“ MANUEL BELGRANO Y SU AMOR A LA LIBERTAD”.

Charla del Embajador Hicham Hamdan, en ocasión del 40ª Aniversario de la Academia Belgraniana de la República Argentina, en el Museo de Arte Hispanoamericano “Isaac Fernández Blanco”
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   INTRODUCCIÓN

Es para mí un gran placer y un gran honor que me hayan solicitado hablar sobre una personalidad tan importante en la historia de la Argentina, y de su visión del futuro de su país. El tema no toca a la persona misma sino a sus principios, que fueron la piedra fundamental de nuevos cambios en la historia de la humanidad.

Sabemos que el General Belgrano recibió una gran influencia de la Revolución Francesa y de la evolución que ésta trajo a las relaciones humanas. Él se inspiró en las ideas de libertad, igualdad y dignidad humana, que la revolución aportó a la sociedad francesa. Como abogado y economista, y como general del ejército, Belgrano quiso influir en la sociedad argentina, destacando estos valores en numerosas ocasiones.

Sarmiento dijo de él: ”Belgrano joven va a estudiar a Europa y antes que Bolívar, Alvear y San Martín trajeran el arte de vencer, Belgrano trae las buenas ideas sociales, el deseo de progreso y de cultura, la conciencia de los principios de libertad que debían requerir luego el auxilio de aquellas espadas”.

No estoy en condiciones de evaluar sus logros, tarea que corresponde a la Academia Belgraniana, pero me doy cuenta de que el general Belgrano se convirtió en un símbolo nacional tanto por su papel como creador de la bandera nacional, como por sus esfuerzos para crear una sociedad basada en los principios que marcaron el camino para la evolución de la democracia y de los derechos humanos.

Como observador extranjero, siento que las ideas de Belgrano no sólo fueron importantes para su país sino para toda la comunidad internacional. Cabe destacar, por ejemplo, que los temas del trabajo que defendió con tanta intensidad el general Belgrano, fueron una cuestión central para la comunidad internacional, especialmente con la explosión de la revolución industrial. Recordemos que la primera organización internacional que todavía sigue vigente es la Organización Internacional del Trabajo.

PRIMERA PARTE

En el año 2002 tuve el honor de ser nombrado Académico correspondiente en el Líbano de la Academia Belgraniana de la República Argentina. Es mi intención construir un puente entre la Academia y algunas ong’s (organizaciones no gubernamentales) del Líbano, que se ocupan de temas que influyeron en la filosofía del general Belgrano.

Su experiencia en Salamanca (España) y en el Consulado, su tarea como periodista, así como sus traducciones de las obras de líderes del campo de la economía y sus Memorias, surgen como base para saber más sobre Europa y el desarrollo de América Latina. Me admiran sus esfuerzos para defender la libertad de prensa y para fortalecer el papel de la educación de todos los sectores de la sociedad, incluyendo a las mujeres.

El prócer escribe así para recomendar la educación.”Mucho conviene para la felicidad pública, poner la atención en los hombres para formarse….”.

Escribe también en su autobiografía: ”Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad y sólo veía tiranos que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutare de los derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido”.

En mi opinión, sería de especial interés si pudiéramos trabajar con la Academia para traducir algunas de sus obras al árabe. Creo que Belgrano, no sólo ayudó a modelar una nueva Argentina, sino que sus escritos pueden arrojar luz sobre el desarrollo de teorías económicas, valores educativos, igualdad social, y principios políticos y militares, entre otros.

Creo firmemente que debemos saber más de cada uno. El conocimiento es un modo de acercar a nuestros pueblos y, a su vez, de fomentar la paz y la seguridad y fortalecer las cordiales relaciones comerciales, culturales, turísticas y de otros ámbitos. Belgrano podría ser considerado una referencia en el campo académico. Sus enseñanzas y escritos mucho revelan sobre una era específica cuando cobraba impulso la revolución industrial, para dar nueva forma a las relaciones humanas.

Belgrano se reunió con el general San Martín en 1806, durante las invasiones inglesas a Buenos Aires. Se unió a las milicias criollas para defender la ciudad y resistir la ocupación. Resistir la ocupación extranjera fue siempre un acto patriótico para los pueblos invadidos.

Desgraciadamente, hay una tendencia a confundir la resistencia a la ocupación con el terrorismo. Resulta muy claro que para un ocupante extranjero, la resistencia es un acto de terrorismo, pero es doloroso que pueblos que han pasado experiencias similares en su historia, den la espalda a un derecho tan noble e inalienable. No debemos apoyar la muerte de civiles, pero tampoco alinearnos con el ocupante. La ocupación es el peor acto de terrorismo.

Es un gran honor para mí haber sido defensor de este principio durante las discusiones sobre terrorismo del 6to Comité de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Éste es el principio Incluido, tanto en la Carta del organismo como en la declaración de derechos humanos.

En 1810, Belgrano fue nombrado miembro de la Primera Junta de Gobierno del Río de la Plata. Pero su servicio al país tomaría luego otras dimensiones:

Después de dar seguridad a los habitantes de Curuzú Cuatiá y Mandizoví, Belgrano redacta una proclama dirigida a los pobladores de las Misiones para anunciarles que les eran restituidos los derechos de libertad, propiedad y demás garantías.

Dice Mitre que era éste el lenguaje de un libertador.

Juan Wenceslao Gez anota que Belgrano redimió a esos hombres y los enalteció, como ciudadanos de un pueblo libre.

Uno de los temas más difíciles que enfrenta la comunidad internacional es la creación de normas comunes para las libertades. Es evidente que cada sociedad tiene su propia cultura y pone sus propias normas. Ha habido serios esfuerzos durante la década del 90
en este sentido, comenzando en 1990, con la Conferencia sobre los Derechos del Niño.

A ésta siguieron otras, como la Conferencia sobre Desarrollo Sustentable en Río ()Brasil) en 1992, la Conferencia sobre Derechos Humanos en Viena en 1993, la Conferencia sobre Población y Desarrollo en El Cairo, en 1994, la Conferencia sobre Desarrollo Social en Copenhague (Dinamarca) y la de la Mujer en Beijing (China), ambas en 1995 seguidas por el Congreso Internacional de Asentamientos Humanos en Estambul (Turquía) en 1996.

Esta serie de Conferencias adoptó convenios a los cuales se adhirió la comunidad internacional, a fin de construir un nuevo orden mundial. Dichos convenios definen derechos y obligaciones para cada individuo, así como las metas a alcanzar en un ciclo de años, que se reconsiderarían cada cinco años.

Es un proceso a largo plazo, pero está allí. Lo mejor es que fue aceptado voluntariamente por todos los Estados-miembro de las Naciones Unidas. Da esperanza a la posibilidad de un cambio si cada parte de los convenios cumple con sus responsabilidades.

He subrayado la necesidad de todas las partes de cumplir con su rol pòrque la reforma en los países en desarrollo necesita el apoyo de las naciones desarrolladas. Nuestra esperanza de una comunidad internacional que adhiera a estos principios comunes de libertad debe trabajarse en conjunto.

Si Occidente insiste en que los países en desarrollo (que son 134) acepten principios de democracia, estos países, a su vez, quieren que Occidente acepte el derecho de la gente a vivir libre de pobreza, a tener acceso a agua potable, a la educación, al desarrollo y la prosperidad y a tener una vida saludable. Los países en desarrollo necesitan apoyo financiero y tecnológico. Necesitan asesoramiento pero también capacitación.

Sin duda, el mejor modo de salvar a los seres humanos de un gran derramamiento de sangre es respetar el derecho internacional y los derechos humanos. Belgrano y otros que compartieron sus ideas, ya fuese aquí en la Argentina o en otras partes del mundo, marcaron el camino para la evolución hacia las normas internacionales que rigen actualmente las interrelaciones de un modo civilizado y humano. Le llevó al mundo dos guerras mundiales darse cuenta de que la coexistencia pacífica dentro de la sociedad y entre las sociedades era lo mejor para lograr la prosperidad y el progreso.
Belgrano enfatizó la unidad de la sociedad. Y realmente, esta unidad interna es esencial para la estabilidad y el desarrollo. Esto se aplica muy especialmente a las sociedades multi-étnicas o multi-confesionales. Es imposible construir cohesión o unidad en base a políticas de degradación, discriminación o eliminación. La igualdad es fuente de unidad. La igualdad es respaldada por todos quienes adhieren a la democracia.

La Argentina es una sociedad multi-étnica. En el Líbano tenemos una sociedad multi-confesional. Ambos países entendemos la importancia de tener una sociedad unida. Aprecio realmente los esfuerzos del gobierno argentino, que estimulan el diálogo entre los distintos grupos religiosos. Muchas veces he sigo testigo de estos esfuerzos.

Pero déjenme expresar abiertamente mi honda preocupación, que espero consideren atentamente, antes de que sea demasiado tarde. He visto una tendencia creciente entre eruditos y analistas, de repetir algunos slogans como “terrorista islámico” y aún escribir artículos o publicar artículos de algunos escritores extranjeros que critican al Islam como tal.

En mi opinión, esto dejaría una herida abierta en la unidad de la sociedad. El Islam es inocente y ajeno a aquellos que llevan a cabo actividades salvajes y terroristas en nombre de la “jihad”. La “jihad” fue usada para difundir los valores islámicos. Aquí las matanzas no apuntan a la religión de la víctima. Los musulmanes también fueron atacados y murieron a manos de esta gente. Sus motivos son indudablemente de carácter político.

Hemos visto recientemente que los países árabes también fueron víctimas del terrorismo. Egipto y el Líbano fueron atacados el mismo día que Londres. Un diplomático egipcio en Bagdad fue asesinado el mismo día del primer ataque en Londres. El terrorismo no tiene religión ni nacionalidad. Realmente me preocupa que los analistas políticos, sobre todo en Occidente, intenten lanzar su plan de hacer del islam un enemigo mundial después del comunismo.

Recordarán Uds. que a principios de los noventa, algunos formadores de opinión de los Estados Unidos hicieron un llamado para tratar al Islam como el nuevo enemigo. Gracias a la prudencia de los líderes de estos países, este plan no se llevó a cabo, al menos por ahora.

No deseo detenerme más en este tema. Sin embargo, quiero expresar que, en mi opinión, el único modo de enfrentar este mal es trabajar para lograr vínculos más estrechos dentro de una sociedad, incrementar el diálogo y curar las heridas si las hubiera, fomentar la educación y la cultura autóctona, evitar la propaganda que fomenta el odio, y crear, dentro del marco de las Naciones Unidas, un diálogo que dé lugar a un régimen internacional donde trabajemos todos juntos como miembros de la sociedad internacional.

En resumen, la justicia, tanto a nivel interno como internacional, es el mejor medio de defender el futuro humano.

SEGUNDA PARTE

Al igual que millones de personas en el mundo, yo esperaba que la caída del comunismo y de la bipolaridad trajera paz y seguridad a la comunidad internacional. Pensé que existía una verdadera oportunidad para traducir en hechos los derechos y las libertades largamente abogados.

Ya no había razón para temer las ambiciones políticas. Sólo había que trabajar con una posición firme y segura, basada en normas del derecho internacional, fuera del doble estandar y de los intereses políticos a corto plazo. Me animaba la rápida terminación de la guerra interna en mi país, que había durado 15 años, y la convocatoria de las reuniones de Madrid para resolver el antiguo problema del Medio Oriente, así como la firme posición contra las masacres en los Balcanes y en África.

Me entusiasmaba cada vez más la serie de conferencias internacionales que tuvieron lugar para responder a varias cuestiones. La Conferencia para prolongar indefinidamente el NPT (Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares) , la Conferencia de Buena Gobernabilidad y, sobre todo, la conferencia de Roma para establecer el Tribunal Penal internacional.

Estábamos dedicados a trabajar en la reforma de las Naciones Unidas, a fin de actualizarla para que pudiera afrontar las nuevas tareas que tenía sobre sus hombros. Tomó vigencia la Organización de Comercio Internacional, se creo el Tribunal internacional de Derecho del Mar, e incluso se adoptó un marco de acuerdo para el uso de los cursos de agua internacionales.

Las Naciones Unidas, junto con organismos internacionales y regionales trabajaron intensamente para diagramar detalles para un nuevo orden mundial basado en los principios de los derechos humanos y las libertades fundamentales. La Unión Europea, la Organización de Estados Americanos, la Liga Árabe, ASEAN, etc, todos trabajaban para aportar nuevas normas que respondieran a las nuevas demandas.

Todos coincidimos en fortalecer la democracia como medio de desarrollo y de progreso. Sin embargo, algunas potencias pensaron que la democracia podría lograrse mediante decisiones rápidas y la revisión somera de los métodos existentes. Impulsaron la apertura de los mercados y rápidas reformas en el campo político, económico, social y hasta cultural. Sin embargo, subestimaron los efectos de la cultura y la tradición en el mecanismo de los pueblos. Subestimaron el poder de la opinión pública de esos países.

CONCLUSIÓN

La democracia y los derechos humanos son un deber y todas las sociedades desean adoptarlos. Sin embargo, necesitamos tener paciencia. Como dijera Belgrano, la paciencia es un valor humano y político.

Belgrano vivió mucho antes de esta compleja realidad que nos presenta el mundo de hoy. Pero fueron los suyos también tiempos turbulentos, que necesitaban de un llamado a la paz y la unidad. Hoy como ayer, han sido éstas las metas de toda sociedad. Así lo entendió Belgrano. Por eso, sus ideas cobran hoy más actualidad que nunca. Honremos, pues, no sólo al prócer, sino al visionario.
 

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