Por Roland Tomb
Especial para el Daily Star
Se olvida a veces que la casi extinta comunidad judía
del Líbano, cuya presencia en el país data del año 1.000
a.c, está reconocida oficialmente por el Estado, incluyó
comerciantes, médicos, soldados, funcionarios, banqueros
y artesanos, y estuvo alguna vez totalmente integrada a
la vida económica, social, cultural y política del
Líbano.
Esta realidad arroja dudas sobre la visión de que los
judíos de Medio Oriente eran invariablemente ciudadanos
de segunda clase, que sufrían restricciones y
persecución. También echa luz sobre la dinámica política
y social del Líbano, que lo hace tan diferente de los
países vecinos de la región.
A diferencia de las comunidades judías en otros países
de Medio Oriente, la comunidad judeo-libanesa creció
después de la guerra árabe-israelí de 1948, y no fue
hasta las guerras civiles de 1958 y 1975 que los judíos
comenzaron a emigrar. A lo largo del siglo 20, los
judíos consideraron inequívocamente al Líbano como su
hogar, se definían a sí mismos como libaneses y, cuando
colapsó la estabilidad política, emigraron a lugares con
comunidades de exiliados libaneses como París, Nueva
York, Montreal o San Pablo.
Según la Biblia, Salomón e Hiram, rey de Tiro,
compartían el mismo idioma, si no las mismas creencias.
En el año 132 de la era cristiana, después de la
revuelta de Bar Kokhba, varias comunidades judías se
mudaron al Líbano geográfico. La sinagoga de Beirut fue
destruída en el año 502 en el famoso terremoto que
destruyó la ciudad. El califa Muawiya (642-680)
estableció una comunidad judía en Trípoli, y existía
otra en Sidón en 922. La Academia Judeo Palestina eligió
a Tiro para establecer su sede en 1071. Bajo el reinado
del Emir Bashir II, la colectividad floreció. Tenía su
propia sinagoga y cementerio en Deir al-Qamar, así como
en Mukhtara en el Chouf. Sin embargo, las hostilidades
entre drusos y maronitas en el siglo 19 llevaron a la
partida de muchos judíos de Deir al-Qamar, y para fines
de siglo la mayoría se había trasladado a Hasbayya.
Alrededor del año 1911, judíos de Siria, Irak, Turquía,
Grecia e incluso Persia (hoy Irán) se establecieron en
Beirut, expandiendo la comunidad a casi 5.000 personas.
El mandato francés marcó el comienzo de una nueva era de
prosperidad para los judíos. Los de Souq Sursock
comenzaron a trasladarse al distrito de Wadi Abu Jemil,
que se transformó en el centro cultural, religioso,
social y económico de la comunidad. Se construyó una
sinagoga en Bhamdoun en 1915, la cual, junto con la de
Aley, construída en 1890, atendía a las clases medias
que iban a las montañas en verano.
Los judíos vieron con beneplácito la proclamación del
Gran Líbano en 1920, y seis años más, tarde, cuando
entró en vigencia una nueva Constitución, fueron la
única comunidad judía de Medio Oriente en estar
protegida constitucionalmente. Se fundaron dos
periódicos en esta época, "Al-Alam al-Israili" ("Mundo
Israelita") y "Le Commerce du Levant", una publicación
económica que todavía se publica, aunque sus dueños no
son judíos. En estos años se construyó la sinagoga Magen
Abraham en Wadi Abu Jemil, y también se construyeron
otras diez más.
En 1937, la comunidad judía pidió una banca en el
Parlamento. Si bien el presidente Emile Edde expresaba
simpatía por la idea, el alto comisionado francés
rechazó la solicitud. Por su parte, el Patriarca
Maronita Antoine Pierre Arida, que había hecho ya una
visita triunfal a Wadi Abu Jemil, condenó públicamente
el trato infligido por los nazis a los judíos alemanes.
A la luz de la historia que siguió, hubo un episodio
interesante en 1946. Las fronteras entre el Líbano y
Palestina estaban abiertas todavía, y las autoridades
británicas se negaron a permitir el viaje del líder
sionista David Ben-Gurion. En consecuencia, un agente de
viajes judío con sede en Beirut contrató un avión de la
aerolínea Middle East Airlines para llevar a Ben-Gurion
y a sus colegas Moshe Sharett y Golda Meir a un congreso
sionista en Suiza.
En el Líbano, un tímido movimiento sionista intentó
reclutar candidatos para emigrar a Palestina. Sin
embargo, pocos tuvieron interés. La vida en un kubbutz
no les atraía y, para desesperación de los funcionarios
sionistas, los judíos libaneses siguieron estando en
general contra Aliyah. Su simpatía por Israel nunca fue
lo suficientemente fuerte para contrarrestar su apego a
su vida en el Líbano, Tampoco se sintieron nunca
amenazados, y se consideraban cabales ciudadanos
libaneses.
A pesar de la guerra de 1948, la comunidad judía creció
hasta alcanzar casi 9.000 personas en 1951, gracias al
flujo de refugiados de Iraq y Siria. El Líbano fue el
único Estado árabe que vio crecer su comunidad judía
después de la fundación de Israel. Más aún, había
todavía un número importante de judíos en el ejército
libanés, que tomaron parte en la guerra de 1948.
Sin embargo, el cambio era inevitable. Estudiantes
judíos de la Universidad Americana de Beirut emigraron,
ante el temor de represalias. A pesar de esto, en la
Universidad de St.Joseph, se los invitó a quedarse. "Al-Alam
al-Israili" cambió su nombre a "Al-Salam"(paz), las
celebraciones judías ya no eran feriados oficiales y el
Estado ya no apoyaba obras de caridad de esa comunidad.
Unos pocos oficiales renunciaron, pero no se los obligó
a hacerlo, como tampoco se los obligó a renunciar a
puestos de gobierno.
Las celebraciones judías todavía convocaban multitudes
pluri-confesionales. En 1952, 3.000 personas asistieron
a una ceremonia pascual judía. Presentes estaban altos
dignatarios de todos los grupos religiosos, incluyendo a
Sami al-Solh, Abdullah al-Yafi, Rashid Beydoun, Joseph
Chader, Charles Helou, Pierre Gemayel y el Arzobispo
Maronita de Beirut. La atmósfera liberal del país
permitió que la comunidad llegara a aumentar a 14.000
personas antes de la guerra civil de 1958. Sin embargo,
la configuración étnica de Wadi Abu Jemil comenzó a
cambiar. La burguesía judía se trasladó a zonas más
residenciales, y se instalaron los kurdos.
El conflicto de 1958 convenció a muchos judíos a
abandonar el Líbano por Europa, Estados Unidos y
Sudamérica. Muy pocos fueron a Israel. Los judíos
libaneses siguieron apegados a tu tierra, pero la
situación del Líbano desanimó aún a los más
optimistas. Después de la guerra árabe-israelí de junio
de 1967, sólo quedaban 3.000 judíos en el Líbano, si
bien aún funcionaban dos bancos de ese origen, el Safra
Bank y el Zilkha Bank, luego Societé Bancaire du Liban.
La guerra civil de 1975 hizo desvanecer toda esperanza.
Escuelas y sinagogas cerraron. Wadi Abu Jemil fue
abandonada y por primera vez, los judíos, al igual que
todos los libaneses, sintieron el peligro físico. Unos
200 murieron en las hostilidades. Ubicado cerca del
centro antiguo de la ciudad, Wadi Abu Jemil se vio
atrapado entre las facciones en guerra. El ejército
rescató a miembros de la comunidad, y aún antes de esto,
el líder palestino Yasser Arafat envió agua y comida a
las personas atrapadas en la sinagoga Magen Abraham. El
líder del Movimiento Nacional, Kamal Jumblatt, evacuó al
Gran Rabino Shreim y a su familia hacia Bhamdoun.
Paradójicamente, la invasión israelí de 1982 lanzó a los
judíos libaneses a su período más oscuro. Les ofrecieron
la ciudadanía israelí pero ninguno la aceptó. Sin
embargo, esto le hizo poco bien a la comunidad, ya que
en 1984, en plena era de toma de rehenes, 11 miembros
fueron secuestrados y asesinados. En 1991, sólo había
dos miembros de la comunidad en Wadi Abu Jemil, y con
una población de alrededor de 60 personas, ésta dejó
prácticamente de existir.
¿Qué queda de esta presencia de 3.000 años? Una sinagoga
en ruinas, un cementerio y recuerdos queridos.
Recientemente se decidió restaurar la sinagoga de Magen
Abraham y rodearla de un jardín abierto para los
transeúntes.
Nota: Richard Tomb es Jefe de Dermatología del Hospital
Hotel Dieu de France en Beirut.