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Los Libaneses en el mundo, un mensaje de civilización y candil de paz entre los pueblos.Formulario de visa (PDF)


Sobre el Líbano
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CHARLA DEL EMBAJADOR HICHAM HAMDAN
ORGANIZADA POR: UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SANTA FE.
SEDE: POSADAS, MISIONES.
14 NOVIEMBRE 2008

EL LÍBANO: UNA VOLUNTAD DE VIVIR.

Un breve resumen del pacto nacional del Líbano.

Mi país era muy próspero y pacífico. El Líbano era uno de los destinos turísticos más atractivos del mundo. En 1974, el turismo era la industria más importante en la economía del país, y representaba el 23 % de su PBI (Producto Bruto Interno).

El Líbano no sólo era el más hermoso y estable país de la región, sino que constituía un ejemplo único de tolerancia y coexistencia entre distintos grupos confesionales. Era un puente cultural entre Oriente y Occidente y un modelo de democracia en Medio Oriente.

Pero a pesar de esta linda apariencia, el Líbano vivía una situación de hervor. El país tenía ciertos defectos, que surgían en particular de su sistema político, basado en la distribución del poder entre los distintos grupos confesionales. El sistema era aceptado en forma tácita por sus líderes en los albores de su independencia, a fin de permitir el surgimiento de un país unido e independiente, perteneciente a la zona árabe.

El acuerdo tácito, normalmente llamado “pacto nacional”, daba a los Maronitas (una comunidad cristiana perteneciente a una iglesia nacida y cuyo culto se realizaba localmente en el Líbano), algunos cargos clave para garantizar la independencia del Líbano y la presencia cristiana en el país. Cargos que incluyen los siguientes puestos: la Presidencia de la República, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Presidente del Banco Central, presidente de la Corte Suprema de Justicia, Presidente del Consejo Consultivo del Estado, y otros cargos importantes, lo cual daba a este grupo religioso una participación decisiva en el futuro del país.

Otros cargos clave – aunque de menor importancia – fueron ocupados por otros cristianos como los ortodoxos, católicos melkitas, armenios y otras minorías cristianas.

Los musulmanes, especialmente los sunitas, ocuparon también posiciones relevantes; Primer Ministro y Jefe de Seguridad Interior, pero también dominaron el comercio, ya que se extendieron en las ciudades más grandes, como Beirut, su capital, Trípoli y Sidón.

Otros grupos musulmanes, especialmente los chiítas así como los drusos, tenían una participación mínima y estaban muy marginados. Los chiítas eran numerosos pero eran pobres y vivían en áreas alejadas. Los drusos eran poco numerosos pero vivían en zonas estratégicas, especialmente en Monte Líbano, donde fueron líderes políticos de importancia hasta los años 20. Monte Libano o el Libano de entonces era la única zona que gozaba de autonomía bajo la dominación otomana.

Mediante esta división, ambos grupos, cristianos marónitas y musulmanes sunitas dominaban el poder, la autoridad y también la economía del país.

El papel dominante dado a los cristianos maronitas recibió el fuerte apoyo de las autoridades del mandato francés, que rigió en el país después de la caída del Imperio Otomano en 1918. Francia y Gran Bretaña – dos grandes potencies de entonces- dividieron el área y crearon fronteras artificiales, con el fin de crear, fundamentalmente, un Estado Hebreo en Palestina y asegurar un dominio cristiano en el Líbano (Acuerdo Sykes-Piccot de 1916 y la promesa de Belfort de parte de Gran Bretaña al movimiento Sionista en 1917).

El Príncipe de Gran Siria, Faisal Primero, insistió para mantener unida la Gran Siria. Los británicos le hicieron falsas promesas, ya que querían asegurarse su apoyo en su guerra contra Alemania y Turquía. Británicos y franceses le dieron la espalda a estas promesas, y en cambio acordaron entre ellos dividir la zona.

En consecuencia, Francia no estaba dispuesta a dejar su mandato sobre el Líbano y Siria antes de que asegurara la independencia del Líbano con un sistema dominado por los cristianos.

Los árabes no rechazaban la idea pero querían asegurarse que el nuevo Líbano seguiría formando parte del Mundo Árabe. Apoyaban el acuerdo tácito y reflejaron su apoyo en una declaración muy firme, incluida en la Carta de la Liga Árabe de 1945. Los líderes árabes convinieron, por unanimidad, en que el Líbano tenía una característica especial, y era el hecho de ser el único país no musulmán de la Liga.

Siempre creí que el sistema político basado en la división confesional no cumple con la verdadera democracia y permite la formación de situaciones de violación a los derechos humanos. Pero la reforma de este asunto podía resolverse en forma democrática y pacífica, con el desarrollo natural de la sociedad. Los jóvenes libaneses, cristianos, musulmanes y drusos estaban en la corriente de abandonar este acuerdo tácito. Ellos constituían casi el 75 % de la opinión pública.

La transformación del Libano en un país laico sabiendo que era una solicitud en conjunto entre los sectores de la sociedad con la condición de no alterar su realidad demográfica o su entidad como un país independiente. Sin embargo, otros factores se entremezclaron con este desarrollo natural y amenazaron con alterar la realidad demográfica y la identidad independiente del Libano, y esto fue lo que arrastró al Líbano al caos y a la guerra.


El factor palestino.

El establecimiento del Estado de Israel no se realizó de manera pacifica. La formación de este estado fue acompañada de mucha violencia entre la población original formada por árabes locales y los colonos que venían del exterior. Luego de la declaración del Estado de Israel en 1948, se declaró la guerra de los países árabes en contra de este nuevo país que concluyó con la victoria de Israel, la amplificación de su territorio y la expulsión de miles de palestinos de sus hogares. El Libano formó parte de esta guerra, pero desde los tratados de armisticio de 1949, el Libano mantiene hasta hoy su compromiso con las obligaciones de estos tratados, y nunca más se adhirió a una guerra contra Israel desde aquel entonces, a pesar de que la mayoría de las guerras de Israel con el mundo árabe sucedieron en su tierra.

La guerra de 1948 causó un masivo flujo de refugiados palestinos al Libano. La cantidad de refugiados crecía con el empeoramiento de la situación en las tierras palestinas ocupadas y con el deterioro de la situación de los refugiados palestinos en otros países arabes.

Luego llegó la guerra de 1967 que concluyó con otra derrota de los arabes y la ocupación de toda la histórica Palestina y algunos territorios árabes por parte de Israel. Así empezó nuevamente el masivo flujo de refugiados hacia los países vecinos, entre ellos el Libano.

El número de palestinos (musulmanes sunitas) alcanzó casi el medio millón. Si esto se agrega a la ya grande comunidad libanesa sunita, que contaba con 400.000 personas, llegamos a un número muy alto para un país pequeño con distintas minorías, donde los cristianos maronitas (entonces la mayor de las minorías), no llegaban a ser más de 400.000. Este hecho iba a alterar seriamente la delicada situación demográfica del país.

La Organización de Liberación Palestina (OLP), que comenzó su guerrilla contra Israel ya en 1966, fue expulsada de Jordania después de un feroz enfrentamiento en el campamento de Yarmouk en 1970. Sus miembros escaparon a la vecina Siria, que estaba dispuesta a darles albergue si unían sus fuerzas a las del gobierno. Siria creó lo que se llamó el Ejército de Liberación Palestino, pero los miembros de la OLP prefirieron tener las manos libres y en consecuencia de trasladaron al Líbano.

Esta acción fue conveniente para todos los principales líderes árabes, incluyendo los sirios, quienes condenaron públicamente la guerra de Jordania contra la OLP pero comprendieron cabalmente la imposibilidad de la coexistencia entre el poder del Estado y las actividades de resistencia de la OLP.


La OLP comenzó de inmediato a funcionar en forma independiente en el Líbano. Ya había movilizado con éxito una gran parte de refugiados palestinos desde que comenzaron su guerrilla. Consiguieron el apoyo de la opinión pública libanesa, incluyendo los cristianos, porque se los consideraba víctimas de la injusticia y luchadores por la libertad contra un régimen ilegal plantado por el imperialismo internacional en Palestina.

Los intelectuales árabes, incluyendo los libaneses, también estaban indignados al ver a Israel desarrollarse a costa de la masacre de los habitantes originarios de la región, ocupando sus casas y tierras y construyendo en su lugar colonias para alojar a los nuevos judíos conversos de todas partes del mundo.

Al igual que la mayoría de los árabes, la mayoría de los libaneses no estaban dispuestos a aceptar a Israel. Los libaneses eran todavía más rígidos en relación a esta idea ya que en ese momento no había indicios que la comunidad internacional estaba dispuesta a crear entre los palestinos, un sentimiento de que ellos también tenían derecho a su propio Estado libre y a su propia identidad.

En ese momento el sufrimiento de los palestinos era considerado por Occidente sólo como una causa humanitaria o de refugiados, pero sin tener en cuenta ningún derecho político.


Los palestinos estaban creciendo en número en el Líbano. Trasladaron todo el poder político y militar a los campamentos de refugiados en el país, especialmente en Beirut. Sabra y Shatilla se convirtieron en centros de poder político.


La OLP se convirtió pronto en un problema nacional libanés. Sus actividades provocaron la reacción de Israel. Éste hizo responsable a todo país árabe que alojara guerrilleros palestinos, de cualquier ataque que éstos cometieran contra objetivos israelíes en cualquier parte del mundo. En 1968, Israel reaccionó ante un ataque en Grecia contra un avión Del Al (compañía aérea israelí), destruyendo 13 aviones libaneses en el aeropuerto internacional de Beirut.

Este ataque fue condenado en forma unánime por la resolución 262 del Consejo de Seguridad, de fecha 31 de diciembre de 1968, la cual ordenaba a Israel que recompensara al Líbano. Esta resolución quedó en la tinta sobre el papel. ¿Quién puede obligar a Israel a respetar las resoluciones de las Naciones Unidas? Los árabes estaban convencidos que a Israel se la había dado libertad y protección ante cualquier acción de coerción por parte de la organizaciones internacionales. Entonces dominó el concepto que lo que se toma con fuerza, se puede recuperar solamente con fuerza.

El ejército libanés intentó contener al movimiento palestino pero debió enfrentar presiones locales y regionales incluyendo presiones por parte de Siria.

Era sorprendente para un observador extranjero ver que, mientras los árabes, en especial los países vecinos a Israel, incluyendo Siria,
le negaban libertad de movimientos a la OLP en sus territorios, aceptaban y aún presionaban para que ésta lo hiciera en el Líbano.

Los árabes, que venían arrastrando la sensación de fracaso después de perder la guerra de 1967, encontraron en la OLP su mejor salida para responder a los fuertes sentimientos políticos en sus países. Además, también vieron a esta organización como una herramienta para presionar a Israel a aceptar la resolución 242 del Consejo de Seguridad, que proponía intercambiar tierra por paz.

Es bien conocido que, después de la guerra de junio de 1967, que algunos dieron en llamar “la Guerra de los Siete Días”, para agregar humillación a los árabes que habían perdido esa guerra contra Israel en sólo una semana, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 242, que exigía el retiro de Israel de las tierras ocupadas durante la guerra y en consecuencia su retroceso hasta la línea del 4 de junio de 1967, a cambio de la paz. Los árabes aceptaron la resolución 242, pero Israel no lo hizo. De modo que, ¿quién podría hacer que Israel la aceptara? Para algunos, fue la guerrilla de los palestinos. No importaba cuál fuera el precio que tuviera que pagar el Líbano. Después de todo, era parte del Mundo Árabe y no había participado en la guerra de 1967. Y ellos estarían dispuestos a reconstruirlo cuando todo estuviera arreglado.


La idea de tener al Líbano como una encrucijada para que los Palestinos llevaran a cabo su guerrilla contra Israel ganó más fundamentos cuando algunos grupos y políticos libaneses se pudieron de su lado. Era evidente que los palestinos no podían moverse en el Líbano si no contaran con un claro, abierto y fuerte apoyo interno.

El Presidente de la República y los líderes maronitas expresaron su firme desacuerdo. El Primer Ministro y los líderes sunitas, en cambio, manifestaron su firme apoyo. Una acción del ejército para contener a la OLP se convirtió en 1969 en un problema nacional serio. La guerra interna del Líbano pudo haber estallado en ese momento, pero el entonces Presidente aceptó una solución con la mediación del líder árabe de entonces, Jamal Abdelnasser, que se dio en llamar “El Acuerdo de El Cairo”. Este acuerdo daba cierta flexibilidad a los palestinos, a cambio de que limitaran su guerrilla a un área definida en el Sur del Líbano. El Acuerdo nació muerto pero dejó una profunda herida en la estructura libanesa.

La División Internacional por el asunto del Medio Oriente y sus Consecuencias.

El período desde 1969 a 1975 estuvo pleno de hechos bastante contradictorios. Por un lado, el país se iba convirtiendo poco a poco en un campo de batalla abierto entre Israel y los palestinos. Éstos aumentaron su guerrilla contra Israel e Israel reaccionó introduciendo lo que se llamó “ataques preventivos”. Así, dejó de limitar sus ataques a represalias, y en cambio llevó a cabo persecuciones y ataques anticipados, donde y cuando lo considerara necesario. Los palestinos sintieron que necesitaban extenderse en diferentes bastiones ya que los campamentos no eran ya seguros para ellos y porque ponían en peligro las vidas de sus familias y de los civiles. El Sur del Líbano se transformó en tierra de guerrilla y Beirut, en particular Beirut Oeste, se convirtió en un espacio abierto para todo apoyo logístico.

El dinero fluyó masivamente al Líbano. Sin duda Beirut era un lugar clave para todo tipo de inteligencia, especialmente para quienes estaban involucrados directamente en los problemas de Medio Oriente. La OLP era ahora un tema serio de la agenda internacional. La Unión Soviética y la alianza del Pacto de Varsovia apoyaron a la OLP y se mantuvieron firmes en dar su respaldo. Los países occidentales y la NATO, en cambio, la calificaron de terrorista. La OLP era ahora una parte de la Guerra Fría.


Los políticos libaneses estaban, en consecuencia, divididos. Por un lado, estaban los maronitas, que aceptaban ser parte del Mundo Árabe a cambio de ser un país libre e independiente. Ellos eran, después de todo, parte del pacto nacional y el Líbano era su identidad y su hogar.

Por el otro lado existía un grupo mixto de políticos, que representaban distintas perspectivas. Eran los musulmanes, especialmente sunitas, que representaban al arabismo en el Pacto nacional y que estaban al lado de los palestinos, en especial por razones culturales y religiosas.

Existía un tercer grupo que juntó distintos partidos políticos con diferentes objetivos ideológicos. Eran una vasta mayoría en la calle y abarcaban libaneses de distintos grupos religiosos. Los lideraba Kamal Jumblat, el jefe del partido socialista progresista, que era asimismo un líder druso. De este modo, los drusos se vieron involucrados en forma indirecta. En cuanto a los chiítas, eran el el menor grupo confesional organizado como tal. Estaban muy involucrados en partidos ideológicos aliados con Jumblat y constituían la columna vertebral de esos partidos.

Este tercer grupo manifestó una fuerte decisión de aportar una reforma al Líbano, fuera del sistema sectorial puesto en vigencia por el pacto nacional. Sin embargo, la mayoría eran de izquierda, impulsados por sus sentimientos contra la injusticia acaecida a los palestinos. Eran anti-norteamericanos y más cercanos al bloque socialista del Este. Eran pro arabismo pero por razones culturales e ideológicas, no por afiliación religiosa.

La OLP supo aprovechar este apoyo político, y se convirtió en un Estado dentro del Estado. Todos los intentos para frenar a esta organización, de parte del entonces Presidente del país fueron inútiles. En 1973, el Ejército estaba preparado para tomar los bastiones de la OLP, pero el Primer Ministro se negó y se recluyó en su residencia durante nueve meses, con lo cual paralizó la vida política del país.

La Guerra de Octubre de aquel año hubiese sido la más decisiva victoria árabe, si Estados Unidos no hubiese intevenido directamente. La intervención de los Estados Unidos empeoró las cosas. En ese momento estaba claro que una victoria militar árabe es una línea roja internacional que puede provocar una guerra en contra de Estados Unidos y otros países aliados del Occidente. Los árabes no estaban preparados, bajo ningún precio, a bloquear la OLP. El Presidente debió retroceder en sus intentos y el Líbano entró en un círculo vicioso.

La Guerra, la Conspiración y el Acuerdo de Taif.

Cuando era joven, creía que el Líbano perdió una oportunidad única de escapar al artificial sistema político multi-confesional y convertirse en un simple país de estructura democrática con un sistema social multi-confesional. Ahora comprendo lo ingenua que era mi generación y aprecio mucho más cómo el sistema multi-confesional sirvió para salvar al Líbano de la gran conspiración contra él.

Cuando joven, deseaba ver a mi país al frente, junto con otros países árabes, luchando por la justicia y los derechos humanos. Quería ver a los palestinos de vuelta en sus hogares, viviendo en paz en una tierra que cobijaba a todos: judíos, cristianos y musulmanes juntos, y donde nadie pudiera excluir al otro. Tomaba al Líbano como ejemplo y sentí orgullo cuando los líderes árabes en 1973 eligieron como delegado al entonces Presidente del Líbano, Suleiman Franjieh, un maronita, para que hablara en su nombre en las Naciones Unidas, abogando por un país multi-confesional en la ocupada Palestina.

Nunca he sentido diferencias con nadie debido a su religión, pero tampoco nunca he podido aceptar la injusticia ni las conductas criminales en nombre de la religión, ya se trate de judíos, cristianos o musulmanes por igual.

También sentía que era una oportunidad de ser tratado dentro de mi país como un libanés, en igualdad de condiciones con los demás libaneses, sin tener en cuenta nuestras respectivas religiones. Creía que podíamos ser una verdadera democracia, al estilo occidental. Creía que el Movimiento Nacional Libanés, conducido por Kamal Jumblat, podía hacer un cambio. Como estudiante universitario, me involucré en forma directa pero de inmediato dejé de participar en más actividades cuando estalló la guerra.

La Guerra fue un shock. Una catástrofe. Un desastre. Hay decenas de libros que describen la Guerra y todas las miseries que trajo al Líbano y a su pueblo.

Como ciudadano, estaba indignado con la Guerra. Sin embargo, como académico, creo que era inevitable. Nosotros, los libaneses, somos responsables, pero sin duda era imposible evitar el flagelo de la guerra. Fuimos rehenes de nuestros sueños e inquietudes. A todo el mundo se le hizo creer que las cosas serían fáciles de resolver. Fuimos engañados y fuimos las víctimas. Sí, fuimos tan ingenuos que dejamos que nuestro país cayera en la tragedia.

Quienes creían que el Líbano podía ser una gran democracia y un frente abierto para conducir a los árabes en su guerra contra Israel eran tan ingenuos que olvidaron que los otros países árabes tenían sus propios intereses y no dejarían que los libaneses los condujeran. Kamal Jumblat fue el primero en pagar por sus sueños. Fue brutalmente asesinado cuando sus ideas empezaron a molestar a algunos poderes regionales.

Algunos líderes cristianos respondieron a los oídos sordos de sus hermanos musulmanes que estaban apoyando a los palestinos recurriendo a actos de limpieza, con el fin de crear una Zonas Musulmana Libre, donde pudieran declarar su mini Estado. Pronto cayeron víctimas de sus propios planes y cristianos inocentes debieron pagar igualmente. Este fue el peor capítulo de la guerra, el cual hizo creer erróneamente la comunidad internacional de que se trataba de una guerra civil.

Si los sueños de Kamal Jumblat fueron frenados por potencies árabes, las esperanzas cristianas también fueron abandonadas por las potencias occidentales. Ni Israel ni los Estados Unidos querían ver un Estado cristiano. Esto era intolerable para los árabes. De modo que Dean Brown, un enviado norteamericano les llevó un mensaje: “Abandonen el Líbano. Los barcos están acá, esperando para embarcarlos a Canadá, Australia y los Estados Unidos”. Pero ellos se negaron, y terminaron estando en peligro y debiendo acudir a los sirios para que intervinieran y evitaran su colapso total.

Los chiítas, que eran muy marginales al principio de la guerra, se unieron detrás de un gran religioso, Al Sayed Mousa Al Sader, quien fundó el Movimiento Amal. El se oponía a la guerra interna y unió esfuerzos con otros líderes religiosos cristianos, musulmanes y drusos, para poner fin a esta guerra. Llegó hasta a expresar indignación hacia las actividades de la OLP en el Sur del Líbano, al final los chiitas eran la población local del sur y estaban pagando un elevado precio. Su posición llevó confusión a los palestinos. Sin embargo, la OLP no captó el mensaje.

Los libaneses descubrieron rápidamente que ya no dominaban el juego en su propio país, y el Líbano se convirtió en un campo de batalla en el juego abierto entre Oriente y Occidente. Aún la cuestión árabe-israelí era sólo una parte del juego.

Llevaría horas explicar todo lo que ocurrió en los quince años de guerra en el Líbano que precedieron al Acuerdo de Taif, pero no es éste mi objetivo. Sólo quiero hacer notar que la guerra produjo el colapso total del país. El ejército fue desintegrado. Beirut, y especialmente el centro, que tiene cientos de años de antigüedad, fue totalmente destruido.

Murieron más de 150 mil personas, miles desaparecieron, miles quedaron discapacitados, un millón debió emigrar, otro millón fue desplazado. Decenas de pueblos y aldeas fueron totalmente destruidos y saqueados. Sólo en Monte Líbano, fueron destruidas 85 aldeas.

Israel invadió el Líbano dos veces. La invasión de 1978 llevó a la creación de UNIFIL y la aprobación de la resolución 425 por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, esto no ayudó a detener la guerra. Las obligaciones que estipulaba la resolución 425 fueron materia de disputa entre Oriente y Occidente.

Otra invasión masiva de Israel se produjo en 1982. Esta vez, Beirut la capital, estuvo sitiada e Israel siguió bombardeando Beirut Oeste durante 85 días consecutivos. La comunidad internacional observaba con indiferencia y el sufrimiento del pueblo libanés no causaba ninguna diferencia en la agenda de las grandes potencias.

Los palestinos cedieron finalmente y la OLP retrocedió, con la condición de que Israel no entrara en Beirut Oeste. Sin embargo, fuerzas israelíes se abatieron sobre ese distrito. Miles de civiles fueron masacrados en Sabra y Shatilla. Todos los centros políticos y culturales palestinos fueron saqueados y destruidos. Israel esperaba que desapareciera la memoria palestina. Incluso creía que su victoria sobre los palestinos traería al Líbano bajo su órbita, como un satélite. Intentó forzar un acuerdo que le permitiera controlar la seguridad del Líbano, pero falló. Los libaneses rechazaron dicho acuerdo en forma inequívoca y consensuada.

Israel reaccionó en Monte Líbano, el corazón del país, donde drusos y maronitas habían convivido en forma pacífica durante siglos. Israel se aprovechó de las diferencias políticas existentes entre la población de allí, especialmente del miedo generado por la guerra en curso. Las fuerzas se retiraron de pronto, sin ninguna coordinación con las autoridades locales, dejando a los habitantes víctimas de sus propios miedos, lo que provocó grandes masacres.

Es cierto que Israel ganó una batalla contra la OLP, pero esta batalla probó que no era la solución. Nunca lo fue. La guerra y la violencia no eran el camino de la paz. Comenzaba una nueva etapa de batallas palestinas, esta vez en la Palestina ocupada.

Todos saben lo que ocurrió después de la 1ª y la 2ª Intifada. Ahora los Estados Unidos e Israel reconocen el derecho de los palestinos a la auto-determinación y a tener un Estado- ¿Por qué no lo reconocieron antes? Podrían haber salvado al Líbano y a su pueblo de tanto sufrimiento, muertes y destrucción.

No esta claro porque los israelíes se negaron a actuar según las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que demandan su retirada del Libano. Ya que la OLP no era más una amenaza, y la UNIFIL estaba dispuesta a mantener su rol. Algunos creen que los israelíes querían anexar el Sur del Líbano. Querían su agua y sus tierras fértiles. Decían abiertamente que se habían equivocado al abandonar la zona en 1948. Insistían en ignorar la UNIFIL y en mantener el Sur del Líbano y el valle de la Bekaa bajo su ocupación, esperando tener cierto acceso a las aguas del Líbano.

Tal vez pensaron esto, al tolerar el dominio sirio en el resto del Líbano, ellos pueden asegurar algún arreglo con Siria dándoles lo que quieren en el sur del Libano. Una vez más, estaban equivocados. No tuvieron en cuenta la conciencia y el patriotismo de los libaneses. La resistencia libanesa, especialmente la musulmana, pronto se desarrolló hasta convertirse en una tercera parte, con una fuerte influencia de Irán, y tal arreglo ya no fue posible.

El colapso de la Unión Soviética ayudó a retirar al Líbano de la órbita bipolar. Se firmó un acuerdo de paz en Taif. Es asombroso notar que este acuerdo tenía pocos cambios con respecto al pacto nacional original de 1948. Eran cambios cosméticos pero todavía importantes para permitir a los líderes libaneses conservar la imagen frente a las generaciones venideras. Espero que podamos hablar un día sobre el Acuerdo de Taif porque es la base de la salvación nacional y del sistema político del Líbano actual.


El Factor Regional y la División Sunnita-Chiíta.

En realidad, es ingenuo creer que el acuerdo de Al Taif significó el fin de la Guerra. Es bastante evidente que el acuerdo tácito entre todos los involucrados en dejar caer al Líbano bajo control sirio fue el factor principal que dio término a la guerra interna. Siria no tuvo oposición en su control del Líbano. Los actores locales fueron contenidos rápidamente y puestos en línea con este factor dominante.

En muy poco tiempo, el Líbano volvió a la normalidad. Los libaneses estaban más unidos que nunca. La guerra era una severa lección. Se dedicaron a reconstruir el país devastado. Se reorganizó el ejército. Se desplegaron las fuerzas de seguridad interna. La reconstrucción se convirtió en el objetivo principal. Beirut retuvo su posición histórica de centro bancario. La actividad universitaria floreció y se dio licencia a más de 40 universidades.

Se reconstruyeron los hospitales, hoteles, restaurantes, bares, shoppings, carreteras, puentes, túneles, y volvió el trabajo a tiempo completo para todos tipos de trabajos. Se construyó un nuevo aeropuerto. El puerto fue ampliado y equipado a nuevo. Se crearon nuevas marinas, y se rehabilitaron los servicios públicos. Los medios de comunicación volvieron con mayor fuerza. El deporte ocupó una parte importante de las actividades y se reconstruyó y reequipó el estadio de fútbol de Beirut para recibir el Campeonato Asiático.

La reconstrucción del Líbano fue considerada una prioridad por los líderes de los países árabes, especialmente Egipto y Arabia Saudita. Se suponía que Siria debía coordinar estrechamente con estos dos países, a fin de asegurar un retorno tranquilo de la paz al Líbano.

El Líbano fue considerado por las Naciones Unidas como modelo de país de mantenimiento de la paz post-conflicto. Este concepto fue manifestado por el secretario general Dr. Boutros Ghali, y definido como un medio de mantener la paz y la seguridad internacionales. Las sociedades devastadas por la guerra necesitan asistencia internacional para evitar que se vuelvan a producir conflictos militares. También necesitan ayuda financiera para reconstruir su sistema económico, político, judicial y social.

El Líbano fue ejemplar pero también excepcional, ya que su reconstrucción y rehabilitación fueron llevadas a cabo por los mismos libaneses, con sus propios recursos financieros. Beirut fue considerado el mayor proyecto de reconstrucción después de Berlín, que fuera destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Berlín fue reconstruido gracias al Plan Marshall, pero Beirut lo fue gracias a los libaneses y al Plan Hariri.

Rafic Hariri, un sunita, fue el Primer Ministro más famoso del Líbano, que llevó al país de vuelta a la normalidad. Era un mediador y empresario excepcional, que conquistaba a todo el que estuviera relacionado con el Líbano. Contaba con el total apoyo de los principales países árabes sunitas, entre ellos Egipto y Arabia Saudita, y también de las fuerzas regionales e internacionales eficaces como Siria, Estados Unidos y Francia.

Según el Acuerdo del Taif, Siria debía retirar sus fuerzas hasta el valle de la Bekaa, y dejar Beirut y las principales ciudades costeras. Pero no lo hizo. Siria sostenía que la situación allí era todavía frágil y que el Líbano necesitaba su respaldo, sobre todo teniendo en cuenta que Israel no se había retirado del todo y todavía existía una guerrilla contra éste en los territorios libaneses ocupados, dirigida por la resistencia islámica conducida por Hezbollah, que necesitaba apoyo. Algunos libaneses digirieron amargamente esta situación, pero todos convinieron en dar total apoyo a la resistencia.

La resistencia, totalmente chiíta, se hizo cada vez más fuerte. Luchaba una guerra justa contra la ocupación extranjera. Obtuvo total apoyo logístico y militar de Siria e Irán así como el respaldo político de todos los sectores libaneses, tanto públicos como privados.

Israel insistía en no implementar la resolución 425 y en mantener su ocupación. Reiteraba que su ejército estaba en el Líbano por razones de seguridad y auto defensa. Auto defensa contra quien? Todos saben que la guerra de la resistencia en el sur era una reacción a la ocupación. Nadie aceptaba este argumento. Soy testigo de esto, porque redacté el proyecto de resolución de la Comisión de Derechos Humanos en 1990, que fue aprobado casi por consenso y que describe a la presencia israelí en el Sur del Líbano como ocupación.

Sin embargo, Israel insistió en mantener su ocupación. En realidad, esta posición inaceptable para la comunidad internacional trajo más penurias al Líbano, ya que Israel no limitó su guerra contra la resistencia, sino que atacó la infraestructura libanesa, destruyendo puentes, usinas hidroeléctricas y cientos de unidades civiles. La guerra no debilitó la resistencia. Por el contrario, fortaleció a Hezbollah y lo transformó en un súper poder dentro de la sociedad libanesa.

Algunos sectores libaneses y árabes no estaban contentos con esto Habían voces que criticaban las políticas de Siria en el Líbano. Muchos oficiales sirios eran corruptos. Solían intervenir en cada pequeño detalle, con lo cual creaban serias dudas sobre los motivos de Siria en el Líbano.

Los posteriores asesinatos de figuras anti-sirias levantaron sospechas de que Siria se preparaba para anexar al Líbano. Algunos fueron más lejos, y acusaron a Siria de un plan con Israel para dividir al país entre ellos. Esto era decididamente absurdo, y el retiro israelí, que se produjo finalmente el 25 de mayo de 2000, probó que el apoyo sirio a la resistencia era genuino. El 25 de mayo se celebra anualmente como el Día de la Liberación.

Sin embargo, algo andaba mal. El apoyo de Siria a Hezbollah y sus relaciones carnales con Irán irritaron a algunos países árabes sunitas, y a los sunitas del Líbano en general. La fuerza de Hezbollah se había transformado en una fuerza dominante de Irán y los chiítas. Las consecuencias de la guerra norteamericana en Irak particularmente la subida al poder de los chiítas y la relación carnal entre Siria e Irán provocó sospechas relacionadas a Estados Unidos y Israel que están empujando una división en el mundo árabe y creando una “luna chiíta” desde Irán hasta el Libano para hacer fracasar el arabismo y debilitar los sunitas.

Las relaciones entre Siria y Rafia Hariri, el principal símbolo de los árabes sunitas en el Líbano, empeoraron. Los aliados de Siria orquestaron una campaña contra él. Hariri se negó a trabajar con el entonces presidente del Líbano – un aliado de Siria – pero aceptó enmendar la Constitución para reelegirlo frente a una fuerte oposición local, regional e internacional. El Consejo de Seguridad aprobó la resolución 1559, que exigía el retiro de Siria del Líbano, el desarme de Hezbollah y la elección constitucional de un nuevo Presidente.

Sin embargo, la Constitución fue enmendada y el Presidente Lahoud fue reelecto. El mismo Hariri fue brutalmente asesinado. Más de un millón de personas de todos los grupos confesionales salieron a las calles, exigiendo el retiro de Siria. Por su parte, los aliados de Siria también salieron a la calle para exigir su permanencia en el país. Sin embargo, Siria se retiró y el Líbano entró en una seria crisis.

El Presidente del Parlamento llamó a un diálogo nacional, en especial para ver la mejor forma de implementar la resolución 1559.
Había hechos positivos y buenas perspectivas. De repente Hezbollah secuestró a dos soldados israelíes para intercambiarlos por los detenidos libaneses en las cárceles israelíes. Esta acción desencadenó una guerra a toda escala de Israel contra el Líbano, que duró treinta y tres días. Sin embargo, Israel no logró ningún objetivo aunque había infligido una terrible destrucción a la infraestructura y de zonas urbanas del país. Hezbollah fue considerado victorioso y en consecuencia se negó a toda discusión sobre su desarme


El ambiente de enemistad hacia Siria saturado con acusaciones políticas de que está detrás del asesinato de Al Hariri y otras personalidades anti-sirias creó una división en cuanto a las normas de la constitución del tribunal internacional que se estaba estableciendo para juzgar los responsables de los asesinatos. Los ministros chiítas se retiraron del gobierno. Entonces, los bandos pro sirios en el Libano consideraron inconstitucional al gobierno.

Además los líderes chiítas acusaron al bando anti-sirio y a los países árabes que los apoyan (países sunitas como Arabia Saudita y Egipto) de que están trabajando para servir los propósitos de Israel y Estados Unidos. El Líbano entró en una seria división. Los anti-sirios se convirtieron en anti-Hezbollah y los pro-sirios se hicieron pro-Hezbollah. Una medida del gobierno, dominado por anti-sirios, de cortar las telecomunicaciones de Hezbollah, llevó a la reacción militar de este último, que llevó al país al borde de otra guerra interna, especialmente entre sunitas y chiítas.

Los árabes intervinieron con el apoyo de potencias regionales e internacionales y se llegó a un acuerdo en Doha (Qatar), Es bastante sorprendente ver cómo cambiaron las cosas en poco tiempo. Las partes en conflicto se están reconciliando, se eligió un nuevo Presidente, se organizó un gobierno de unidad nacional y se retomó el diálogo nacional, con la esperanza de que se adopte una estrategia nacional para resolver el dilema del armamento de Hezbollah. Siria, por su lado anunció el establecimiento de relaciones diplomáticas con el Libano, lo que constituye un reconocimiento formal a la independencia del Libano por parte de Siria. Todo esto augura optimismo y esperanza. Lo que permanece es el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, y el miedo a la explosión de operaciones hostiles.

A la luz de los problemas existentes, tendrán éxito los libaneses en el dialogo nacional?

Yo estoy seguro que el pueblo libanés es consciente del peligro que significa ser arrastrado detrás de intereses regionales e internacionales, y que no permitirá que el Libano se convierta, otra vez más, en un campo de batalla. Cualquier idea relacionada con transformar al Libano en una parte que responda a un específico bando regional o internacional no triunfará y causará nuevas tragedias que los libaneses serán los únicos que pagaran sus precios. La voluntad de vivir del pueblo libanés vencerá. Este pueblo que ha demostrado esa voluntad a través de enfrentar la guerra, la violencia y todos los complots, y luego a través de la reconstrucción y la expulsión de la ocupación, ahora sabe que la vía del dialogo, el acuerdo y la cooperación, por mas diferentes que sean las opiniones, es el único camino para construir el futuro. La idea de la neutralidad positiva puede que triunfe, pero lo importante es que la paz es el camino decisivo hacia el brillante futuro del Libano.

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