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La herencia es un lazo que sin
cortarse jamás, se extiende y prolonga a través del tiempo. Ella no solo
comprende los bienes materiales que los padres pueden dejar a sus hijos.
Se entiende que un pueblo recibe de sus mayores, de sus ancestros, de los
primeros, de los pioneros una parte de lo realizado y un testimonio mudo
que rescata algo de sus vidas.
La memoria colectiva es la abarcadora de todo ese caudal de vivencias, que
en este caso puntual las mujeres de otros tiempos nos legaron. De ellas
recibimos pensamientos, actitudes ante la vida, luchas, sacrificios,
realizaciones en el devenir histórico.
Todo ello constituye el patrimonio de nuestro género.
Se han hecho varios estudios sobre la temática: Inmigración árabe en
Argentina, pero el interés específico sobre la mujer es relativamente
reciente.
Durante años las mujeres aparecen intangibles, identificadas únicamente en
relación con sus esposos. Mujeres de sus maridos, hermanas de sus
hermanos, hijas de sus padres o madres de sus hijos, permanecían en el
anonimato, su suerte estaba ligada a la del hombre.
A los ojos de las autoridades gubernamentales eran las acompañantes de los
marido que venía a éste país a trabajar, por pedido de un familiar o
compatriota ya residente.
No se permitía la entrada de mujeres solas y menos con hijos que no
tuvieran un familiar o compaisano debido a ¿quién se encargaría de ellas?,
¿donde vivirían? y ¿ y quién se haría cargo de su sustento económico?
Fundamentalmente, se trataba de mujeres humildes, trabajadoras, que
escapaban de las persecuciones otomanas, de la miseria, del hambre que
asolaba a sus países.
Las mujeres mal llamadas “turcas” son presentadas dentro del estereotipo
de “exóticas” provenientes de un universo, en donde los hombres las
oprimían; son mujeres sumisas y dependientes.
El drama de todas ellas comienza con la salida de la patria, pasa por el
desarraigo y su inserción en la nueva sociedad.
A su llegada en la década de 1890, se encuentran con que tienen que luchar
con una sociedad prejuiciosa que no las reconoce como sus iguales, las
discrimina. La prensa argentina muestra su especial encono en el periódico
“El Diario”en el que muestra los prejuicios que manifestaba la elite
gobernante hacia este grupo de extranjeros.
El sueño americano fue un ideal inalcanzable para la mayoría de las
mujeres árabes inmigrantes. Mientras que los hombres hacían realidad ese
sueño, representado por el éxito económico, las mujeres tan solo
conseguían un desarraigo cultural y económico.
Ellas y sus esposos no conocieron el manual del Inmigrante redactado por
el gobierno argentino, que circulaba en Europa en el que asesoraba en todo
lo concerniente al viaje, a la ciudad donde irían, al idioma que tendrían
que aprender, a las características geográficas, las costumbres, las
comidas tradicionales y hasta la ropa que debían usar. El manual era
fundamental para asumir en la práctica todo lo que debía enfrentar el
inmigrante en el futuro.
La inmigración de Oriente Medio no era la que deseada Argentina, se
prefería la Europea preferentemente la del norte; en nada, se contemplaba
los sentimientos de aquellos que abandonarían para siempre a padres,
hermanos, amigos y al terruño que las vio nacer. Imposible describir los
miedos, las angustias y los llantos.
La inmigración trajo otro modelo social de mujer, son estas mujeres
emigrantes las luchadoras, que venían con un pequeño núcleo familiar en
busca de un mejor porvenir para ellas y su progenie.
Traían el dolor de haber abandonado la tierra y el tronco familiar y
debían enfrentarse a un mundo nuevo de palabras incomprensibles,
adaptándose a la convivencia en hacinadas fondas o conventillos, otras
alejándose a chacras, donde el trabajo de la tierra era el depositario de
sueños de una vida distinta, logro que recién conquistaran en la próxima
generación sus hijos.
Muchas llegaron meses o años después que sus maridos, con sus hijos
pequeños, para encontrarse con la dura realidad.
Pero las mujeres sean nativas o emigrantes tenían espacios reducidos por
el imaginario social, a una inercia ficticia, resguardadas en el encierro
del hogar, sólo en las misas tempranas, encontraron desde fines del siglo
XIX y en las primeras décadas del XX formas de proyectarse en la sociedad,
sin romper con los modelos que esa misma comunidad reservaba para ellas.
Este modelo de participación femenino en la vida social continúa encarnada
en distintas sociedades de beneficencia, comisiones de damas, asociaciones
de mujeres que durante más de cien años han colaborado con instituciones
sanitarias, educativas, recreativas o profesionales, brindando su tiempo y
su trabajo en cada una de las localidades de este país.
Las entidades de beneficencia y socorros mutuos fueron un elemento
decisivo en el proceso de socialización e integración de los inmigrantes
en la nueva tierra. Esto se debió a que los lazos primarios no eran tan
consistentes, por ese motivo las redes con sus coterráneos se vigorizaron
con el objetivo de atesorar su identidad cultural, compensar desventuras
básicas y resguardar sus intereses en la nueva realidad.
Son bien conocidos los fines y las particularidades del trabajo de estas
sociedades que prometían asistencia económica a los asociados con
dificultades.
Los problemas advertidos son en todos los casos la enfermedad, invalidez y
la muerte del socio otorgando un subsidio a la viuda y a los huérfanos
como era una práctica constante en sus países de origen.
En ocasiones actuaban como bolsa de trabajo otorgando ayuda monetaria,
averiguando entre los compatriotas donde se los podía colocar. También se
daba asistencia legal en casos de detención no provocados por delitos
infamantes.
Estas pioneras entidades eran de hombres y para hombres, la participación
activa de la mujer fue tardía, se las excluía incluso de la asistencia
médica en cuanto a las enfermedades propias de su sexo (parto, puerperio)
Pero las mujeres llegadas de Siria o Líbano fundaron sus propias
entidades:
Unas fueron de carácter religioso, otras buscando un objetivo común: por
ejemplo la fundación del hospital SIRIOLIBANES
Y también las hubo dedicadas únicamente a la beneficencia.
Dentro de las primeras, merece recordarse a la Asociación Femenina Sirio –
Ortodoxa fundada en la ciudad de Buenos Aires en (1915).
La Asociación Damas de la Misericordia fundada en (1916), estuvo integrada
por mujeres árabes, caracterizadas por su inteligencia y firmes
convicciones.
Ellas anhelaban, que la nueva entidad no tuviera carácter religioso,
aspiraban a formar una Sociedad General que prestara su ayuda a todos los
pobres y necesitados sin distinción de religiones puesto que así lo
requería la comunidad.
En la década de 1920 surgió la idea de fundar un hospital cuya acción
benéfica superaría los esfuerzos realizados hasta ese momento. Por ese
motivo citaron a los médicos descendientes de sirios y libaneses para
recabar y conocer sus opiniones la que, sin excepción, desembocó en un
gran entusiasmo. A partir de ese momento la entidad cambia de nombre por
la de Asociación Pro Hospital Sirio Libanés.
El universo de este conjunto de mujeres árabes demostró la fortaleza de
las mismas que se manifestó en el Acta Fundacional:
“Nuestra Asociación después de un estudio meditado y escrupuloso ha
llegado a la conclusión de que “La existencia de un Hospital Sirio Libanés
en la Capital Federal, es una necesidad, a más de ser un peldaño más que
puede conducir a la colectividad a ocupar el lugar que le corresponde
entre las demás colectividades extranjeras residentes en el país.
Esta es nuestra opinión y al mismo tiempo la de todos nuestros hombres
caracterizados y de toda la prensa en general.
Muestra Asociación luego de realizar un estudio deliberado y meticuloso ha
llegado a la conclusión que, si por cierto, la construcción de un hospital
y su instalación importan un paso gigantesco y costoso, también es cierto
y quizás de mayor importancia su mantenimiento.
Entendiéndolo así, ha querido asegurar a la colectividad la parte que más
le puede preocupar, o sea, el funcionamiento de una sociedad, cuyas
entradas fueran suficientes como para responder a los gastos preliminares
de un futuro hospital.
Por consiguiente, sin desmayos se han llevado adelante los trabajos,
pudiendo anunciarles hoy 25 de noviembre de 1927, que la Asociación Pro-
Hospital Sirio Libanés, es un hecho, con personería jurídica y con el
entusiasmo y la decisión firme e inquebrantable de cada una de sus
miembros de hacer todos los sacrificios posibles en pro de la noble obra.
A partir de entonces los Consejos Ejecutivos de la Asociación fueron
heterogéneos, con un predominio mayor de damas que ocuparon la Presidencia
durante numerosos decenios.
Doña Wacila Curi de Adre que ejercio la Presidencia durante el periodo
1935 1938 con sus 80 años brindó su testimonio en el pensionado del
Hospital Sirio Libanés. Diciendo: “Hablar de mi labor es hablar de la
labor de una cantidad de señoras que nos propusimos hacer algo perdurable
y útil a la comunidad en esta tierra que nos brindaba tanto, en nombre de
nuestras colectividades Siria y Libanesa.
Es hablar de algo que nos costó muchísimo llevar a cabo, estoy convencida
que fue bendecida por Dios desde un principio, hubo que sortear muchos
escollos, hubo que salvar obstáculos que parecían insalvables, pero como
digo Dios estaba con nosotras y seguimos adelante.
Nuestra Comisión Directiva estaba integrada con igual número de Damas y
Caballeros, pero las iniciativas de nosotras las damas, siempre
encontraban resistencia de parte de muchos hombres de nuestra colectividad
que consideraban que no estábamos capacitadas para llevar a cabo una obra
de tal magnitud, como lo era hacer un Hospital.
Nuestro lugar decían ellos, era el hogar y los hijos según el criterio que
se tenía en esa época. Con nuestro accionar y buen proceder fueron
revirtiendo ese razonamiento. Nosotras convocamos a toda la colectividad y
todos unidos tuvimos un objetivo común que gracias a Dios lo pudimos
concretar”.
Otro ejemplo digno de destacar es el de un grupo de jovencitas libanesas e
hijas de libaneses radicadas en la ciudad de Tres Arroyos que por
iniciativa propia decidieron fundar en 1928 una entidad de beneficencia
que bautizaron con el nombre de Hijas del Líbano.
La colectividad árabe estaba agrupada en esa ciudad en dos entidades
étnicas una Siria y la otra libanesa, pero las mujeres no tenían
participación.
Por ese motivo comenzaron su accionar ayudando a los pobres. Se
propusieron dar alimentos, medicamentos y ropa. También auxiliaron a
hogares de huérfanos y ancianos. |