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Un modelo de la
interacción del emigrante con su aldea natal.
Traducción de un artículo publicado por la agencia KUNA de
Kuwait.
Sin duda lo que hace destacar al Líbano es su naturaleza que
contiene espectaculares paisajes, en los cuales se
encuentran todos los requisitos y elementos principales para
atraer una gran cantidad de turistas. Las aldeas y
localidades libanesas, poseen la fuerza de atraer, debido a
cuadros dibujados por la naturaleza, sitios arqueológicos
que se remontan a miles de años y la existencia de viviendas
sólidas autóctonas que reflejan el antiguo patrimonio
libanés con sus techos de tejas rojas.
Lo que distingue al aldeano libanés, es el haberse aferrado
a sus costumbres y tradiciones a pesar de la emigración de
una gran cantidad de ellos, hasta en los rincones más
lejanos del mundo como Australia, EE.UU. y Canadá. Allí
también se aferran a sus raíces y celebran la pertenencia a
su país.
Si uno visita el distrito del Bekaa, y se dirige al norte
hacia el campo libanés, cercano a la montaña Al Sheik que
actualmente está cubierta de deslumbrante nieve blanca,
llega a una localidad llamada Ianta, lo que significa: la
paloma blanca.
El historiador libanés, Yehia Aamar, en una entrevista para
la agencia de noticias kuwaití (KUNA), manifestó que los
sitios arqueológicos existentes en esta localidad, situada a
1.600 metros sobre el nivel del mar, señalan las
civilizaciones y siglos que pasaron en ella. Entre estos
sitios arqueológicos se encuentran los sarcófagos romanos,
que fueron descubiertos en las excavaciones.
Se señala que esos sarcófagos romanos ubicados debajo de la
tierra y en cuevas de piedras y otros sitios arqueológicos,
se remontan a más de tres mil años.
Asimismo se menciona que varias columnas arqueológicas y
viviendas antiguas que todavía están de pie, se remontan a
la era asiría. Se dice que Ianta, se destaca porque era una
estación de las caravanas de los comerciantes de Siria que
viajaban a través del valle Al Karen, en su camino hacia los
puertos libaneses especialmente hacia el puerto de Saida (Sidon).
Esto demuestra la existencia de restos de un hotel que se
llamaba Al Khan, en el cual se hospedaban los miembros de
las caravanas.
Lo que aumenta la admiración de uno hacia esta localidad, es
que allí se disfruta: por un lado los paisajes de las
montañas Barouk y Sanin ubicadas en la cordillera oeste del
Líbano y por el otro, de la montaña Al Sheik en la
cordillera este. Esto otorga la posibilidad de destacar a
esta localidad y la importancia de atraer visitantes que
practican varios tipos de deportes tales como: caminatas,
escalada de montañas rocosas y aerobike. Todos los años
nieva en la localidad y en las montañas que la rodean, hasta
que la nieve llega a veces a tres metros de altura.
Con el advenimiento de la primavera estallan las fuentes de
agua por todos lados, hasta que su sonido se escucha en
todas las direcciones, mientras se abren las flores de los
árboles de frutas como la almendra, manzana, cereza,
ciruela, pera, para anunciar el inicio de esta bella
estación.
El activista del medio ambiente, Zaki Hakim, señala que
existen otras atracciones arqueológicas en la localidad como
las antiguas fábricas de jalea de uva (Dibs), y que los
vecinos de la localidad y de las aldeas de alrededor, solían
cosechar estas frutas y llevarlas arriba de las mulas para
que allí se conviertan en Dibs que se conserva y se come a
lo largo del invierno para prevenir enfermedades.
Los miembros de la localidad que llegan a alrededor de mil
habitantes (los emigrantes se acercan a 2.500 personas) con
el fin de fomentar la posición turística de su localidad,
plantaron un bosque de cedros, lanzaron una campaña de
forestación de una gran superficie que estaba en
negligencia, y establecieron actividades que conservan la
limpieza de la localidad y la restauración de Al Oyoun que
es un sitio donde se junta el agua dulce que proviene de las
fuentes para luego utilizar esa agua. La localidad posee un
carácter urbano muy particular, en donde se mezcla en ella
el arte urbano con el carácter autóctono arqueológico. La
mayoría de los emigrantes vuelven a sus localidades de
turismo, y gastan allí mucho dinero en la restauración de
sus posesiones o en la construcción de nuevas viviendas.
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