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Su novela “Oui…entonces no eres francés” publicada en 1859, precede las obras de Haikal, Al Marrash y Al Bustani.
Esta importante e innegable noticia llegó desde el Cairo: el libanés, Jalil Afandi Al Juri, es el primer novelista árabe, y su simpática novela, “Oui…entonces no eres francés”, publicada en 1859 es la primera novela árabe.
Esta novela, desconocida hasta ahora, fue descubierta casualmente por el investigador egipcio, Mohamad Sayid Abd Al Tawab, fue rápidamente apadrinada por el “Consejo Superior de Cultura” en el Cairo, y publicada con una introducción del escritor egipcio Sayid Al Bahrawi. Este significativo descubrimiento brinda a la literatura árabe una nueva dimensión histórica, y pone fin al debate sobre cual fue la primera novela que inauguró el arte de novela árabe. Pero este hallazgo no significa que no se descubran otras obras- desconocidas hasta el momento- que puedan ser anteriores a ésta.
En el pasado, los críticos árabes aseguraron que la novela “Zainab” (1914) del egipcio Mohamad Hussein Haikal, fue la primera novela árabe, luego descubrieron la novela “Ghada Al Zahera” (1899) de la libanesa Zainab Fawaz, después la novela del libanés Salim Al Bustani, “Hiam en los jardines de Al Sham” (1870),y finalmente la del sirio Francis Al Marras, “El bosque de la verdad” (1865).
La novela de Jalil Al Juri no se caracteriza solamente por su liderazgo histórico, si no también por su calidad de narración, su lenguaje y sus personajes. Es la primera en el sentido del armado del arte de novela árabe puesto que, a diferencia de las anteriores, ésta no posee la lenta narración y la dimensión moral y educacional que tradicionalmente estábamos acostumbrados. Esta ha sido escrita según el “modelo europeo de novelas”.
Sus personajes viven una significativa lucha desconocida en las otras novelas y la misma, contiene una cuota de suspenso que atrae al lector con su trágico final.
El autor al usar un lenguaje entre el árabe formal y el dialecto árabe popular, demuestra un acercamiento importante al arte de escribir una novela. Logró acercarse al lenguaje de la vida. Su lenguaje en esta novela es muy diferente de sus expresiones poéticas donde utiliza el árabe formal.
Se conoce públicamente que Jalil Al Juri, fue quien fundó el primer diario árabe en el año 1858 en Beirut, titulado “El jardín de las noticias”. También fue el primer diario que se publicaba en el Imperio Otomano fuera de Al Astana. Este periodista y escritor, que su nombre desapareció de la memoria del arte de la novela árabe, fue un destacado poeta de su tiempo y tiene antologías que todavía están perdidas. El crítico Maroun Aaboud expresó con precisión que fue “El primero que vertió la poesía antigua en un molde nuevo”.
Es probable que al escritor Al Juri lo ayudó el saber muy bien el idioma francés, (y el turco) a reconocer el significado de la novela francesa y sus técnicas “modernas” de aquel entonces. Así construyó su novela según “el molde” europeo, liberándose de muchos obstáculos que dificultaban el trabajo literario, y que le permitieron alejarse del arte de los primeros cuentos. No es extraño que en su novela haya tocado el tema de la relación entre el oriente y el occidente de un modo espontáneo y no “ideológico”.
La trama de la narración nos lleva a destacar a cuatro personajes que viven una lucha acerca de la identidad y la pertenencia. Algunos se inclinan hacia el occidente y otros hacia el oriente. La visita de un joven francés a la ciudad (Halab) significa avivar esta lucha.
Los personajes se mueven en un abierto conflicto. “Monsieur” Mijalí que “afrancesó” su nombre (Mijael), y es apasionado de Francia, habla en francés, viste el atuendo francés, odia la arabidad y ama a los franceses, se niega a casar a su hija Emily con cualquier hombre sirio o árabe.
La esposa es fiel a sus orígenes, ama su arabidad y busca casar a su hija con un pariente de ella llamado “Asaad”. Cuando “Mijali” conoce al joven francés Edmund, se deslumbra con él y trabaja para acercarlo a su hija con el fin de que se casen. Pero la hija, que ama a “Asaad”, entra en una confusión que la lleva a perder a los dos pretendientes.
El final es más que trágico: el francés Edmund ha mentido a la familia diciendo que es aristocrático. Se pone en evidencia a través de una carta que le llega de su padre. El joven resulta ser un sirviente acusado de robo y fugitivo de prisión. Esta verdad pasma al “Monsieur Mijali” y a su hija que recurre al aislamiento total después de su desilusión con Edmund y la emigración de Asaad cansado de la negativa que envuelve a su amada.
La historia contiene ironía, especialmente relacionada con el personaje “afrancesado” del padre y con algunas apariencias engañosas en las cuales se esconden detrás los personajes que están alucinados con el Occidente. Cuando Mijalí descubre el engaño de Edmond expresa, como burlándose de sí mismo: “Oui…entonces no eres francés”. La palabra “oui” significa “sí” en francés y el autor la utilizó para demostrar auto- ironía.
El descubridor de la novela, Mohamad Abdu Al Tawab sostiene que no se debería haber fotocopiado la novela de su edición original del año 1859, ya que las letras no son claras, y algunos significados y acentos están ambiguos… si se hubiera vuelto a tipear el texto, hubiese sido de lectura más fácil y entretenida.
El descubrimiento de esta novela es un acontecimiento egipcio, libanés y árabe, no solamente porque es la primera novela árabe en la historia, sino también porque es una novela verdadera en el sentido artístico de la novela. En esta importante obra vemos muchos aspectos tradicionales especialmente cuando el narrador viaja de Beirut a Halab donde transcurren los acontecimientos, y ella incluye más de ochenta páginas de agradable narración, de cuento interesante, de suspenso y diálogos creativos.
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