|
POR Michael Theodoulou (ver texto original en inglés)
"The Scotsman", 14/08/04
Catorce años después de terminado el conflicto que destruyó este otrora
paraíso turístico, el Líbano ha resurgido como un lugar ideal para pasar
las vacaciones.
El arribo de turistas sobrepasó la marca de tres millones el año pasado,
en un nivel casi igual al de la preguerra.Y este año, por primera vez
desde la guerra, la cantidad de turistas europeos en abril y mayo excedió
la de los países árabes. Las cifras brindan toda la información que
necesitan los funcionarios turísticos para probar que el Líbano ha
recuperado su reputación como la Suiza de Medio Oriente, el lugar en el
cual se encuentran Oriente y Occidente, la sofisticación y el dinero.
"Antes de la guerra, siempre teníamos más turistas europeos que árabes,
salvo en el verano, cuando venía mucha gente del Golfo", dice Ali Hussein
Abdullah, Ministro de Turismo del Líbano.
"Todo subió este año, los visitantes de África, los de América, pero
fueron los europeos los más destacados".
El aumento es aún más notable porque el Líbano fue durante mucho tiempo
sinónimo de guerra y violencia para los ojos europeos, debido a la guerra
de 15 años que terminó en 1990.
Los árabes del Golfo han ido en masa al Líbano durante años, especialmente
en los meses de verano, cuando los frescos sitios de montaña eran un
respiro de las altas temperaturas en su región.
Ellos se han dado cuenta más rápidamente que muchos europeos de la
resurrección del Líbano como destino amigable. Los sauditas, en
particular, han significado un importante ingreso en divisas, sobre todo
después del 11/9/01. Los Estados Unidos solían ser un lugar favorito de
vacaciones para ellos, pero ahora temen una recepción hostil.
Este verano se espera una cifra récord de 200.000 sauditas, quienes
ocuparán los hoteles de lujo y los sitios de montaña, donde una semana de
estadía puede llegar a costar alrededor de US$ 5.000, y mucho más en las
"suites".
Pero los europeos que desean algo más exótico que un paquete de sol, mar y
arena, vuelven en bandadas al país cuyo glamour era un imán para la
generación de sus padres.
"Redescubra el Líbano", sugiere un sitio web que promociona al país,
acompañando una costosa campaña publicitaria que promete playas, laderas
para esquiar, tesoros arqueológicos y una vibrante vida nocturna.
El poderoso euro rinde bien en el Líbano para los europeos.
En Gran Bretaña, el Líbano ha sido promocionado favorablemente por la
publicidad positiva que ha rodeado el regreso de muchos visitantes
británicos famosos en los últimos años. Entre ellos, los ex rehenes Terri
Waite y John McCarthy, quienes tuvieron deseos de visitar el país en
tiempo de paz.
El Líbano es el país más liberal de Medio Oriente, un oasis de tolerancia
y disfrute relajado de la vida en una región turbulenta.
Los europeos pueden experimentar las mejores virtudes de Medio Oriente sin
lo que consideran sus aspectos negativos.
No hay prohibición de consumo de bebidas alcohólicas, ni tampoco existen
restricciones en cuanto a la vestimenta. En la calle Hamra, el equivalente
de Oxford Street, las jóvenes libanesas en minifalda se codean con mujeres
del Golfo con vestimentas cubiertas.
Después de un día de visitar las ruinas romanas o fenicias, los turistas
europeos pueden pasar sus veladas en los lugares nocturnos de moda junto
con los jóvenes más sofisticados, que hablan varios idiomas, entre ellos
inglés y francés.
El clima del Líbano es también mucho más moderado que el de otros países
de la región, y los paisajes tienen más vegetación.
Elizabeth Balthay, una abogada francesa que trabaja en Londres, fue al
Líbano de vacaciones, inspirada por las historias de su padre sobre
Baalbeck, Biblos y Beirut, que él había visitado con frecuencia antes de
la guerra.
"Mucha gente tiene la impresión de que Beirut es muy peligroso, y que las
calles están llenas de francotiradores que buscan occidentales para
secuestrar", dice. "Sin embargo, nada más alejado de la verdad. Quería ver
los lugares de Biblos que se extienden desde el período neolítico hasta
las fortalezas de las cruzadas, Baalbek, que debía ser más grande que el
Partenón, y Tiro. Y lo hice disfrutando cada momento. “
"¿Qué es lo bueno del Líbano?”, añade. “ La comida, el vino, la gran
hospitalidad, y más que nada, los sitios".
Cuando el Líbano intentó resucitar su industria turística hace una década,
hubo sonrisas escépticas. Después de todo, el centro de Beirut había sido
el mayor campo de batalla urbano y todavía era un paisaje devastado con
edificios bombardeados. Lo que fueron grandes fachadas estaban corroídas
por años de fuego de artillería. De las ruinas brotaban malezas.
Pero Beirut era, como lo dicen los folletos, la ciudad que no podía morir.
En 1994, el entonces Primer Ministro, el empresario millonario Rafic
Hariri, lanzó un ambicioso plan para restaurar el centro de la ciudad. Se
desvanecieron las huellas de la guerra, y la transformación fue asombrosa.
A la vista de los más escépticos, surgió un nuevo centro de la ciudad, un
oasis para los peatones con cafés al aire libre, restaurantes, tiendas y
lugares nocturnos.
Uno de los hitos en el camino de regreso a la normalidad fue el legendario
Casino du Liban, el centro de juegos más famoso al este de Las Vegas, que
reabrió sus puertas en 1996 , después de ser remozado por obras que
ascendieron a varios millones de dólares.
Fue allí que celebridades como Frank Sinatra, Charles Aznavour y Johnny
Halliday actuaron para millonarios árabes y miembros del "jet set"
europeo, incluyendo actrices como Brigitte Bardot y Sofía Loren.
El Casino, que mira hacia la magnífica bahía de Jounieh a unos pocos
kilómetros de Beirut, había logrado funcionar en forma intermitente
durante los años de guerra. Quienes combatían en bandos opuestos durante
el día olvidaban sus divisiones para jugar a la noche. Sólo en 1989, un
año antes de terminar la guerra, el casino cerró sus puertas después de un
bombardeo.
El segundo símbolo del renacimiento del Líbano es el Festival
Internacional de Baalbek, que retornó en 1997, después de 23 años de
ausencia. Este Festival era el mayor evento cultural y artístico de la
región, y siempre tuvo un enorme prestigio internacional.
Antes de la guerra, cientos de turistas iban a la ciudad cada verano para
apreciar la belleza del entorno, y el esplendor de los antiguos templos
romanos iluminados, todo lo cual servía de marco a la actuación de
artistas como Rudolf Nureyev, Margot Fonteyn, Joan Baez y la Orquesta
Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan, entre otros
muchos.
Al capitalizar su diversidad cultural, variedad de paisajes, y mezcla de
tradición y modernidad, el Líbano espera cuadruplicar el turismo en cinco
o seis años. Es una meta ambiciosa, pero dados los logros que ya ha
obtenido el país en tan poco tiempo, pocos pueden dudar de que será una
realidad.
- - - - - - - - - - - - - - -
ANIMADO, CULTO Y LLENO DE MARAVILLAS ARQUITECTONICAS.
Con apenas la mitad de tamaño que Gales, el Líbano es suficientemente
pequeño para prometer en un folleto turístico que las parejas en luna de
miel pueden nadar en el Mediterráneo y esquiar en las montañas pobladas de
cedros el mismo día.
Beirut es el punto de partida para la mayoría de los turistas, una
combinación encantadora de lo viejo y lo nuevo y una capital trilingûe
donde muchos hablan francés e inglés al igual que árabe.
La ciudad tiene la vida nocturna más animada de Medio Oriente, y ofrece
una gran selección de clubes, restaurantes y bares.
De día, el renovado centro de Beirut es un lugar agradable para sentarse
en sus cafés al aire libre, y adherir a la tradición local del narghile,
después de visitar las numerosas mezquitas, iglesias y tiendas de la
ciudad.
La Corniche, que corre a lo largo de la costa hacia el norte y recuerda
los viejos tiempos, es otro lugar que hay que ver, donde se puede observar
a los transeúntes, especialmente en el atardecer, cuando se convierte en
el paseo favorito de los habitantes de Beirut.
A menos de una hora en auto desde Beirut, hacia el norte, está la
pintoresca ciudad- puerto de Biblos, de cuyo nombre deriva la palabra
"Biblia". Es una de las ciudades más antiguas del mundo, y son evidentes
las distintas capas de su historia, con los muros medievales a lo largo de
estructuras romanas construidas sobre vestigios de la Edad de Bronce.
Siguiendo hacia el norte por la costa está Trípoli, famosa por su
arquitectura de los mamelucos de los siglos 14 y 15 y la ciudadela del
siglo 12, contruída por el cruzado franco Raymond de St. Gilles.
Al sur de Beirut está la ciudad-puerto de Tiro, fundada por los fenicios
pero que es más famosa hoy por sus ruinas romanas. Éstas incluyen un
hipódromo en forma de U para las carreras de carrozas, que podía albergar
a 20.000 espectadores.
Tal vez las atracciones arqueológicas y arquitectónicas más importantes
del Líbano sean las monumentales ruinas romanas de Baalbeck, una ciudad a
75 km. al nordeste de la capital. Los templos a Júpiter y Baco están en
condiciones increíblemente buenas, con columnas que se elevan a 22 metros.
La ciudad también organiza cada año un festival artístico internacional.
La cocina libanesa es más sabrosa que condimentada, rica en hierbas y para
nada grasosa. Una comida generalmente empieza con alguna entrada, como
humus, garbanzos, platillos a base de berenjena y falafel. A ésta le sigue
un plato principal con pollo, cordero o pescado con ensaladas, acompañado
por el famoso pan chato, recién horneado.
Muchos libaneses beben arak con sus comidas, mezclado con agua y hielo, si
bien hay excelentes vinos locales. El pasado colonial del país también ha
dejado muy buenos restaurantes franceses.
MIKE THEODOULOU
|