Lo que más inquieta a los libaneses,
después de la preocupante situación política y la
explosiva situación de inseguridad, es la cuestión de la
deuda externa. Muchos proceden a hacer una abreviado
cálculo matemático y concluyen que los 42 mil millones
de dólares de la deuda significan una deuda de 10 mil
dólares para cada libanés, hombre y mujer. Y dado que el
estado es el responsable de pagar la deuda algún día, y
puesto que instituciones que miden el riesgo país y la
capacidad de saldar la deuda, este volumen de la deuda y
sus cargas, sean sus intereses o la amortización del
capital, constituyen el peso principal que impide la
acción y limita la capacidad de desarrollo e innovación.
La deuda pública en el Líbano es, sin
lugar a duda, enorme. Y los servicios de esta deuda
absorben todos o casi todos los recursos del estado de
manera que la posibilidad de disminuir dicho volumen es
casi nula. No se descarta además que la presión actual
de la deuda ha de provocar una fuerte crisis en un
futuro próximo.
Sin embargo, esta lógica que conduce a
este resultado y que está basada en datos correctos, nos
ha venido acompañando desde 1998, desde la formación del
gobierno del presidente Salim Al Hos y su programa de
introducir correcciones financieras, no se hizo realidad
por lo que todas sus características analíticas han sido
retiradas del mercado. Asimismo, los pronósticos de las
instituciones financieras internacionales, entre ellas
el Fondo Monetario Internacional, tampoco se hicieron
realidad y el Líbano continuó pagando su deuda y
financiando sus importaciones que son enormes en
comparación con su población y su volumen económico.
Las causas del fracaso o de la
postergación de esta ecuación del inevitable derrumbe
financiero se deben a varios factores de los cuales
podemos cotar los siguientes:
-
el grueso de la deuda pública, tanto en
Lira (el 48% del total) o en otras divisas (el 52% del
total), está en mano de libaneses, individuos o grupos,
que no tienen ningún interés en el derrumbe financiero
del Líbano y su moneda nacional.
-
El Líbano es el único país en el mundo en
que el 40% de su población económicamente activa, o sea
entre 22 y 64 años, trabaja fuera de su país. Esto los
permite girar a sus familiares y parientes residentes en
el Líbano sumas que superaron, según datos del banco
Central libanés, los 5.6 mil millones de dólares el año
2006. Si a esto suponemos que las transferencias
financieras alcanzaron los 400 millones de dólares
podemos concluir que el total de las transferencias al
Líbano durante el año 2006 superaron los 6 mil millones
de dólares que es una suma enorme para un país del
tamaño del Líbano.
-
Las fortunas de los libaneses, tanto de
depósitos dentro del Líbano o de propiedades dentro o
fuera del país, superan los 200 mil millones de dólares.
Por lo tanto, el peso de la deuda pública sobre la
sociedad libanesa no es desesperante, máxime si se
proceda a tomar las medidas conducentes a activar el
mercado financiero y a persuadir a los inversores de la
estabilidad del país.
Un Líbano estable, donde el inversor
local y el extranjero trabajen en igualdad de
condiciones, bajo el paraguas de la ley y la protección
del estado y sus reglamentos, puede a corto plazo
superar las cargas de la deuda pública y lograr
promisorios índices de desarrollo sustentable, tal como
sucedió en varios países cercanos y lejanos. Cabe
señalar además, que los exitosos empresarios libaneses
que trabajan en el campo de los distintos servicios, a
nivel regional y mundial en todos los continentes, están
obteniendo ingresos que superan holgadamente el ingreso
bruto libanés.
Una vez que el Líbano logre la paz
interna, que los libaneses pongan el interés del Líbano
por sobre los demás intereses, y se sancione una ley que
acompañe el desarrollo de los mercados internacionales
–esta ley existe pero duerme en los cajones del
Parlamento- podemos lograr un monumental salto en las
inversiones que elimine todos los temores acerca del
futuro de la economía, de la moneda nacional y de los
distintos escenarios de catástrofes. No debemos dejar de
señalar que las catástrofes en el Líbano son de índole
política y que a veces se presentan con disfraces
ideológicos tal como sucedió recientemente el Nahr El
Bared.
Una vez lograda la estabilidad en el
Líbano, consolidada la justicia, modernizadas las leyes
y activado el mercado, podemos invertir entre 8 y 10 mil
millones de dólares anualmente en empresas libanesas que
trabajan a nivel regional y mundial. Y a medida que los
inversores ven que la estabilidad política y la
seguridad se consoliden aumentan sus inversione4s y los
valores de sus activos. Los libaneses dirigen empresas
financieras, industriales y de servicios cuyos ingresos
alcanzan entre 30 y 40 mil millones de dólares a nivel
regional e internacional. Tienen empresas de
comunicaciones que prestan servicios a 26 millones de
personas y poseen bancos distribuidos en más de diez
países. Son dueños de empresas de informática que poseen
sucursales en las más grandes ciudades del mundo además
de Beirut. Sus actividades van desde la construcción
hasta la moda a nivel a nivel regional y en todos los
continentes. Estas capacidades pueden lograr el
resurgimiento de cualquier país y ubicarlo entre los más
exitosos. Esto es lo que los libaneses desean para su
país.
__________________________________________________________________