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Fundación
Los Cedros
4 de mayo de 2010 a las 19:30 horas
Paz y Seguridad en Asia del Sur
Su Excelencia Don Hicham Hamdan
Embajador del Líbano
Excelencias
Distinguidos invitados
Damas y Caballeros
Considero un gran privilegio dirigirme a esta augusta
audiencia.
Hoy me gustaría compartir algunos pensamientos
sobre la paz y seguridad en Asia del Sur, una región
que aparece tanto en las noticias, que está tanto
en el candelero y tiene tanta turbulencia. Es una región
en la que no sólo colisionan las fallas geológicas
sino que históricamente fue una región
en la que colisionaron y actuaron en colusión
de etnias, culturas, religiones y pueblos para crear
nuevos paradigmas.
Asia del Sur comprende siete estados, principalmente
Pakistán, India, Bangladesh, Sri-Lanka, Nepal
y Bután, y alberga alrededor de 2 billones de
personas. Las Maldivas, un conjunto de islas, a lo lejos
en le Océano índico, unieron estos países
en un emprendimiento regional llamado South Asían
Association for Regional Cooperation (SAARC) (Asociación
del Asia del Sur para la Cooperación Regional),
una organización que tiene potencial pero trabaja
sobre posibilidades.
Para facilitar las referencias, desearía señalar
que India es un término que se volvió
corriente durante la época del imperio británico
que comprendía a la mayoría de los países,
excepto Nepal.
Con anterioridad, excluyendo a Sri Lanka y Nepal, se
llamaba Indostán. Tal como la diversidad del
Hinduismo, Indostán era un área vasta,
marcada por su variedad de dioses y divinidades, etnias
y lenguas. El término Hinduismo fue introducido
en la lengua inglesa en el siglo XIX para denotar las
tradiciones religiosas, espirituales y culturales indígenas
en India.
Hindú (Indo) era un nombre persa, para el río
Indo, correspondiente a la palabra en el sánscrito
védico Sindu para el mismo rio. El Rigveda, el
antiguo libro sagrado, hace mención a la tierra
Indo-Aria como Sapta Sindu (tierra de los siete ríos
en el noroeste de Asia del Sur, incluyendo el Indo).
En la escritura sagrada del Zoroastro el término
era Hapta Handu. Se lo utilizaba para nombrar a pueblos
que se encontraban sobre el río Indo o más
allá de él.
Indostán podría considerarse como una
definición que aglutina un área que poseía
pluralidad de todo, desde indigentes hasta príncipes,
desde demonios hasta deidades, pero difícilmente
una autoridad central que controlara la vasta extensión
del subcontinente. Cuando Alejandro Magno invadió
la región alrededor del 326 AC, luego de haber
cruzado los pasos del Hindú Kush, debió
luchar con un príncipe u otro en sus principados.
El primer intento registrado históricamente
de crear un reinado, al menos en el norte del subcontinente,
fue la dinastía Maurya, que se originó
luego de la invasión griega.
Si quieren ir más atrás en el tiempo,
fue la Indo-Aria la que invadió y migró
hacia estas tierras alrededor de 5000 años atrás
y se estableció en la planicie Indo-Gangética,
un área que podría equipararse aproximadamente
a la provincia de Punjab. Si los mitos son una referencia,
expulsaron a la población indígena de
los dravidianos quienes supuestamente se encuentran
ahora al sur de la India. Los arios crearon el sistema
de castas para intentar y asegurarse de que no hubiera
cruces de razas entre ellos y los indígenas.
De acuerdo con las escrituras antiguas hindúes,
existen cuatro "varnas" o castas.
La historia reciente de Asia del Sur refleja una amalgama
creada por los movimientos sucesivos desde el centro
y oeste de Asia en forma de conquistadores e inmigrantes
que se establecieron allí. La última,
aunque única invasión, fue desde el mar.
Previo a los británicos, fueron los mogules
los que establecieron el mas grande imperio, que ocupaba
principalmente la mayoría del subcontinente.
Los mogules fueron los últimos en la línea
de conquistadores musulmanes •- afganos, persas,
asiáticos centrales - que gobernaron Indostán,
trayendo con ellos una fe, conjunto de valores, cultura
y tradiciones diferentes.
Los 1.200 años de presencia musulmana en Asia
del Sur invaden la vida india, lo que es un anatema
para los hindúes. La situación actual
de Indostán refleja esta división. Pakistán
y Bangladesh son países con mayoría musulmana
mientras que India es un estado con mayoría hindú.
Asia del Sur, al igual que otras regiones del mundo,
está pasando por un proceso interactivo complejo
entre los legados históricos de disputas no resueltas
y la dinámica de la rápida globalización.
Sin embargo, la esperanza de los beneficios provenientes
del final de la guerra fría no fluyeron en Asia
del Sur. La misma permaneció envuelta en conflictos
impuestos, lo que acrecentó un ambiente de seguridad
peligrosamente frágil que ahora se encuentra
amenazado por el flagelo de las armas nucleares.
Cargados y plagados de su herencia, los estados de
Asia del Sur, al igual que muchos países en desarrollo,
se enfrentan con la alarmante paradoja - a mayor grado
de interdependencia global mayor es la amenaza de marginalización.
Los dos principales países de Asia del Sur,
India y Pakistán se independizaron en 1947 en
la era de la guerra fría. Por lo tanto quedaron
atrapados en la rivalidad de las superpotencias a su
manera. India adornó la cubierta de no-alineado
para explotar tanto a EEUU como a la URSS. Pakistán
abrumado por su sentido de inseguridad con relación
a un vecino cinco veces más grande procuró
seguridad alineándose con los Estados Unidos,
esperando disuadir los designios hegemónicos
de la India. Un importante cambio en los años
recientes de Asia del Sur fue la desaparición
de la competencia EEUU-Unión Soviética,
con la muerte de la Unión Soviética. Ni
India ni Pakistán pudieron contar con el apoyo
automático de una u otra superpotencia tal como
lo hicieron en el auge de la guerra fría. Sin
la amenaza soviética, Washington tenía
pocos incentivos para apoyar militarmente a Pakistán
para su seguridad. Esto puede haberse modificado en
cierta medida por las exigencias de los EEUU y Pakistán
en el contexto de las operaciones contra la reciente
amenaza terrorista proveniente de Afganistán.
En la misma veta, India perdió el apoyo de un
amigo importante: la asistencia soviética que
fue crucial para mantener la capacidad militar de la
India. Pero India continuó jugando con la carta
de China para la asistencia militar occidental en sus
esfuerzos por incrementar la influencia militar en la
región del océano índico.
El objetivo principal de Nueva Delhi luego de la guerra
fría fue la de procurar la aceptación
norteamericana del rol "gerencial" de la India
en la región. Con este objetivo, India se proyectaba
como un amortiguador del fundamentalismo islámico;
una restricción a las aspiraciones hegemónicas
chinas; el status de una potencia que procuraba confrontar
los problemas globales de la proliferación de
estupefacientes, terrorismo y difusión de armas
de destrucción masiva. Al concentrarse en cuestiones
sobre las que pudieran converger los intereses de EEUU,
India se retrataba como un estado cuya amistad adelantaría
los intereses estratégicos norteamericanos. India
procura la cooperación de EEUU para lograr la
hegemonía regional que, desde su punto de vista,
llegará más temprano que tarde, mientras
su revitalización económica gane impulso.
Dejando a un lado la preeminencia, el deseo de India
de dominación y establecimiento de su propia
esfera de influencia en la región de Asia del
Sur, ha crecido exponencialmente a largo de los años.
Mientras que los estrategas indios no resisten exponer,
no es el océano índico sino el océano
de la India. Estas ambiciones, entre otras, se han traducido
en grandes adquisiciones forzosas de tierra y mar, la
última fue la de submarinos nucleares capaces
de transportar misiles nucleares. Con el desarrollo
de su arsenal de misiles nucleares y balísticos,
India está diseñando ahora una triada
de plataformas con capacidad terrestre, aérea
y acuática para proyectar su poder. Mientras
que su economía crece, India ha destinado más
y más recursos para obtener armamento avanzado
desde el exterior para desarrollarlo localmente.
Pakistán, que ha permanecido bajo amenaza perpetua
en procura de una solución amistosa de la disputa
sobre Jammu y Cachemira de acuerdo con las resoluciones
de la ONU, ha debido suplementar, forzosamente, sus
esfuerzos relativos a la seguridad. Habiendo resistido
dos guerras impuestas, y su división forzosa
en 1971. Se evitó una tercera guerra entre los
dos países con capacidades nucleares cuando India
acumuló en 2002 sus fuerzas armadas sobre la
frontera con Pakistán durante casi diez meses.
Pakistán ha debido, forzosamente, destinar preciosos
recursos para oponerse al impulso implacable de dominación
de la India.
El liderazgo indio ha asumido que India estableció
su hegemonía en Asia del Sur luego de haber desmembrado
a Pakistán en 1971. En el despertar de esta tragedia
y la subsiguiente explosión de un artefacto nuclear
por parte de la India en 1974, irónicamente llamado
"El Buda Sonriente", Pakistán también
procuró mejorar su capacidad nuclear para contrarrestar
el importante desequilibrio militar, exacerbado por
los programas nucleares y misilísticos de la
India.
Luego de la explosión nuclear china, India utilizó
el pretexto de una amenaza china. Pero estaba claro
que los programas nucleares y balísticos de la
India no eran una amenaza específica sino que
reflejaban su impulso por obtener una condición
de superpotencia que las élites indias reclaman
como su rol predestinado.
El programa nuclear de Pakistán tuvo el efecto
de posicionar un marco regional restrictivo de la ecuación
nuclear India-Pakistán, una perspectiva inaceptable
para la India. Dicha percepción menoscabaría
las ambiciones de la India y, por lo tanto, su rechazo
de las varias propuestas de no proliferación
presentadas por Pakistán.
India no estaba dispuesta a aceptar un régimen
de no proliferación nuclear en Asia del Sur que
incluyera al programa nuclear de la India. Para Pakistán
existía una conexión causal y determinista
entre su preocupación por la seguridad y las
asimetrías engendradas a partir de la escalada
militar y las capacidades nucleares/misilísticas
de la India.
(La disparidad en tamaño, recursos y adquisición
de armamento entre India y Pakistán no soto acrecentó
la amenaza para Pakistán sino que, con el tiempo,
agravó las asimetrías militares. Las guerras
entre India y Pakistán sólo elevaron la
sensación de defensa inadecuada de Pakistán
y de su inseguridad. La cuestión fundamental
que fustigó a sus centros de toma de decisiones
fue la de encontrar maneras y medios de asegurar la
soberanía seguridad de Pakistán en un
medio que ha sido implacable con su hostilidad, predecible
con su amenaza y cada vez más restringido en
sus opciones.)
Un reflejo patético de la preocupación
central sobre la seguridad de Pakistán fue reflejada
en las palabras de los autores del libro "Critica!
Mass, the dangerous race for super weapons in a fragmenting
world" (Masa Crítica, la peligrosa carrera
por las súper armas en un mundo fragmentado)
quienes, al referirse al programa nuclear indio, lo
describieron como la "manifestación dramática
del sueño persistente de Maha Bharata, los nacionalistas
hindúes, por una India más grande, en
la que todos los musulmanes has sido derrotados, dejando
el subcontinente entero y el océano en el que
sobresalen, gobernado por los hindúes".
En años recientes, la seguridad regional se
ha complicado aún más por el surgimiento
de la amenaza "terrorista" global. Mientras
que para algunos puede conjurar impulsos atávicos,
en el caso de Pakistán y la región, es
un fenómeno diario. Es innegable el hecho de
que el terrorismo ha afectado las relaciones Pakistán-India;
en algunos momentos las tensiones alcanzaron proporciones
de pesadilla, tal como en el caso del ataque al Parlamento
indio en 2002. El ataque terrorista en Mumbai en 2008
también se interpretó como un intento
por parte de extremistas de hacer estallar un conflicto
entre dos estados con capacidades nucleares, para desestabilizar
aún más la región, ya en peligro
por la crisis afgana.
El terrorismo es una amenaza seria para la región.
Tanto Pakistán como India necesitan realizar
esfuerzos conjuntos para atacarla. Mientras que a Pakistán
se le recuerda que debe hacer más para eliminar
esta amenaza, India, que fue uno de los pocos países
que no se opuso a la ocupación militar soviética
de Afganistán, ve una oportunidad de beneficiarse
a partir del caos afgano. Ha abierto una serie de Consulados
en Afganistán cerca de la frontera con Pakistán.
Pakistán está convencido de que las están
utilizando para canalizar asistencia a elementos disconformes
para actividades subversivas y de sabotaje en Balochistan
y en áreas occidentales. Ya con una amenaza persistente
en sus fronteras orientales, una situación en
dos frentes sería evidentemente interpretada
como una amenaza a su seguridad.
Los dilemas de seguridad de la región, complicados
por la amenaza del terrorismo, sólo pueden tratarse
significativamente a través de una resolución
justa y pacífica de la disputa sobre Jammu y
Cachemira. Eso es todo lo que Pakistán pretende
-la implementación de las resoluciones pendientes
de la ONU que permitan que el pueblo de Cachemira decida
su propio destino.
Puede ser que el terrorismo esté concentrado
en Afganistán pero sus reverberaciones y efectos
tienen largo alcance, tanto regional como internacionalmente.
Un único ataque en Mumbai pueden poner al borde
de la confrontación a dos estados nucleares,
un incidente explotado por los terroristas para canalizar
su existente desconfianza. Descarriló el diálogo
mixto, tan necesario para avanzar hacia la resolución
de las cuestiones pendientes entre ambos.
El diálogo es imperativo e ineludible en el
contexto Pakistán-India. Ya sea que su formato
sea bilateral o multilateral, debe ser retomado. India
se opone al proceso multilateral. Por lo tanto, debe
desarrollarse la avenida para el diálogo para
lo que existe una agenda y marco acordados. El proceso
de diálogo-puede descarrilarse pero no pueden
negarse sus beneficios.
Las relaciones de India con sus vecinos, en particular
con Pakistán, ensombrecen la región y
más allá de ella. De ello se desprende
la importancia de la normalización y la buena
relación entre vecinos. A medida que se acelera
el crecimiento económico de Asia, los países
de Asia del Sur deben aceptar la importancia de la interdependencia
a partir de otras historias regionales exitosas. La
displicencia de la India no coopera en absoluto.
Si los vecinos de la India, ya sea Nepal con sus cuestiones
de frontera, Bután que teme la anexación,
Bangladesh que enfrenta flujos distorsionados deliberados
del río, las energías de Sri-Lanka desperdiciadas
por las insurgencias inspiradas en el Tamil, se sienten
seguros en sus propios valores y zeitgeist, y no son
amenazados por el vecino de al lado, Asia del Sur sería
capaz de realizar una contribución significativa
al siglo XXI.
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