Libaneses de San Isidro

En dos tiempos

I

Un fragmento del Líbano lejano,

un digno pedazo entristecido,

es el Panteón Libanés en el centro

del Cementerio de San Isidro.

Bajo esa columna truncada,

que ostenta el legendario

perfil de un cedro airoso

- trazado por las diestras ¡ay! Y perdidas

manos de mi padre hecho memoria -,

bajo esa blanca lápida descansan,

corazones evaporados

de sus marchitos pechos.

 

Descansan de fatigas,

Laboriosos y honestos

libaneses que han huido

llevándose su alegría.

 

 

 

sus manos ya no rasgan

el laúd bajo las parras;

sus chistes son los ausentes

que flotan en el aire,

cuando es aroma el narguile y el aárek.

¡Oh, árboles de Oriente

secos y consumidos!

Nosotros vuestros hijos

Os mantenemos verdes.

 

Mucho amor a vosotros

enmudece y se oculta,

cuando una lágrima moja

esos mármoles blancos.

 

II

Y hay también en San Isidro

un sitio alegre,

adonde se encaminan

amigos en el tiempo fieles.

Es una Asociación – libanesa por cierto -,

fundada por pioneros: augusto el óbolo,

constructivas sus mentes,

y en toda adversidad porfiado el sueño...

 

Entre brindis y músicas,

cuántos sacrificios encierran esas paredes.

Cuánto amor al futuro

mientras se iba la vida,

amados padres nuestros!

En esa modesta casa, hospitalaria

Y fragante tal una villa del Líbano,

Se cumple el rito de la tierra lejana

Amando nuestra patria de argentinos.

Adela Tarraf

 

                                                                                         

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