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La emigración libanesa en la Argentina
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| Las Etapas |
A partir del año 1860, el proceso de la emigración
libanesa comprende las siguientes etapas:
1)
Período de 1860 a 1900.
2)
Período de 1900 a 1914.
3)
Período de la guerra 1914 – 1918.
4)
Perído entre las dos guerras mundiales (1918 –
1939).
5)
Período posterior a la guerra 1939 – 45. 6) Período
posterior a 1975, hasta fines de 1990 (guerra interna en el Líbano).
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Toda emigración, individual o colectiva, constituyó siempre un acto de arrojo y de esperanza. Cada inmigrante era, así, un héroe y un fundador, un visionario y una semilla. El Líbano, la antigua Fenicia, madre del alfabeto, el comercio y la navegación, que se ubica entre los pueblos más viejos y polifacéticos del planeta, produjo desde mediados del siglo pasado una emigración fecundísima hacia el mundo en general y América en particular. En la actualidad en la Argentina se estima más de un millón y medio los ciudadanos de ascendencia libanesa. Esta emigración fue consecuencia, además de las características psiclógicas de su pueblo, de factores económicos y de las luchas por la Independencia y persecuciones religiosas en un Líbano en constante insurrección, acentuada a partir de 1861, contra la dominación otomana. Este agobio cesó con la derrota y desmembramiento del Imperio Turco en la Primera Guerra Mundial, en que por la Conferencia de Paz de Versalles, inaugurada en 1919, El Líbano fue colocado bajo el protectorado transitorio de Francia. El grueso de los inmigrantes eran cristianos, tanto católicos de los ritos maronita o melkita, como ortodoxos, en general provenientes de la parte conocida como Monte Líbano y sus valles. Posterior en el tiempo y mucho menor, incluso en proporción al espectro religioso del Líbano, fue la inmigración de libaneses de creencia musulmana, ya fueren alauitas, sunnitas, shiitas o drusos. En esto último influyó que el acoso nacional y político que padecían por igual todos los libaneses, se sumaba el religioso en el caso de los no islámicos. Hubo también inmigración de origen armenio, gran cantidad de cuyos naturales fueron acogidos por El Líbano tras la persecución turca de principios de siglo. Todos ellos se radicaron a lo largo y ancho del país, aunque optaron preferentemente, además de Buenos Aires y Córdoba, por el Noroeste y Cuyo, y parte de la Patagonia. Como es natural, tras los inmigrantes vinieron sus instituciones y aspiraciones nacionales. Ya a principios de siglo funcionaban también en la Argentina las Uniones y Sociedades, a igual que los de París y el Cairo, de apoyo a los movimientos por la Independencia del Líbano contra el ocupante turco. En 1938, a raíz de los conflictos con Francia, país mandatario que retardaba la formalización de la independencia política, se crea en Buenos Aires la Asociación Patriótica Libanesa, que luego erige la Casa Libanesa, hoy Club Libanés de Buenos Aires.
La sede diplomàtica
Con la declaración de independencia en 1943, al esteblecerse la
representación diplomática, los inmigrantes y sus descendientes adquieren y
donan al Líbano la actual sede de la Embajada. Acentuando la significación de
tantos connacionales que partieron para siempre, la Cancillería del Líbano se
denominó Ministerio de las Relaciones Exteriores y de los libaneses de Ultramar
. En el año 1954 se produce la visita oficial a la Argentina del presidente
Constitucional del Líbano, don Camilo Chamoun.
También tras los inmigrantes vinieron y se establecieron las
instituciones de sus distintos credos, que como resulta lógico crecieron y se
mantienen en toda su plenitud.
Los católicos maronitas en 1902 levantan en Buenos Aires su primera
Iglesia y colegio, y publican durante casi medio siglo la revista El Misionero
en idioma árabe. Los católicos melkitas en 1905 erigen en Córdoba su primera
Iglesia, y en 1914 los ortodoxos en Santiago del Estero también su primera
Iglesia. Los judios – libaneses se integran a la comunidad religiosa sefaradita,
que les es común. Los Islamicos, en sus diversas manifestaciones, se expresan en
especial a través del Centro Islàmico de Buenos Aires.
Actualmente hay Iglesias, templos, mezquitas y escuelas vinculadas a
estos credos y ritos en muchas otras ciudades de la Argentina, habiéndose
elevado en dignidad sus prelados y jerarquías religiosas. Inclusive el Papa Juan
Pablo II creó en 1990 una Eparquía Maroneta en carácter de diócesis única para
todo el país, designando su primer Obispo, que entegra la Conferencia Episcopal
Argentina.
En la historia de los inmigrantes libaneses en la Argentina, no puede
omitirse la de sus similares de Siria. El mismo idioma, e iguales causas
políticas, religiosas y económicas de emigración, les llevaron en un principio a
vincularse en Instituciones comunes, motivando a que seles conociese erradamente
como sirio-libaneses. Fueron o son expresión de ello el Banco Sirio libanés del
Río de la plata (luego transformando en el Banco Crédito Rural Argentino), el
Hospital sirio libanés de Buenos Aires, que aún perdura y cumple una
importantísima labor, el ya desaparecido Diario Sirio Libanés, que se publicba
en árabe y en español, e innumerables clubes sociales, mutuales y organizaciones
denominadas sirio-libanesas, especialmente en las provincias. Ultimamente, en
razón de la guerra civil y presencia de fuerzas sirias en El Líbano, las
Entidades de origen libanés enfatizan su perfil de tal. De cualquier manera en
las recientes décadas, como consecuencia de una más completa extensión e
integración en el país, fallecidos los los pioneros, muchas de estas
instituciones, tanto más las que comprendían a ambas colectividades, fueron
desapareciendo o limitando su actividad, aflorando asociaciones de otra
relevancia, como es el caso de la Unión Libanesa Cultural Mundial, con su
capítulo argentino. Ademàs de las ya
mencionadas, limitándonos a las que tienen sede en la Capital Federal (las del
resto del país superan el centenar), entre otras actuales entidades de la
comunidad libanesa , o con presenvia activa de ésta, pueden señalarse la Unión
Cultural Argentino-libanesa,
la Asociación de
beneficencia Drusa, la Asociación Arabe Argentina Islàmica, la Fundación los
cedros, la Asociación de Damas libanesas, la Asociación de San Marón, la
Asociación de Damas de San Jorge, la Asociación Akarense, la Càmara de comercio
Argentino – libanesa, el
club
Libanés, el hospital Sirio-Libanés, la Misión Maronita Libanesa.
Finalmente hoy, a mucho más de un siglo que comenzara la gesta
migratoria, no hay región de la Argentina
en que los libaneses o sus descendientes no hayan fecundado la tierra, levantado
industrías, establecido comercios, participando activamente en el proceso
histórico-social de transformación del país. Religiosos, poetas, filósofos,
escritores, músicos, diplomàticos, políticos, profesionales, científicos
artistas, educadores, militares, magistrados, tribunos, se han manifestado y
manifiestan en todos los órdenes de la vida nacional haciendo realidad los
sueños de los mayores, de paz, libertad y trabajo.
Junto a estas instituciones, muchas otras dispersas en el interior del
país, trabajaron para mantener la identidad del Líbano, a través de centros
exclusivamente libaneses y de otros en los cuales también aparecen agrupados con
migrantes de lengua árabe, pero de diferente identidad nacional.
Los libaneses poseen un marcado sentido de adaptación y rápidamente se incorporan a la vida regional de cada
lugar donde se instalaron.
Cuando Gibran Khalil Gibran declara que la “nostalgia por la patría lo consume” sintetiza el
sentimiento más íntimo de los emigrados. Si fue la rápida adaptación una fuerte
característica de este grupo, también lo fue el deseo del retorno más nostalgico
y romántico que real, y que se traduce en las expresiones de un sentimiento muy
marcado de amor hacia la tierra y hacia sus virtudes, amor que proyectaron en el
país que los recibió y en sus hijos argentinos. |
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