LA SOCIEDAD LIBANESA (Ver texto en Inglés)

“EL ALMA NO CAMINA SOBRE UNA LÍNEA, NI TAMPOCO CRECE COMO UNA SEMILLA.
EL ALMA SE ABRE COMO UN LOTO DE INNUMERABLES PÉTALOS. “
                                       GIBRAN KHALIL GIBRAN
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   Desearía sumergirlos a Uds. a un software que incluya realidad virtual para que pudieran apreciar debidamente a la sociedad libanesa. A falta de ello, va aquí una visión general, que, espero despierte su curiosidad para saber más sobre el Líbano y su gente.
    A los libaneses no les gustan las reglas. Son renuentes a aceptar que un tercero les imponga un modo de conducta. En todas las situaciones, para bien o para mal, prefieren confiar en su propio juicio antes que consultar lo que dice la ley. Tal vez sea un hábito adquirido durante la guerra, cuando reinaba el caos y no había una autoridad a la que atenerse. Tal vez debamos ir mucho más atrás, cuando eran los que causaban problemas bajo el Imperio otomano. Lo que es cierto es que su autosuficiencia les hace resolver casi cualquier situación de una manera u otra.
      Los libaneses son bien conocidos en Medio Oriente por sus recursos y rapidez mental, pero para ser francos, esto no significa que hagan el mejor uso de ellos. Sí significa, sin embargo, que nunca van a ver ustedes mendigar a un libanés. Van a trabajar, incluso engañar, si son deshonestos, pero nunca se van a hundir en lo que consideran una desgracia. El arte de “arreglárselas” también explica el éxito logrado por los inmigrantes libaneses en todas partes del mundo.
     Ahora bien, la emigración es otra característica local. Hay tal vez más de 17 millones de libaneses en el exterior, casi 4 veces más que los que viven en el país. Es una extraña paradoja que una población tan apegada a su tierra esté tan dispuesta a abandonarla. Sin embargo, no es esto exactamente lo que sucede. La mayoría se va a estudiar al extranjero, o a trabajar allí para poder enviar dinero a su familia. Un mercado tan pequeño como el nuestro ofrece pocas oportunidades.
      Muchos huyeron durante la guerra. Veinte años más tarde temen sufrir por lo que podrían encontrar al regresar. Muchos ya están establecidos afuera, con una familia y una carrera que les impide el retorno. Muchos otros probablemente estén contentos de estar afuera. Sin embargo, una abrumadora cantidad dice que quiere volver, y muchos lo están haciendo, a pesar de la situación política precaria y de la crisis económica.
     El Líbano tiene una larga historia de intercambio con otras culturas, sin duda las más antiguas del mundo, ya que fue la primera nación en extenderse en forma amistosa y no en conquista. Aún hoy, contrariamente a la desinformación que existe, es una nación pacífica, e incluso alegre, cuya gente rechaza la agresividad.
      Su sociedad se compone de muchas comunidades distintas. Se pueden dividir desde el punto de vista religioso en: cristianos, compuestos en su mayoría por maronitas y ortodoxos pero también por protestantes; musulmanes, divididos en sunitas y shiitas, entre otros, drusos, etc. En total, existen 18 religiones reconocidas, de las cuales éstas son las principales.
     Sin embargo, la diversificación es más compleja. Existe, por ejemplo, una comunidad franco-parlante, compuesta por la élite de la población de antes de la guerra; un grupo educado en inglés que surgió al introducirse este idioma durante la guerra, y que está creciendo a un ritmo muy rápido; una subcultura armenia cuya lengua materna es el armenio: un grupo similar de refugiados palestinos que llegaron durante la guerra. Asimismo, existe una comunidad no libanesa compuesta por inmigrantes de Sri Lanka, Filipinas y África, que llegaron para trabajar.
      El libanés posee un sentido del humor muy desarrollado. Pocos pueblos se han volcado tanto al humor en tiempos de adversidad como el libanés. A lo largo de 4.000 años de ocupaciones sucesivas, habríamos sido exterminados si no fuésemos capaces de reírnos de nuestras vicisitudes. También nos reímos de nosotros mismos, en forma frecuente y espontánea.
     Una turista francesa, que visitaba el país, expresó a una amiga lo asombrada que estaba de ver cómo se dirigían a ella los jóvenes. “Me hablan de un modo amable, no están enojados todo el tiempo”. A diferencia de otras naciones, si hay algo que los libaneses no sienten, es el exceso de estrés. A pesar de las circunstancias, por naturaleza y si tenemos oportunidad, nos gusta relajarnos y disfrutar de la vida. A pesar de las presiones del trabajo, el ritmo es más lento allí que en Occidente, pues todo el mundo entiende el concepto “trabajar para vivir, y no vivir para trabajar”.
      Beirut posee una vida nocturna excepcional, que atrae a los turistas de todo el mundo, ya que nos gusta divertirnos y estar con amigos, a pesar de lo que pase. Los cines, restaurantes de todo tipo (abrieron muchos en los últimos tiempos) , clubes, y el Casino están siempre repletos. Nos gusta mucho la buena comida, no sólo la nuestra sino toda otra cocina y gozamos de largas comidas que nos permiten disfrutar la presencia de nuestros amigos. No es raro que la gente ponga una mesa en la vereda frente a su negocio para desayunar o almorzar mientras observa la actividad de la calle.
      Los libaneses son muy sociables. En términos sociológicos, es una comunidad grupal, antes que individual. Todo lo que se haga debe tener en cuenta el modo en que va a afectar a los demás miembros y el nombre de la familia. Todo lo que se haga importa también a los demás, ya que la gente es curiosa por naturaleza. Allí nada es privado, a menos que se lo indique expresamente, o, mejor aún, que permanezca oculto cuidadosamente.
      Esta “red de información” funciona con una eficiencia asombrosa, especialmente gracias a la difusión de los teléfonos celulares y al concepto de “sobhieh”: reuniones de mujeres a la mañana, que van a tomar café o mate juntas e intercambiar noticias. Es difícil estar solo aunque uno quiera estarlo, y una privacidad auténtica es muy difícil de conseguir. Es éste, sin embargo, un precio pequeño que hay que pagar por la clase de seguridad que tenemos desde el punto de vista social. Uno nunca está solo. Pase lo que pase, siempre hay alguien para ayudar, siempre alguien que sabe dónde vamos, siempre alguien que nos informe sobre las novedades de las últimas horas. Siempre hay alguien para prestarnos lo que necesitemos, conseguirnos un trabajo, o enviarnos a un médico amigo que pueda examinarnos sin cobrar la consulta.
      Las conexiones prevalecen: es lo que llamamos “wassayet” (plural de “wasta”). Son injustas, pero son parte del juego: en una sociedad informal como ésta, donde todo el mundo conoce prácticamente a todo el mundo, las cosas no funcionan como en el exterior. En estas partes, las transacciones comerciales informales son inaceptables. Uno no confía en una relación de trabajo que no llegue a ser más personal, algo que es casi inevitable.
      Esta especie de leve invasión es parte de un ritual social inconsciente que es una declaración de aceptación. Hacer o decir cosas que en teoría sólo los muy próximos podrían animarse a decir es transmitir que la persona es bienvenida a nuestro espacio privado, del mismo modo que nosotros somos bienvenidos al de ella.
      Invadir este espacio privado mediante el contacto físico o la extrema cercanía es, a diferencia de Occidente, no una agresión sino una señal de afinidad. Apreciamos el contacto corporal entre nosotros, y lo usamos para transmitir, no sólo la cercanía, sino también la afinidad, el respeto y la conciliación. El tacto es algo natural, pero sigue reglas inconscientes complicadas.
      La calidez es la característica más notable de la población en general, y también existe en el lenguaje. El vocabulario libanés es abundante en agradecimientos y bendiciones, y los usamos con idéntica frecuencia. Expresamos nuestro aprecio a los trabajadores al decirles “Que Dios te dé una salud floreciente”; agradecemos a los extraños al decir: “Que Dios bendiga estas manos”; nos despedimos de los extraños con la fórmula “Vaya con Dios”. La mayoría de estas bendiciones abarcan todas las religiones del país, si bien existen algunas más específicas. Y más de una vez se escucha decir “en nombre de Jesús el Mesías y Mahoma el Profeta”. Esta cordialidad exquisita es rara vez fingida. Si alguien se impacienta con Uds. será directamente rudo, aún cuando le paguen para ser amable.
      Además de las fórmulas de gentileza, la lengua es no menos rica en la exageración colorida que se usa en la expresión diaria y que suele ser pintoresca y desopilante. Por ejemplo, existe la expresión “él/ella hace volar un elefante”, que se refiere a alguien que inventa historias.
      Como la mayoría de los pueblos del Mediterráneo, nos cuesta hablar sin hacer gestos con las manos. Una característica interesante del lenguaje es que hacemos uso generoso de citas y proverbios en la conversación diaria. En una conversación en inglés, podría sonar extraño si de repente citáramos a Shakespeare o si usáramos un lenguaje arcaico, pero para nosotros es natural, y deriva del amor a la lengua misma.
      El lenguaje libanés es muy informal, tanto en forma como en contenido. En cuanto a la primera, se toma libertades con las reglas de la gramática árabe, probablemente debido a que no es totalmente producto del árabe, y mezcla distintas lenguas en forma irreverente. Algunos suelen empezar una frase en un idioma y terminarla en otro. Esto no es una exageración, sino una característica de los libaneses, y una de las razones por las los otros pueblos árabes tienen dificultades en entender lo que decimos. La otra razón es que se usan muchas palabras que suenan como árabes pero que son en realidad híbridos de otros idiomas, como francés, inglés, italiano, griego o turco. Han sido transformadas para adecuarse a la estructura árabe pero son totalmente extrañas para cualquier oído no acostumbrado.
      En cuanto al contenido, los libaneses se dirigen siempre a los demás como si fueran de la familia, o al menos conocidos. El taxista o el vendedor que usa términos afectivos como “querido, querida” es bastante frecuente, y existe además la costumbre nacional de dirigirse a los extraños como “tía”, “tío”, “hermano”, “hermana”, o algún otro apelativo familiar. Curiosamente, tales apelativos son recíprocos, y suele ocurrir que una madre llame a su hijo “mamy”, por ejemplo o que alguien en la calle llame “tío” a otra persona que no lo es.
      La familia es el núcleo de la cultura, y ser sociable generalmente implica tratar a la gente como familia, ya que es éste el gesto más cordial hacia los que están fuera de nuestro ámbito. Funcionamos en base a nombres de pila en nuestro modo de dirigirnos a los demás, excepto en los ambientes más formales. Allí se da el apellido más que nada para ayudar al interlocutor a ubicarlo en el mapa de la población que cada libanés tiene en la mente.
      Los apellidos no se usan para individualizar más aún a la persona: en las reuniones sociales, son simplemente un indicador de la familia a la que se pertenece. Más aún, es convencional usar como segundo nombre el primer nombre del padre, lo cual aclara aún más a qué rama de la familia se pertenece. A veces la gente no menciona su apellido sino que simplemente dice “ el hijo de Fulano “ o “el padre de Zutano”.
      Naturalmente, la familia tiene gran importancia, y no sólo los miembros más cercanos: nuestro concepto de familia incluye a abuelos, tíos, tías, y primos, y se extiende hasta abarcar a primos segundos, etc. Pero al margen de cuán extensa sea la familia, siempre hay un lugar al que consideran la “fuente”. Generalmente es el pueblo de origen, pero a veces es sólo una casa.
      Las familias se aferran mucho a su lugar de origen y lo visitan con la mayor frecuencia posible. Grandes eventos como bodas y bautismos se realizan generalmente en la iglesia del pueblo, a pesar de la distancia. Esto explica por qué somos tan afectos a las tradiciones campestres y las revivimos en toda ocasión, aún los más occidentalizados de nosotros.
       Las bodas son como sus equivalentes en América y Europa, con el vestido blanco de la novia, el ramo de flores y todo lo demás, salvo una serie de detalles que provienen de una larga tradición y se integran adecuadamente a lo anterior.
     Artesanías tradicionales centenarias, como el jabón de aceite de oliva, o milenarias, como la alfarería y la elaboración del vidrio por soplado (inventado por los fenicias), son parte integral de la vida cotidiana, y se usan tanto por razones prácticas como estéticas. El tradicional vestido libanés, de un bordado primoroso, es difícil de llevar hoy en día, por lo cual se lo usa en el hogar.
      En un momento en que firmas renombrada mundialmente han abierto sus puertas en Beirut, todavía compramos nuestras verduras de los vendedores ambulantes, que empujan sus carritos cargados con vegetales frescos por la calle, frente a nuestra puerta. Podemos llamarlos desde el balcón antes de bajar una canasta con una soga para que completen nuestro pedido.
     Algo que puede decirse a favor (o en contra) del Líbano es que nunca deja de mirar hacia el futuro. Cuando se busca siempre el progreso, a veces se corre el peligro de olvidar el pasado, o al menos lo hace la parte menos comprometida de la sociedad.
      Beirut ha sido el centro cultural del Medio Oriente desde la Antigüedad: ya entonces inauguró la primera Escuela de Leyes de la historia, y allí acudían griegos y romanos a estudiar. Hoy en día, la ciudad sigue siendo muy activa y cosmopolita, y es sede de eventos culturales y artísticos de nivel mundial.
      Tenemos la ventaja de una amplia apertura hacia la cultura. Nos viene desde Europa, América y el mismo Medio Oriente. No sólo estamos al tanto de lo que ocurre en el resto del mundo, sino que tomamos la información de distintas fuentes, con perspectivas igualmente diferentes.
     Esta apertura al exterior explica por qué somos una sociedad muy liberal, considerando la región, y una mezcla paradójica de tabúes del Medio Oriente y de libertad occidental. Los hombres crecen con la idea de que se supone que las mujeres deben seguirlos. Las mujeres, por su parte, crecen con un gran carácter, la total conciencia de su belleza natural, y las técnicas para resaltarla. Son muy elegantes y a la moda. No debe llamar la atención, entonces, que los turistas extranjeros mencionen a las mujeres libanesas como uno de los factores que más los han impresionado.
     No hay ningún producto de Occidente que no llegue a nuestro mercado, y los teléfonos celulares en particular, están extremadamente difundidos. Se cree que, después de Finlandia, el Líbano tiene la mayor densidad de este tipo de comunicación en el mundo. Esto se explica, en parte, por el amor de los libaneses por los artefactos. Cuando se introdujo el teléfono celular, las líneas fijas no habían sido reparadas totalmente de los daños de la guerra. De modo que mucha gente simplemente los reemplazó por los móviles.
     Ser fanáticos incurables de la moda es sólo parte de los muchos rasgos peculiares de los libaneses. Otra característica famosa es su impuntualidad crónica. Por ejemplo, si un espectáculo debe comenzar a las 8 de la noche, significa que la gente empieza a llegar a las 8.30, y realmente comienza poco después de las 9. Se ha intentado últimamente corregir este problema, rogando puntualidad estricta en las invitaciones. Otra solución más drástica sería indicar el comienzo del espectáculo a las 8, con la intención de comenzarlo a las 9. Así sólo habría unos pocos retrasados. Cabe destacar, sin embargo, que se nota en los últimos tiempos una mayor puntualidad en general.
      Menos merecida es nuestra reputación de malos conductores. No somos malos conductores; simplemente somos renuentes a seguir las leyes de circulación del tránsito. Nuestras habilidades son incuestionables. Dominamos el vehículo, los reflejos, el conocimiento profundo, tanto de las rutas rectas como de los sinuosos caminos de montaña, es decir, todo lo necesario para participar en una carrera. Simplemente no nos gustan las reglas, de modo que ignoramos los semáforos, los signos de una sola mano y, a veces, manejar en el lado derecho de la calle. Pero debemos decir a este respecto que esto también está cambiando, debido a las fuertes multas que se cobran por las infracciones de tránsito.
     ¿Dijimos que a los libaneses no les gustan las reglas? En realidad, lo que no les gusta es la rigidez. Está contra nuestra naturaleza quedarnos atascados en pequeños detalles que no tienen significado para nosotros. Un buen ejemplo de esto es nuestro uso de una divisa doble: la libra libanesa y el dólar estadounidense. Usamos ambas monedas en forma simultánea, a un tipo de cambio convencional de US$ 1 = 1.500 libras libanesas. No importa cuál sea el tipo de cambio real, simplemente simplificamos. Usamos los dólares como si fueran billetes de 1.500 libras (US$ 1), 7.500 (US$ 5), 30.000 (US$ 20), etc. Se puede pagar con una, otra o con ambas. Lo mismo ocurre con el vuelto.
     Podemos recordar el pánico que causó en los europeos la aparición del euro. Había diferencia de centavos cada vez que había un cambio, y esto, supuestamente, traería consecuencias catastróficas a la economía. Los libaneses, en cambio, nunca se preocupan por el cambio exacto. Prefieren el redondeo, de modo que pueden pagar de más o de menos, con tal de evitar lidiar con el cambio chico.
    A veces, en el supermercado, en lugar de devolver cambio menor a 1.500 libras, el cajero entrega una golosina. Esta actitud general tiende a hacer la vida más facil. No se sabe qué implicancias tiene en la economía en general, pero hay una anécdota muy conocida al respecto. Hace algunos años, se convocó a un grupo de especialistas belgas para analizar la situación económica. Trabajaron día y noche durante mucho tiempo antes de informar los resultados: “NO TENEMOS IDEA de cómo se las ingenia el sistema local para funcionar, pero sea lo que fuere, sigan haciéndolo”.
      Es éste sólo un breve panorama de las características más salientes del pueblo libanés. Existen muchas más cosas interesantes para decir sobre este tema, y esto será un excelente motivo para otra charla.
               * * * * * * www.cedarseed.com/lebsociety.html  * * * * * * *
 

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