Por
Fray Émile Edde, Centro Católico de Información, Beirut.
Desde 1908, las iglesias del Líbano comenzaron a
conmemorar el Día de Nuestra Señora del Líbano en una
solemne ceremonia, cada primer domingo de mayo. Ese día
se erigió la estatua de la Virgen María, en un nuevo
santuario sobre las colinas de Harissa. Allí estuvo el
anterior Papa, Juan Pablo II, durante su histórica
visita al Líbano, en 1997.
Es interesante destacar las distintas etapas que
atravesó el santuario, desde la idea de su construcción
hasta el presente.
La idea de construir el santuario.
El entonces Patriarca Maronita Elías Hoyek, Patriarca de
Antioquía y de Todo Oriente, y el Delegado Apostólico en
Líbano y Siria, Arzobispo Carlos Duval, fueron los
primeros en concebir la idea de construir el santuario
de Nuestra Señora del Líbano.
El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX estableció el
dogma de la Inmaculada Concepción y lo anunció a través
de su autoridad apostólica infalible. El mundo católico
se vio conmocionado por este gran evento, que trajo
alegría y felicidad a los fieles.
En 1904, para conmemorar el cincuentenario del dogma,
el patriarca Hoyek y el Arzobispo Carlos Duval, al ver
la devoción y la fe del pueblo libanés por la Virgen,
pensaron en construir un santuario que perpetuara la
memoria de la confirmación de la Inmaculada Concepción y
resaltara el amor de los fieles locales hacia María,
transmitido a través de las generaciones.
Después de consultar con varios obispos y otros
dignatarios religiosos, los dos prelados decidieron
nombrar al monumento "Nuestra Señora del Líbano".
Esta idea maravillosa, inmortalizada por la historia,
tuvo un amplio impacto. Después de estudios y consultas
con varios ingenieros y arquitectos, eligieron la región
llamada "La Roca", en la cumbre de Harissa.
"La Roca" es una espléndida colina, que domina el
panorama de la ciudad de Jounieh, y el Mar Mediterráneo,
así como de Beirut y la montaña. Está situada en el
barrio de la Embajada del Vaticano (entonces llamada
"Legación Papal") y a corta distancia de la residencia
del Patriarca Maronita de Bkerky, una región de gran
belleza.
Los constructores eligieron esta colina como símbolo del
esplendor y santidad de la Virgen María, Nuestra Señora
del Líbano. De esta manera, se erigió un hermoso
santuario, con una estatua artística de la Inmaculada
Concepción.
El monumento fue hecho en Francia de bronce moldeado.
Mide 8,50 metros de alto, con un diámetro de 5 metros, y
pesa 10 toneladas. Es único por su belleza. La Virgen
extiende sus brazos hacia la capital, Beirut, como
diciendo: "Vengan a mí, fieles, y sean saciados con mis
bendiciones".
El pedestal es de piedra natural. Tiene una altura de 20
metros, con una plataforma inferior de 64 metros y otra
superior de 12 metros. Para llegar a los pies de la
estatua, hay que subir por una escalera circular de 103
escalones.
El pequeño santuario y el pedestal de la estatua fueron
completados a fines de 1907, por el constructor Ibrahim
Makhlouf, de Ain-El-Rihaneh, y supervisados luego por el
Presidente General de la Asociación de Misioneros
Libaneses, Padre Chekrallah Khoury, Arzobispo de Tiro.
Inauguración
Después de completar la construcción del santuario, se
fijó la inauguración para el primer domingo de mayo de
1908. En ese día histórico, llegaron delegaciones de
todo el mundo, con sus banderas e insignias. Las plazas
públicas y las regiones vecinas estuvieron colmadas de
gente.
A las 10 de la mañana, el Delegado Apostólico Frediano
Giannini comenzó la ceremonia religiosa con la bendición
del santuario y de la estatua. Luego, Su Beatitud el
Patriarca celebró la Misa Pontificia junto con varios
obispos y sacerdotes. Estaban presentes el gobernador de
Monte Líbano, el brigadier del ejército libanés y otros
altos funcionarios.
Durante la misa, Su Beatitud dio una elocuente homilía
sobre el amor de los libaneses y su destacada devoción a
la Virgen María. La celebración concluyó con una
procesión con la imagen de la Virgen en la plaza del
santuario, y Su Beatitud anunció que el aniversario de
Nuestra Señora del Líbano se celebraría todos los
primeros domingos de mayo.
Conservación y administración del Santuario
Desde la construcción del Santuario, su propiedad y
cuidado estuvieron en manos de la Iglesia Maronita y de
las del Rito Latino. Esto se estipuló en el acuerdo
formalizado en Bkerky el 18 de enero de 1907.
Se decidió confiar el servicio y la administración del
Santuario a la Asociación de Misioneros Libaneses. El
presidente general en ese tiempo, Padre Joseph Moubarak,
llevó a cabo la transmisión oficial en la Legación Papal
en 1908.
Desde que la Asociación de Misiones Libaneses se hizo
cargo de la administración del Santuario, ha llevado a
cabo diversas construcciones después de adquirir
propiedades adyacentes que lo convirtieron en un lugar
de peregrinaje nacional e internacional.
Cuando los visitantes observaron los trabajos de
renovación realizados en el Santuario y sus alrededores,
comprobaron el valor de este proyecto religioso, y lo
hicieron saber en sus elogiosos comentarios escritos en
el Registro de Visitas. Entre ellos: " Las obras de
renovación de nuestro Santuario reavivan en nuestros
corazones las emociones dignas de nuestra devoción y
restauran las virtudes de la vida cristiana en el
Líbano, oh Madre de vida y piedad".
Harissa: Santuario de Oriente.
Durante la instalación y la inauguración del Santuario
de Nuestra Señora del Líbano, nadie pensó que la pequeña
aldea de Harissa se convertiría en lugar de
peregrinación cristiana de los países de Oriente. Sin
embargo, esto no debe extrañar, dado que Cristo vino de
Belén, los milagros fluyeron de la gruta de Lourdes, y
la Reina de los Cielos se elevó sobre Harissa como los
cedros del Líbano.
En un principio, tanto el Patriarca Maronita como el
Delegado Apostólico intentaron simplemente instalar un
monumento. Sin embargo, el amor de los libaneses en
general y de los cristianos en particular convirtió a
esta Basílica en lugar de peregrinación y santuario
internacional.
Como el Santuario de la Virgen se construyó en Harissa y
su estatua se erigió en su cumbre, distintas
delegaciones comenzaron a marchar hacia la montaña
sagrada, con fieles provenientes del Líbano, Jordania,
Palestina, Egipto, Europa y América, entre otros. Venían
a unir sus voces a los ecos de las generaciones que
siempre han venerado a la Virgen.
Entre los visitantes se cuentan, no sólo autoridades
espirituales y seculares, sino gente de todos los
estratos sociales y de todo el mundo, y su número
asciende a millones.
Cada santuario del mundo tiene sus propias
características, y el de Harissa tiene un carácter
familiar. Desde su construcción, familias enteras acuden
y se postran a los pies de la Virgen, con dádivas y
oraciones En el Libro de Visitas del Santuario, se
pueden leer los testimonios más sinceros y conmovedores.
Una mirada a la estatua de la Virgen sobre esta colina
encantada inspira a poetas y artistas con el esplendor
de su representación, la sutileza de sentimientos y la
delicadeza de expresión.
En sus viajes y tours, los turistas buscan monumentos
históricos y belleza. Se quedan deslumbrados con el
templo de Baalbeck, los monumentos de Jbeil, Tiro,
Sidón y Beirut, y los cautivan los Cedros legendarios.
Sin embargo, a los pies de Nuestra Señora del Líbano en
Harissa, sienten reverencia y veneran la pureza y la
piedad.
El nombre de Nuestra Señora del Líbano ha atravesado los
países de Oriente y de Occidente. Dondequiera que vaya
un libanés, siempre mencionará al Líbano y a Nuestra
Señora, siempre buscará su presencia en su casa y en el
trabajo, en sus arribos y partidas, en su felicidad y
tristeza, en sus dificultades y prosperidad,
Uno de los eventos más importantes del Santuario fue la
celebración del jubileo por el 50º aniversario de su
construcción, en 1954, que también fue el centenario del
dogma de la Inmaculada Concepción. Durante esta
celebración, el Papa Pío XII envió al Líbano a su
representante, el Cardenal Ángelo Roncalli, quien luego
sería elegido Papa bajo el nombre de Juan XXIII.
Desde este jubileo histórico, ha habido un aumento anual
de visitantes del Santuario, especialmente en mayo, el
mes de la Virgen. Se planteó entonces el problema de la
insuficiencia de espacio para albergar a tantos
peregrinos. Los administradores recurrieron entonces a
una solución contemporánea: erigieron una carpa hecha de
plástico, madera y zinc en la plaza del Santuario,
donde se llevaban a cabo todas las ceremonias religiosas
durante el mes de la Virgen. Al mismo tiempo, pusieron
su vista en las tierras aledañas y compraron una
parcela de terreno lo suficientemente grande para
construir una Basílica que pudiera contener a miles de
personas.
La piedra fundamental de la Basílica fue instalada por
el Patriarca Paul Meouchy el 15 de agosto de 1970,
después de optar por un plano diseñado por el arquitecto
Fouad El-Khoury. Asistieron a la ceremonia el Presidente
de la República, el Primer Ministro y el Nuncio
Apostólico, así como gran número de ministros,
legisladores, figuras destacadas y público en general.
La Asociación de Misioneros Maronitas Libaneses, a cargo
de la administración del Santuario, junto con la
comisión directiva, supervisó los trabajos. ´Éstos
tuvieron lugar durante la presidencia general del Padre
Sassine Zaidan, seguida en 1971 por la de su sucesor,
Padre Joseph Endary.
La Basílica fue edificada con la participación de fieles
libaneses y de otras nacionalidades. Desde 1990,
empezaron a tener lugar grandes celebraciones. Caben en
ella unos cuatro mil fieles sentados, que pueden admirar
la estatua de la Virgen detrás de un vidrio de 20
metros, con 42 metros de alto. La altura del campanario
es de 62 metros.
El edificio se elevó en lo alto de la colina como
testimonio de la fe y la devoción y para cumplir con el
anhelo común de quienes están cerca, y de quienes están
lejos por mucho tiempo.
El Santuario de la Virgen Patrona del Líbano es una
prueba evidente de la devoción por María, que está muy
arraigada a través de la historia. Ha sido construido
cerca de la cima de la montaña como monumento religioso
nacional y perpetuo.