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solicite información sobre este tema en Internet, va a
encontrar cientos de sitios y artículos interesantes.
Intenté hacer una búsqueda similar y me interesó un artículo
escrito por una periodista independiente, Ghada Khouri.
Como este
artículo data de algún tiempo, creí conveniente actualizar
algunos datos. Aquí se tocan temas interesantes, que
considero útiles y dignos de difusión.
La Sra. Khouri
comienza afirmando que, desde chicas en bikini tomando sol
en las playas de Jounieh, hasta madres que caminan por las
calles de Baalbeck con la cabeza cubierta por un "hijab",
las mujeres del Líbano son diversas y contradictorias como
el medio en el que viven. Esta diversidad refleja la
variedad de culturas, que es la característica distintiva
del Líbano, donde conviven 18 creencias religiosas.
La autora
sostiene que, en lugar de acercar la brecha entre las
diferencias culturales y religiosas que prevalecen en la
sociedad libanesa, el sistema de gobierno las acentúa
mediante un aparato legal patriarcal y sectario. Estoy
segura de que si volviera a escribir este artículo hoy en
día, reconsideraría este punto de vista. Admite, sin
embargo, que desde que lograron el derecho al voto en 1953,
las mujeres libanesas han hecho enormes progresos para
mejorar su situación, con el liderazgo de feministas como
Laure Moghayrzel, ya fallecida, fundadora de grupos
importantes de mujeres, entre ellos la Comisión para los
Derechos Políticos de la Mujer, el Consejo de Mujeres
Libanesas y la Asociación de Abogadas Libanesas. La Sra.
Moghayrzel y otras activistas de derechos humanos formaron
equipos de trabajo que impulsaron las enmiendas a lo que la
autora considera disposiciones legales discriminatorias.
Estos
esfuerzos culminaron con la ratificación, por parte del
Líbano, de la Convención para la Eliminación de Toda Forma
de Discriminación contra la Mujer, en 1996. Esto significó
una mayor concientización de los derechos de la mujer en la
sociedad libanesa. La Sra. Khouri cree que, si bien el
Líbano ratificó dicha Convención, fue un acto puramente de
forma. Argumenta que muchos de los obstáculos tienen un
tinte sectario, que penetra en casi todos los aspectos de la
vida del país, donde la condición de la mujer suele depender
de su confesión religiosa.
Los críticos
dicen que las leyes de estado civil se rigen por tribunales
religiosos, lo cual pone a la mujer en una situación
desigual, no sólo con respecto al hombre, sino con respecto
a otras mujeres. Por ejemplo, en 1959, las mujeres no
musulmanas tenían derecho a la herencia en igualdad de
condiciones con los varones, mientras que, hasta hoy, las
mujeres musulmanas reciben sólo la mitad. Asimismo, en
algunas comunidades musulmanas se permiten los matrimonios
polígamos, que están prohibidos por los tribunales
cristianos.
La autora
admite que tales distinciones, evidentes en los códigos de
derecho civil, llevaron a que grupos femeninos exigieran la
aprobación de la ley de matrimonio civil, con el apoyo del
entonces Presidente Elías Hrawi. Esta propuesta ha
encontrado la oposición de líderes religiosos de varias
denominaciones, dado que facilitaría los matrimonios
interreligiosos. Sin embargo, debo añadir que existe en este
momento una gran corriente a favor en la sociedad
intelectual del país, que creo logrará finalmente la
aprobación de esta ley.
Actualmente,
el matrimonio entre un hombre y una mujer de distinta
religión no puede llevarse a cabo, a menos que uno de los
cónyuges se convierta a la fe del otro. En este caso, puede
haber un rechazo de la comunidad religiosa a la que
renunció.
La autora
admite que la ley libanesa reconoce el matrimonio civil
celebrado en el exterior. En consecuencia, muchas parejas
interreligiosas optan por casarse por civil en países
cercanos, como Chipre o Grecia. En caso de disputa o
divorcio, los tribunales libaneses deben aplicar la ley del
país en el que tuvo lugar la ceremonia civil.
Linda Matar,
ex Presidenta del Consejo de Organizaciones para la Mujer
Libanesa, una coalición que reúne a los principales grupos
femeninos, sostiene que esta situación perjudica al gobierno
y a las leyes. El caso de Matar ejemplifica el tema. Ella,
que era maronita, debió convertirse para poder casarse con
su marido, que era un armenio ortodoxo. En sus palabras, "yo
no tenía libertad para elegir mi futuro. Pero los jóvenes de
hoy no deberían renunciar a su religión o viajar al exterior
para casarse".
Linda Matar
nota que incorporar leyes de código personal a la
legislación civil es esencial si se quiere ser coherente al
hablar de libertad y democracia. Sostiene que un gobierno
verdaderamente democrático no debe basarse en la religión.
Creo que éste
es un punto de vista muy importante, pero no se trata aquí
sólo de una cuestión que atañe a la mujer, sino de una
cuestión nacional, idea que comparte un gran sector de la
clase política.
Ghada Khouri
sostiene, asimismo, que la ley de matrimonio civil afectaría
el núcleo del sistema de gobierno libanés, que es
confesional en el sentido de que el poder se distribuye
según porcentajes religiosos. Por ejemplo, el Presidente de
la República debe ser cristiano maronita, el Primer Ministro
musulmán sunita y el Presidente del Parlamento, musulmán
shiíta.
La autora
argumenta que, además de promover el reconocimiento oficial
de los matrimonios interreligiosos, el tema del matrimonio
civil afecta al propio tejido social y político del país.
Éste no es el
caso, sin embargo. En última instancia, las leyes reforzarán
la unidad nacional. Najla Hamadeh, profesora de filosofía de
la Universidad Americana de Beirut, concuerda con este
concepto, y cuestiona que el Gobierno confíe la legislación
familiar a las denominaciones religiosas, una práctica que,
afirma, "socava el papel del Estado en la promoción de la
cohesión social y en el afianzamiento del tratamiento
igualitario para todos los ciudadanos".
Reconociendo
el carácter controvertido y divisorio del tema, grupos
femeninos están exigiendo la aprobación de la ley de
matrimonio civil, en coexistencia con el sistema actual
regido por los tribunales religiosos. "No queremos forzar el
matrimonio civil para nadie", afirma la Dra. Matar, "pero al
menos queremos que esté disponible para quienes lo elijan".
Y agrega:" después de todo, esta ceremonia está permitida en
países mayoritariamente musulmanes, como Túnez y Turquía,
así como en Europa, donde la mayoría de la población es
cristiana".
La estructura
social del Líbano tiende a ser pluralista. El sistema
especial de convivencia del Líbano preserva las culturas
propias entre las mujeres que pertenecen a distintas
comunidades religiosas. Sin embargo, no existen impedimentos
legales para el progreso de la mujer, y el sistema
patriarcal de jerarquía familiar, con el padre como jefe de
hogar, está disminuyendo en forma considerable.
Suad Joseph,
Directora de Estudios de la Mujer de la Universidad de
California en Davis, y fundadora de la Asociacion de
Estudios para la Mujer de Medio Oriente, señala que la ley
familiar libanesa solía estar en manos de instituciones
religiosas que "apoyaban directamente la jerarquía doméstica
a favor de la autoridad de varones y ancianos". Y añade que
"el patrimonio, que determina la descendencia en base al
linaje paterno, refuerza la jerarquía familiar, por la cual
esposas e hijos adoptan la religión del esposo, que es, en
gran medida, su identidad política".
En realidad,
esto no es totalmente así. El país se ha ido apartando de
estas prácticas desde hace mucho tiempo. Podemos ver
claramente ahora, incluso, divisiones políticas en el seno
de una misma familia, en la cual cada miembro toma sus
propias determinaciones. En última instancia, son los hijos
quienes deciden, por lo general, la posición política de sus
padres.
Las mujeres
están siendo muy activas, iguales a los hombres en el
ejercicio de sus actividades políticas. Las vemos en todos
los sectores de la sociedad; en el ejército, en las calles,
manifestando con vehemencia a favor de sus creencias. Ellas
son una presencia dominante en los medios, en especial los
programas de televisión y la prensa, e incluso lideran
instituciones sociales y políticas
El Líbano es
un claro ejemplo de la rápida y notable transformación
producida en una determinada sociedad, gracias a la
globalización, la apertura cultural, la extensión de la
educación, las creencias democráticas y la alta tecnología.
Aún subsisten
algunas discrepancias en el tema del derecho civil. Por
ejemplo, una mujer libanesa casada con un extranjero no
puede transmitir su nacionalidad a sus hijos, salvo si
fallece el padre mientras son menores. Si el padre
falleciera cuando son mayores de edad, los hijos son
considerados extranjeros. Esto crea una serie de problemas
si ellos deciden vivir en el Líbano, incluyendo la necesidad
de obtener la residencia y permiso de trabajo. Por otra
parte, los hombres que se casan con extranjeras,
automáticamente transmiten su nacionalidad y su identidad
religiosa a los hijos.
Tal vez la ley
más discriminatoria, bajo la fuerte influencia del sistema
patriarcal, fue la de los "delitos de honor", que solía
absolver a los hombres que asesinaban a una mujer de la
familia sorprendida en acto de adulterio o de sexo
prematrimonial. El adulterio se definía con distintos
criterios para hombres y mujeres. Así, un hombre casado era
culpable de adulterio sólo si el acto tenía lugar en su
casa, y siempre que lo confesara. Si admitía el hecho, y
demostraba arrepentimiento, generalmente era absuelto,
mientras que los mismos cargos contra una mujer no podían
retirarse.
Esta ley fue
objeto de fuertes críticas por parte de todos los sectores
de la sociedad. Los esfuerzos para enmendar esta ley
produjeron un nuevo código penal que condenó los "delitos de
honor".
En realidad,
cabe destacar que la conducta cultural ha registrado fuertes
cambios en este aspecto. Sin embargo, debemos admitir que la
sociedad está muy dividida entre la posición conservadora y
la liberal. Esto crea distintas corrientes de opinión que
dificultan un enfoque único del tema.
De todos
modos, la mujer desempeña actualmente un papel fundamental
en el proceso de desarrollo del Líbano. Los grupos femeninos
están contribuyendo en forma activa a la reforma del sistema
de gobierno, para asegurar, no sólo la igualdad de todos los
habitantes del país, sino también las oportunidades de una
participación total de la mujer en el futuro del Líbano.
Como mujer y
como libanesa, me siendo doblemente orgullosa de este papel.
La mujer, dadora de vida, es la clave para lograr que la
sociedad en la que vive, en cualquier parte del planeta, se
acerque al futuro con ojos nuevos, llenos de amor, optimismo
y esperanza.
Como mujeres,
todas nosotras tenemos ese compromiso, que cumplimos con
dedicación y entusiasmo.
Conferencia preparada por
la Sra. Afaf Saab de Hamdan