El Presidente Sleiman (habla en árabe): Sr. Presidente: Quiero empezar felicitándolo por su elección como Presidente de la Asamblea General en el sexagésimo tercer período de sesiones.
También deseo en particular dar las gracias al Secretario General, Sr. Ban Ki-moon, por haber preparado la excelente memoria sobre la labor de la Organización durante el pasado año (A/63/1), así como por su preocupación por asegurarse de que los temas relativos al Líbano se sitúen al centro del debate. Con su marcado interés en la situación en el Líbano, las Naciones Unidas han establecido las bases y los principios necesarios para hacer frente a las crisis y las dificultades que han socavado la estabilidad y la prosperidad de nuestro país. Deseo señalar, en particular, la función de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) y rendir homenaje a los sacrificios de su personal. Observo también que, en su informe, el Secretario General señala que existe una firme cooperación entre la FPNUL y el ejército del Líbano. Deseo confirmar que al Líbano le importan mucho la seguridad y protección de esas tropas, teniendo en cuenta en particular, los ataques terroristas de que han sido objeto.
El Líbano es la cuna de una antigua civilización. Su pueblo amante de la paz viajó desde sus costas hasta el continente europeo, llevando consigo elementos de un alfabeto avanzado y difundiendo en la zona del Mediterráneo y en todos los horizontes que pudieron abrir el espíritu de comunicación, el diálogo y el libre intercambio.
El Líbano, que cree en los valores humanos y culturales, es una de las democracias parlamentarias más antiguas del Oriente Medio. En su constitución de 1926 se consagran la libertad de opinión, la libertad de creencias y la justicia, y se rechaza el confesionalismo y el fanatismo. En sus esfuerzos por aplicar esa democracia, nuestra nación atravesó una clara evolución en el poder, a pesar de todas las crisis, agresiones y guerras que ha soportado. Actualmente, nuestro país se está preparando para celebrar nuevas elecciones parlamentarias.
Sin embargo, la joven nación libanesa que surgió en 1943 sufrió las consecuencias de la catástrofe que se abatió sobre Palestina en 1948. Ha recibido en su estrecho territorio a cientos de miles de palestinos refugiados. Desde fines del decenio de 1960 ha sido objeto de dos invasiones israelíes a gran escala y de una serie de devastadores ataques israelíes que destruyeron vidas, bienes e infraestructura. Los registros de esta Organización son testimonio de esa brutalidad.
Recuerdo las dos masacres de Qana perpetradas contra niños, mujeres y ancianos inocentes, así como la agresión de julio de 2006, en que decenas de miles de personas murieron, quedaron heridas o desplazadas, y se destruyeron puentes e instalaciones civiles en diversas zonas del país. El bombardeo israelí de la central eléctrica de Yiya y de sus tanques de almacenamiento de combustible causó una catástrofe ambiental que provocó la aparición de una mancha de petróleo a lo largo del litoral libanés. Ello impulsó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a pedir a Israel que ofreciera al Líbano una indemnización inmediata y adecuada por los daños y la contaminación que había causado. Israel debe pagar la debida indemnización por todos los daños causados a lo largo de su repetida agresión contra el Líbano.
Las Naciones Unidas no han vacilado en cumplir sus responsabilidades con respecto al Líbano. La Organización publicó una serie de resoluciones en apoyo a la independencia, la soberanía, la unidad y la integridad territorial del Líbano, en particular la resolución 425 (1978), en que se pide la retirada inmediata e incondicional de Israel de todo el territorio libanés, y la resolución 1701 (2006), en que se “exhorta al Gobierno de Israel a que … retire todas sus fuerzas del Líbano meridional”. El Líbano reitera su compromiso con el contenido total de esa resolución.
El Sr. Yañez-Barnuevo (España), Vicepresidente, ocupa la Presidencia.
Sin embargo, la intransigencia de Israel y su negativa a acatar la voluntad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas impulsó al Líbano a adoptar, en conjunción con medidas diplomáticas, otras alternativas legítimas. En 2000, gracias a su pueblo, su ejército y la resistencia, el Líbano logró obligar a Israel a retirarse de la mayor parte del territorio libanés que ocupaba. Este año se han realizado esfuerzos satisfactorios, con ayuda de las Naciones Unidas, para completar la liberación de los prisioneros y detenidos libaneses de las cárceles israelíes.
Pese a esos logros y a su continuo compromiso con las resoluciones de legitimidad internacional, el Líbano sigue enfrentando una serie de riesgos y problemas urgentes, que requieren lo siguiente.
En primer lugar, la comunidad internacional debe obligar a Israel a aplicar plenamente la resolución 1701 (2006) y poner fin a sus graves amenazas de lanzar una nueva guerra contra el Líbano. Esas amenazas constituyen actos de agresión que afectan negativamente al Estado libanés, la economía nacional y la sociedad civil.
El segundo problema es la recuperación o liberación del territorio libanés que aún sigue ocupado en las granjas de Shebaa, las colinas de Kfarshuba y la zona septentrional de la aldea de Al-Gayar, así como el respeto de nuestros derechos a nuestra agua.
En tercer lugar, se debe obligar a Israel a que ponga fin a sus amplias violaciones aéreas de la soberanía del Líbano. En su exposición más reciente ante el Consejo de Seguridad, el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz confirmó el carácter provocador de esas acciones.
En cuarto lugar, debemos obtener todos los mapas de los lugares donde se encuentran las minas terrestres y bombas en racimo que Israel ha dejado en el territorio libanés. Su presencia constituye una amenaza directa a la población civil, en particular a los niños. Priva a los agricultores y a sus familias de sus medios de vida y les impide cultivar sus tierras. Por lo tanto, se exhorta a los Estados interesados a que cumplan sus promesas y ofrezcan los recursos necesarios para los programas de remoción de minas y de bombas en racimo.
En quinto lugar, debemos enfrentar al terrorismo en todas sus formas y mantener la paz civil interna. En los últimos años, ciertos grupos terroristas han realizado brutales ataques contra el ejército libanés y las fuerzas de seguridad nacionales. Éstas se vieron obligadas a enfrentar a esos grupos terroristas e hicieron enormes y costosos sacrificios para defender la dignidad del pueblo libanés, así como su seguridad y estabilidad. En el marco de sus esfuerzos para combatir las operaciones terroristas israelíes, los servicios de seguridad libaneses lograron arrestar al jefe de la red israelí que llevaba a cabo operaciones de espionaje y asesinatos en suelo libanés.
El sexto reto es la elaboración de una amplia estrategia nacional para proteger y defender al Líbano, que sería adoptada y coordinada por conducto de un diálogo nacional genuino, que celebramos el 16 de septiembre. Ello se ajusta al Acuerdo de Doha, que se basa en la sincera voluntad de lograr la reconciliación nacional y que extiende la autoridad del Estado libanés a todo su territorio.
En la presente ocasión, el Líbano reitera su compromiso con el tribunal internacional establecido con arreglo a la resolución 1757 (2007) del Consejo de Seguridad para investigar el asesinato del mártir Primer Ministro Rafik Hariri y de sus compañeros. El Líbano está cooperando con los órganos pertinentes de las Naciones Unidas para que se conozca la verdad y para que el proceso de justicia quede al margen de toda politización.
El Líbano sigue con atención los acontecimientos relacionados con la situación en el Oriente Medio. Debido a su compromiso con las justas causas árabes, especialmente la causa de Palestina, el Líbano reitera su compromiso con el proceso para lograr una paz justa y amplia en la región y con la iniciativa de paz árabe que los líderes árabes adoptaron unánimemente en la Cumbre de Beirut de 2002. Además, el Líbano subraya la necesidad de que Israel se retire de todos los territorios árabes que siguen bajo ocupación, y subraya el derecho inalienable del pueblo palestino a regresar a su tierra y establecer un Estado independiente en su suelo nacional.
Exhortamos a la comunidad internacional a que cumpla con todas sus responsabilidades respecto del suministro de recursos financieros adecuados al Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS), y apoye la labor realizada por el Estado libanés en ese ámbito hasta encontrar una solución justa para el problema palestino.
Desde esta tribuna, el Líbano no puede dejar de señalar una vez más a la atención de la comunidad internacional su absoluto rechazo de toda forma de reasentamiento de los refugiados palestinos en su territorio, por las siguientes razones principales.
En primer lugar, el reasentamiento de los refugiados palestinos en el Líbano viola su derecho de regresar a su patria y a sus hogares, derecho que se reafirma en la Declaración Universal de Derechos Humanos y las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.
En segundo lugar, para un país pequeño como el Líbano, con recursos limitados y una población inferior a los 4 millones de habitantes, es difícil dar medios de vida decentes a más de 400.000 refugiados palestinos en su territorio, cuando grandes segmentos de la población libanesa emigran en búsqueda de sus propios medios de vida.
En tercer lugar, se rechaza de forma explícita el reasentamiento de los refugiados palestinos en el preámbulo de la Constitución del Líbano y en el Acuerdo de Taif, que ha sido reconocido y consagrado en las resoluciones de las Naciones Unidas y constituye un elemento clave de consenso en el Líbano.
Si bien la cuestión del Líbano ocupa el centro de la atención de las Naciones Unidas, el programa de nuestra Asamblea General está lleno de temas y de cuestiones de carácter político, económico, social y ambiental que todavía esperan una solución detallada. En ese contexto, el Líbano interactúa de forma especial con las necesidades y las aspiraciones del continente africano, en cuyo territorio generoso han estado viviendo cientos de miles de ciudadanos libaneses durante más de un siglo, contribuyendo a la prosperidad y al desarrollo de África en circunstancias difíciles. Por consiguiente, apoyamos la declaración política publicada ayer en el marco de la reunión de alto nivel sobre las necesidades de África en materia de desarrollo. Por lo tanto, creemos que debería llevarse a cabo un gran esfuerzo internacional para financiar los programas que luchen contra la pobreza, las enfermedades y el analfabetismo como medios para proteger la dignidad humana y evitar más conflictos armados en ese continente.
Del mismo modo, esperamos que se ultime de manera rápida y eficaz un proyecto más efectivo para fomentar la solidaridad ante las catástrofes naturales a la luz de los riesgos crecientes derivados del cambio climático, el calentamiento del planeta, la degradación ambiental y la propagación de incendios en bosques y espacios verdes.
Con profundas raíces históricas y, con el ascenso de los movimientos nacionalistas, colaborador en la formación del renacimiento árabe en los ámbitos político, cultural, intelectual y social, así como miembro fundador de la Liga de los Estados Árabes, el Líbano está dedicado a proteger la solidaridad árabe. En ese contexto, debemos reconsiderar los conceptos de cooperación y de buena vecindad entre los países a fin de consolidar la paz y la solidaridad en el mundo. Ese planteamiento contribuirá a proteger los derechos humanos y, así, la humanidad podrá evitar otras guerras mundiales, conflictos regionales y el fenómeno transnacional del terrorismo, así como los trastornos en nuestras economías globalizadas, las crisis globales y las crisis alimentarias. Todas esas cuestiones representan grandes amenazas que podrían provocar nuevas guerras, las cuales podrían rebasar el nivel regional y pasar de un continente a otro.
Debemos fomentar la reforma de las Naciones Unidas a fin de enfrentar ese nuevo desafío internacional. El Líbano tiene el enorme placer de anunciar que volvemos a ser candidatos para ocupar un escaño no permanente en el Consejo de Seguridad para el bienio 2010-2011. Naturalmente, estamos comprometidos a aportar una contribución positiva y constructiva al Consejo y esperamos contar con el apoyo de todos los Estados amigos y hermanos.
La filosofía del Líbano se ha basado en el diálogo y la coexistencia desde el momento en que nuestros ciudadanos aprobaron el Acuerdo Nacional de 1943, y, posteriormente, cuando aprobaron el Acuerdo de Reconciliación Nacional en 1989. Esos temas también se subrayaron en el acuerdo de Doha de 2008. Ante el empeoramiento de los conflictos internacionales que presagian el posible enfrentamiento de las civilizaciones, el Líbano podría representar un necesario ejemplo internacional como centro vivo del diálogo entre culturas y religiones.
En su carta apostólica de 1989, Su Santidad el desaparecido Papa Juan Pablo II describió al Líbano como “más que un país; es un mensaje de libertad y un ejemplo de pluralismo tanto para Oriente como para Occidente”. Además, en la homilía pronunciada durante su viaje apostólico al Líbano en 1997, Juan Pablo II describió al Líbano como un país de numerosas confesiones religiosas que ha demostrado que esas confesiones distintas pueden convivir en paz, fraternidad y cooperación. En el Líbano coexisten 18 sectas diferentes y se han protegido con éxito su sistema democrático y sus libertades fundamentales, pese a todo tipo de desafíos. El Líbano hoy aspira a convertirse en un centro internacional para la gestión del diálogo de civilizaciones y culturas, con la esperanza de que reinen las fuerzas del bien en el mundo y que podamos ser constructivos en nuestros esfuerzos dirigidos a alcanzar lo antes posible una solución justa y amplia para todos los aspectos del conflicto en el Oriente Medio.