre el año pasado estaban equivocadas. Pero mientras los expertos en números de otras partes se esfuerzan por recortar sus cálculos demasiado optimistas a resultados reales más lastimosos, los expertos en estadísticas de la Banque du Liban están revisando sus cuentas, que son mucho mejores de lo pensado. Según parece, en 2008 el PBI del Líbano no creció a la tasa anual de 7,5 %, sino al 9 % o más.


Sin embargo, esta cifra que contradice la tendencia mundial es modesta si se la compara con otros hitos logrados por este pequeño país sujeto a frecuentes turbulencias. El año pasado, el valor de los depósitos en los bancos comerciales libaneses creció en un 15 %, a un monto impresionante de US$ 94 mil millones, equivalente al 327% del PBI. Las exportaciones industriales se elevaron al 24 %. Los ingresos fiscales, el arribo de turistas, las ganancias bancarias y la cantidad de permisos de construcción aumentaron en un tercio o más. Un salto gigante del 46 % en flujo de capitales ayudó al Líbano a registrar un superávit record de US$ 3.500 millones en su balanza de pagos, y disparó las propias reservas de la Banque du Liban a US$ 22 mil millones, casi el doble de hace un año.


Y este despliegue ascendente no da muestras de perder ritmo. Las ventas de autos nuevos subieron un 19 %, y la cantidad de turistas que llegaron al país en los tres primeros meses del año aumentó en un 50 %, comparado con el mismo período del año pasado. Los precios de las propiedades están manteniendo las fuertes ganancias de los últimos años, y la preocupación de que la recesión global va a obligar a miles de libaneses a volver a casa, con lo cual se cortarían notablemente las remesas que apuntalan la economía, resulta infundada hasta ahora.


Todo esto parece extraño para un país con pocos recursos naturales, que en las últimas décadas ha sufrido una larga y sangrienta guerra interna, devastadores ataques israelíes, y una campaña sospechosa de asesinato y desestabilización. Considérese también la coexistencia de 17 grupos sectarios, algunos de los cuales incluyen milicias armadas, y la extrema polarización de la política libanesa en dos alianzas muy opuestas, que protagonizaron luchas sangrientas en las calles hace sólo un año, y el panorama es aún más desconcertante.


Además, todas estas facciones opositoras enfrentan elecciones nacionales dentro de un mes, y sin embargo nadie parece preocuparse demasiado.
La crisis crediticia, al estilo Beirut.

Pero estos factores explican sólo parcialmente el éxito extraordinario del Líbano. La irónica verdad es que el doble flagelo del país, su política interna y su ubicación en un vecindario desagradable y peligroso, ahora está resultando útil. Entre otras cosas, ha hecho que sus banqueros sean sumamente cautos e inventivos. Hace cuatro años, por ejemplo, el duro y visionario presidente de la Banque du Liban, Riad Salameh, prohibió todo trato con instrumentos financieros dudosos del exterior, como los relacionados con hipotecas. Y mientras los bancos, agentes inmobiliarios y proveedores de servicios prosperaban en los negocios gracias al dinero que fluía a raudales de los países ricos del Golfo, la colaboración de las distintas potencias produjo una inesperada y oportuna avalancha en la ayuda para la reconstrucción del Líbano después de la ruinosa guerra de 2006 con Israel.


Con el torbellino financiero global, el Líbano luce cada vez más atractivo como refugio financiero. La caída de los precios del petróleo ha resultado ser una bendición, porque significa una bienvenida disminución en el monto de las facturas por energía importada.


Todo este panorama relativamente color de rosa podría llevar a la complacencia. Sin embargo, este es un lujo que la mayoría de los libaneses sabe que no puede permitirse. El Líbano soporta la carga de una enorme deuda externa. Ahora ha caído, en términos relativos, al 162 % de su PBI, el triple que el promedio mundial. Llevar estos números a límites más razonables va a requerir, no sólo una actitud inventiva y prudente, sino un verdadero liderazgo, de la clase que la Banque du Liban no puede ejercer por sí sola.

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