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Hace ya, unos
cuantos años que estoy trabajando en un proyecto de investigación
histórica sobre la Inmigración libanesa y siria en la Argentina.
Tuve la
suerte de entrevistar a cientos de hombres y mujeres que llegaron a
principios del siglo pasado de tierras tan lejanas. Ellos nos contaban
cómo era su aldea, cómo vivían y las expectativas que tenían al elegir
a la Argentina como país de inmigración. |
En marzo de este año el Dr.
Horacio Munir Haddad, presidente de la Fundación "Los Cedros", me
invitó a viajar al Líbano, junto a una delegación de importantes autoridades
del quehacer cultural, militar y de la colectividad. El motivo de esta
convocatoria fue que por primera vez iba a ser llevado un busto de nuestro
máximo héroe, general Don José de San Martín, a tierras libanesas.
Me sentí feliz y muy agradecida
ante este gran hombre que trabaja en silencio y humildad mostrando a la sociedad
argentina la trascendencia que tuvo y tiene la cultura de sus ancestros.
Me sentí también reconfortada al
ver que mis investigaciones históricas habían hecho conocer a la colectividad
las redes solidarias que existían entre los compatriotas a su llegada a la
Argentina.
Con gran ansiedad esperaba el día
de la partida preparando mis valijas, ordenando mi trabajo en el Museo Roca y
organizando las actividades que mis hijos debían realizar en la casa antes de
mi ida a Medio Oriente.
Sentí una profunda emoción al
llegar a la República Libanesa porque iba a conocer una tierra llena de
historia. Además recordaba a todos aquellos hombres y mujeres que pude
entrevistar en mis investigaciones en las que ellos me relataban lo hermoso que
era el País de los Cedros.
El día 9 de mayo de 2001, en
coincidencia con la celebración del Primer Aniversario de la inauguración de
la sede Líbano de la Fundación "Los Cedros" en Zahle, tuvo lugar la
realización del acto alusivo en homenaje al libertador General José de San
Martín y el descubrimiento del busto del prócer.
En la ciudad de Zahle, hermosa
novia de la Bekaa, me conmovió la hospitalidad de sus habitantes, la
luminosidad de su paisaje, el agua cristalina del río Berdauni que lo recorre.
Estuvimos alojados toda la
delegación argentina en el suntuoso "Grand Hotel Kadri". Al día
siguiente, 10 de mayo, fuimos invitados por el gobierno libanés a visitar el
orfanato "Hogar de la Ternura". Ese día iba a estar presente la
señora del Presidente junto con el Ministro de Educación.
Ese lugar me impresionó muy
favorablemente. Allí viven 450 niños de entre 6 y 14 años. Los padres de
todos ellos murieron en la última guerra. El edificio es confortable, rodeado
por un gran parque desde donde se ven las montañas. La estructura del mismo se
conforma con grandes ventanales, habitaciones muy cómodas; las de las niñas
son de color rosa fuerte mientras que las de los varones son turquesa, es un
edificio lleno de luz y color. Las niñas tienen sus muñecas y juguetes en
grandes baúles en una salita contigua a sus dormitorios –lo mismo ocurre con
los varones. También hay una importante sala de computación.
Las maestras, junto a sus alumnos,
prepararon el acto de bienvenida. Fue muy emotivo cuando una pequeñita de unos
seis años habló con gran sensibilidad hacia un público profundamente
conmovido. Luego bailaron danzas folklóricas y cantaron. Al terminar el acto,
la Primera Dama entregó un obsequio a cada uno de los niños.
Por la tarde fuimos a la grandiosa
Baalbek, tras almorzar en un restaurant que era un castillo muy antiguo. Me
sorprendió la gran extensión que tiene ese gran santuario arqueológico;
estuvimos mas de tres horas subiendo y bajando entre esas milenarias piedras.
Saque numerosas fotos. A cada paso que daba encontraba templos, columnas,
santuarios. Nunca imaginé que iba a encontrar ruinas tan bien conservadas.
Otro día fuimos a Beirut. Me
impresionó como estaban construyendo edificios, casas particulares, puentes,
etc. Me gustaron los shoppings; la calidad de los productos que vendían; el
barrio armenio con gran cantidad de joyerías. También es conmovedor ver la
religiosidad del pueblo libanés; se escuchaba al unísono repiquetear las
campanas de las iglesias católicas junto al llamado al rezo del muisin de los
musulmanes. Luego fuimos a la antigua ciudad de Biblos, fundada por los fenicios
hace más de 7000 años.
En otra oportunidad nos quedamos en
la bahía de Yunis recorriendo toda la costanera, tomando sol y dándonos unos
chapuzones en el mar Mediterráneo, que en el Líbano tiene un color turquesa
profundo. Almorzamos en un restaurant hermoso llamado "Manuela" frente
al mar. Nos sirvieron exquisiteces frías y calientes. Luego nos llevaron a otra
mesa a comer los postres con licores de diferentes gustos.
Ese día fuimos a uno de los
conventos ortodoxos más antiguos llamado Balamand. También en ese lugar hay
una universidad donde se estudia teología, ciencias humanísticas, etc.
Otro día fuimos a la gruta de
Sheita. Ahí sí que no se puede describir lo hermoso que es! Al entrar me
estremecí al ver las enormes estalactitas formando distintas figuras. Cuando
íbamos en los barquitos pude saber qué era el silencio: lo único que se
escuchaba era la caída de pequeñas gotas. Al estar en ese lugar medité,
agradeciéndole a Dios por permitirme ver tanta belleza. Ese día fuimos
también a otro lugar espectacular: visitamos a Nuestra Señora de Harisa,
subimos la escalera caracol hasta el pedestal donde se encuentra la virgen de un
color blanco nieve. La vista panorámica de ese lugar es magnifica, se ve la
ciudad de Beirut, la bahía de Yuni, el Casino, la Iglesia Melquita. Al bajar
encontramos los importantes conventos maronitas.
También tuve la suerte de visitar
dos familias libanesas parientes del Dr. Haddad: una radicada en Zahle y la otra
en Beirut. Nos atendieron con gran hospitalidad, nos brindaron cenas y almuerzos
que no voy a poder olvidar.
Ya de regreso, nos dirigimos al
aeropuerto de Beirut, el cual es una estructura muy amplia, moderno y
confortable. Cuando dejé las tierras libanesas me sentí triste, a pesar de que
mi próximo destino era París.
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