 L007/0109
Buenos Aires, 17 de enero 2009
Señor
Embajador del Líbano
Dr. Hicham Hamdan
S / D
Comuniqué del Arzobispado
Nos es difícil analizar el comportamiento humano, con relación a lo que está llevándose a cabo en la tierra de los Profetas y los Enviados, de matanzas, destrucciones y eliminación de unos a otros, bajo el contexto de la paz y la búsqueda de seguridad. No podemos aceptar que se arranca un pueblo entero de su tierra bajo este mismo contexto."La comunidad internacional ha de prestar mas atención a lo que está pasando, aliviar la dolencia del débil y rogad al Señor de la Paz que está entre nosotros, en establecerla sobre Su tierra."
Como parte de esta "Humanidad", la cristiandad oriental, y particularmente en la expansión del Patriarcado Antioqueno, vela en oración con un corazón contrito ante el Trono del Altísimo, para que cese toda agresión y que se establezca la justicia como llave principal para abrir las puertas al diálogo, la comprensión y la contención de uno a otro, como seres racionales superiores.
Nuestra arquidiócesis antioquena en Argentina no está ajena a los acontecimientos y declara el día (18/01/2009) Día de Oración para una Paz Permanente y para el descanso de las almas de todos los inocentes fallecidos.
A continuación palabras de Su Beatitud Ignatius IV Hazim, patriarca de Antioquía y todo Oriente, de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa, pronunciada el 9 de enero 2009 en la Catedral Al-Mariamieh en Damasco, durante el encuentro de consolidad con el pueblo palestino y en repudio de la ofensiva contra la Franja de Gasa; de lo que participaron Jefes y presentantes de todas las comunidades cristianas en Siria.
EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO. AMÉN.
Bienvenidos, ¡Amados!, para que, al unísono elevemos una voz hacia el Alabado Dios Altísimo, suplicándole que tenga piedad de aquellos, cuyas noticias de su matanza escuchamos todos los días, los recordamos sean estos niños, mujeres u hombres, y por quienes rogamos a Dios que tenga piedad de ellos.
Recordamos, ¡Amados!, a aquella persona, cuyo señor le tuvo piedad (véase la parábola de los dos deudores: Mateo 18, 24-35), pero esta misma persona, deudor de un hombro, que quizá había sido pobre y cuyos recursos no le ayudaban a saldar su deuda. Y como nuestro hombre le trataba con rudeza, más le golpeaba y le humillaba. Entonces, su señor le dijo; Hombre, me había pedido misericordia y la tuviste, y tú ¿No tendrás misericordia? En verdad no mereces que se apiada de ti mientras tú no te apiades.
Cuando escuchamos lo relatado en los noticieros y otros medios, nos preguntamos: ¿Dónde está la misericordia? En este prolongado periodo nos habíamos acostumbrado a escuchar mucho acerca de los homicidios, y precisamente de los inocentes; y esto no lo queremos aún para los asesinos y los incrédulos; y los inocentes no han de ser sujetos a este trato que estamos viendo.
Nuestra tierra, ¡Amados!, es tierra de la paz, y el Ángel lo había expresado: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace”. Jesús había venido para que sea un Dios de la paz y Padre de la misericordia. ¿Qué está pasando ahora en las Tierras Santas? Pues la misericordia había dominado en ellas cuando vino Uno, el Hijo Unigénito de Dios, a decir a toda la gente: ‘contemplad la misericordia’, ‘soy vuestro enteramente’; es como si querría decirles: ‘tenéis un grupo que habla de la moral, pero en la realidad no respeta la vida humana’. Los niños son masacrados. En las honras fúnebres, uno se recuerda de todo con relación a los mayores, pero cuando el difunto es un niño se pregunta: ¿por qué muere? ¿Por qué es asesinado?, y desea si la muerte puede limitarse en los mayores que intercambian como tal lengua.
En la Tierra Santa, ¡Amados!, está la Torah, en ella el Evangelio y en ella el Islam; y ¿qué se ve en ella ahora? ¿Donde está el mensaje que Dios ha querido para esta tierra? Ya no se sabe, amados, si nos está destinado que uno viva con dignidad, o no le es dado este derecho.
Todos ustedes ven las fotos, y algunos no pueden mirar semejantes fotos. ¡Rudo es este hombre! Nuestro hombre se ha devenido en bruto y duro; y esto es lo que vemos en esta región de manera inusual, imagen que no vemos en la Torah y tampoco en el Evangelio o en el Islam.
¿Quién es el hombre? Los pensadores primeros respondieron que es un animal racional; un animal pero habla. Lo que vemos y contemplamos, no lo hemos visto antes. En nuestra región, el hombre está siendo matado como las ovejas, por mano de gente llamada humana, y esto sigue sucediendo.
Me recordaba de los Diez Mandamientos, y los estuve leyendo hoy en forma particular, pues dije: ¿En donde están aquellos que leen los mandamientos divinos? y entre ellos uno, de los más cortos mandamientos: “No matarás.” No ha citado un solo caso excepcional, en lo que es lícito matar. “No matarás”, no necesita explicación, pero está dirigido al hombre racional, a la imagen y semejanza de Dios; y ¿En dónde estamos de todo ello?
¡Amados!, parece que en esta región sabemos como matar y sabemos como combatir; pero no sabemos en cómo hacer la paz. Mas no vemos que aquellos que sufren mucho por la ausencia de la paz son nosotros. Sí, los hacedores de la paz no gustan del sabor de la paz que está en esta tierra.
¿Por qué será que hacemos hombres de paz? Y muchas veces habíamos escuchado en Navidad que el Dios de la Paz había descendido, y vino no a pedir algo o pelear por la tierra, por un pensamiento, por un nacionalismo o por un racismo. Él había venido a ofrecerse por todos estos.
¡Amados! Vuestro encuentro hoy es una bendición y un silencioso clamor hacia el Cielo; nosotros no deseamos que el hombre llegara a lo que hemos llegado ahora. "Que no se enorgullezca por su poder el poderoso. Mas él que se enorgullece, que se enorgullezca en el Señor", según lo dice el Apóstol Pablo.
¡Amados! Decid lo que oísteis. Decidlo de todo corazón, para que pidamos a Dios la Misericordia para aquellos que no cometieron falta alguna, no dañaron a nadie y tampoco causaron la muerte de nadie. Decid en sus corazones: ¡Apiadase Dios de ellos, y que les tenga en la memoria un ejemplo de lo que aprendan los demás que están sobre la tierra: La espada no protege, y aquel que mata por la espada por la espada muere.
Elevamos alta la voz a decir: la Paz es más fuerte, la Paz más conveniente y es digna de aquellos y nosotros somos de ellos, los que dicen que Dios nos ha creado a imagen y semejanza Suya y nos hizo sus encargados para con todas Sus criaturas. Ojala las criaturas mediten bien de la imagen, a semejanza de la que son creadas, la que hace que las gentes conozcan que son de las Obras de Dios; y que ellos nos son dioses. No somos idolatras; Sí, no somos dioses, ¡Contemplemos, pues al Dios Verdadero!
Que la misericordia de Dios, por vuestras oraciones, descienda sobre la compañía de los que dejaron la vida sin culpa alguna. Dios tenga piedad de ellos y fortalezca vuestros corazones, ¡Amados!, para que no hagáis alternativa de la paz.
+ Ignatius IV Hazim
Patriarca de Antioquía y todo Oriente, de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa
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