
Llegó desde el mar, traía consigo,
Un baúl repleto de ilusiones
Por todo equipaje y todo abrigo.
Dejó tras de sí otros pañuelos
Que A la vieja patria despidieron
Y se fue quedando
En esta tierra, que abonó con su cuerpo.
Argentina fue la patria de sus hijos y sus nietos.
Aquí quedamos con la nostalgia
Prendida en nuestra sangre
De nacer en la tierra de otros padres.
Porque hoy mi cuerpo
Se enciende al erótico ritmo
De la danza del desierto
Desde el vientre mismo
De la madre tierra
Del Líbano lejano,
De mar mediterráneo,
Montaña y cielo.-
Fue mi abuelo, quizás el mercachifle
Quien me hizo amar este desierto?
Habrá encontrado la cítara lejana
En el fuerte murmullo de este viento
Donde añoraba la danza de los velos?
Fue, quizás la dulzura del michay
Combinada con el sésamo
O el Almizcle misterioso del neneo
Sin la fragancia del cedro?
¿qué fue, dímelo, abuelo.-
TAL VEZ FUE LA PAZ
LO QUE ENCONTRÓ EN ESTA TIERRA
Y, EL RESPETO POR LOS OTROS, RELIGIOSO O ÉTNICO,
POR ESO, EN ESTE TIEMPO DE ADVIENTO,
PERMITANME TERMINAR CON AQUELLA SEÑAL
QUE UN DÍA ME ENSEÑARA MI ABUELO :
WALWBEWN, GUASRU, EL ODO LA HUEGEN , AMEN.-
De la línea sur rionegrina, con afecto
Leticia C. Lencina
Viedma – R.N.
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