Al concluir su cuadragésima segunda sesión
ordinaria, el Santo Sínodo de la Iglesia Católica
Apostólica Ortodoxa de Antioquia dirigió a los
libaneses un mensaje que presentamos aquí: “En la
ocasión de nuestro Sínodo, reunido esta semana,
estuvimos con ustedes y con vuestras preocupaciones.
Por esto les decimos que el Señor los ha puesto en
lo profundo de las suplicas de nuestros corazones.
El es cuyo amor los une y establece en la esperanza
durante este difícil momento. Estamos convencidos
que el Líbano esta vivo en ustedes y que el fuego
del infierno no lo consumirá porque si lleva por
armadura la paciencia divina continuará siendo la
morada de vuestros corazones y luchas ya que se han
reunido en busca del bien y de la fortaleza de la
Nación contra todo amenazante pleito.
Asimismo creemos que vuestra sabiduría, debido a la
complacencia de Dios para con ustedes, puede
levantar toda carga que lleven sobre vuestros
hombros y desatar todos los nudos, por más difíciles
que se presenten, porque han creído en el amor al
Líbano. Y vuestro amor ha sido puesto por Dios como
la base de esta única Nación para unir a todos los
sectores que buscan la verdad y que no se
comprometen con ninguna potencia en la Tierra y así
poder alejar de nuestro país todo peligro de
división y todo necio sometimiento que favorezca la
violencia. Tanto nosotros como los hijos de nuestra
iglesia creemos en vuestra existencia única, por
ello estamos con los bondadosos entre ustedes que
buscan la paz. Queremos estar con aquellos que la
llevan a cabo sin ninguna otra intención que el
construir este país que es fuente de bien, de
alegría, así como partícipe de la civilización
oriental árabe y del mundo. No hay problema que no
pueda ser solucionado si existen las buenas
intenciones y la renuncia tanto a los bienes
terrenales como al fanatismo extremo. Nada es
imposible para ustedes si conocen que la
participación de todos es la condición de vuestro
renacimiento y reconciliación.
Con un espíritu sano como éste, que no dudamos es
fuente de inspiración para muchos, podrán enfrentar
los peligros de la desintegración y del
sometimiento. Esta nación fue erigida sobre la
Constitución de 1943 que los independizaba de
Oriente y de Occidente, que afirmaba el carácter
árabe de la misma así como la adquisición de una
fuerza de razonamiento que surgía tanto del apoyo
árabe por un lado como de la consolidación de las
distintas confesiones religiosas para salvar a la
Nación sin antipatías, altanerías ni monopolismos,
por el otro. En un principio fueron distintas
formas de entonar la misma melodía; ningún color
cultural aquí elimina al otro después de vuestra
elección en El Taief de una unidad y una
forma administrativa que no era un simple equilibrio
de intereses de las distintas familias espirituales
sino una competencia en la creación y una carrera en
la generosidad.
Esta es la imagen de lo que son y de lo que serán
para que el Líbano permanezca siendo el tesoro de
aquellos que buscan participar y ayudar en todo
nivel de auxilio creativo. Sobre esto edifiquen
vuestros asuntos, y pongan ante vuestros ojos la
participación en los sacrificios para que nadie
anule ni oprima al otro en el desarrollo de vuestra
sociedad ni en la formación del gobierno. No hay
sociedad sin Gobierno ni Gobierno en una unión cuyos
cimientos tiemblan de tiempo en tiempo. Que el hecho
de vuestra reunión establezca un gobierno sobre lo
bueno, para que los conduzca bajo instituciones
honestas, con fuerza, inteligencia, que lleve a
todos sobre su regazo sin distinciones y que sea
cabal en sus poderes.
Líbano, más allá de sus partes, existirá en una
limpia conducta colectiva o no existirá. Y si no
fueron corrompidos por la política como pueblo
bueno, generoso, que posee toda simiente de bien y
de las promesas, con las fuerzas de la construcción
y del crecimiento que los prepara a una elevación
ilimitada para poder radicar en las elevadas moradas
con esfuerzos continuos sin la desesperación del
retraso, florecerán vuestras esperanzas y vuestras
familias morarán en el regocijo del don recibido.
Que estas aspiraciones los fortalezcan para
sobrepasar la desdicha que sobrevino sobre la
Nación; no dejen que los desintegre en la espera de
los anhelos que se quieren lograr especialmente en
la presidencia. El presidente de la República debe
tener una visión correcta, amplia y hacedora de
grandezas. Debe tener una conducta e intención
irreprochable, debe amar al país con todo su ser,
desechando de sí mismo todo interés mundano,
deseando la construcción de una gran Nación, estando
al tanto de todos los detalles del gobierno para
convertirse en juez ante las disputas que puedan
surgir, que opte por la verdad, que aborrezca el
error, que sea rígido y manso a la vez, un padre que
se compadezca de toda la nación, llevando en sí todo
lo bello del país. Más de uno de vuestros mayores
tiene estas cualidades. Elijan al mejor de entre
ellos y este sin lugar a dudas rescatará al país y
la colocará sobre las ruedas de la salvación. Cuales
fueran los derechos del Presidente, un hombre como
éste inspirará todas las reformas que necesitan. Que
los Diputados lo elijan en el plazo que indica la
Constitución para no causar desconcierto ni llegar
al vacío que seguramente extenderá el mal. Que sea
en el tiempo determinado de acuerdo a la
Constitución y la Ley para la tranquilidad de los
electores.
Pase lo que pase no olviden nunca que son una misma
Nación que necesita de un presidente que sea elegido
por vuestra misma voluntad. Si logran esto bajo una
competencia democrática civilizada y pacífica, el
Líbano será más importante que todas vuestras
disputas, las cuales, si continúan, no tenemos dudas
que muchas de estas serán apaciguadas apenas surja
dicho presidente.
Que Dios esté con vosotros hasta que la desdicha y
la desgracia ya no sean más porque merecen esta
hermosa nación”.
Santo Sínodo
De la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa
Del Patriarcado de Antioquia