En la localidad
Alsultaniya velaron el cuerpo del niño Ali
Qadouh, de 6 años, en un clima
de furia y dolor. El niño falleció,
cerca de la casa de sus padres,
a
raíz de la explosión de una bomba racimo, que permanecía en
este lugar desde la agresión israelí de julio del 2006. En
el velorio del niño, los presentes manifestaron su cólera en
medio del llanto y los gritos condenando al enemigo.
El padre del niño,
Hussein, puso el peso de este
crimen en la comunidad internacional y en las organizaciones
humanitarias, puesto que, este tipo de bombas que están
prohibidas mundialmente, aniquila los civiles sean niños,
mujeres o ancianos. Por lo tanto hay que despertar la
conciencia de los ciudadanos del mundo para condenar y
repudiar este tipo de crímenes.
Tres días después, el
ciudadano, Abdulah
Mohamed
Hassan Fouani de 40 años,
perdió la vida a raíz de la explosión de otra bomba racimo
mientras estaba trabajando en su campo ubicado en la zona de
Sarba, en las cercanías de
Kunin. Las heridas se
concentraron en la cabeza, las manos y una de las piernas.
Fouani fue velado en medio de
una gran desesperación y un luto generalizado. Cabe
mencionar que, el ciudadano Fouani,
era el único sostén de su familia constituida de cinco
miembros.
Finalmente,
es importante recordar que Israel arrojó más de dos millones
de bombas racimo durante la agresión de julio 2006 lo que
causa, en forma permanente, la caída
de víctimas inocentes.